La luz del primer día

Autor: Juan Lázaro Betancor

 

Estoy en casa y tengo clase. Dicho esto en otra época, se entendería que se trata de una clase particular o algo similar. No es así, sin embargo. Los tiempos han cambiado.

Enciendo el ordenador. La pantalla empieza a parpadear mientras va abriéndose el sistema operativo hasta que por fin todo queda en calma y el fondo de pantalla muestra la foto de un paisaje de un viaje reciente. Abro el navegador de internet. Pincho en una pestaña. El fogonazo no tarda en llegar y todo se llena de color en un instante. Hola, Blackboard.

Conozco los siguientes pasos perfectamente, así que no dudo en la ruta que debo seguir una vez que introduzca mi nombre de usuario y mi contraseña: seleccionar la asignatura, en el menú que me aparezca a la izquierda tendré que abrir ‘Videoconferencias’, y después, ‘Sesiones programadas’. Sí, tengo una dentro de media hora. Pero hoy yo seré el profesor. Y será la primera vez que eso me ocurra.

Los colegas que ya han pasado por la experiencia de impartir clase online coinciden en decirme que al principio resulta muy desasosegante dirigirse a una especie de túnel al final del cual, en teoría, hay vida esperándote, o que es como si estuvieras clamando en un desierto informático, una noche cerrada entre la cual ojos que no ves te observan. Pero ahora mismo lo que realmente me preocupa, lo que sin duda me aterra, son los aspectos técnicos de la cuestión. Por favor, hada protectora de la red de redes, haz que el PowerPoint se cargue correctamente y que la conexión funcione sin problemas durante las próximas dos horas. Me he asesorado todo lo posible, he tomado buena nota de los consejos de los compañeros de Sistemas informáticos y de la atención permanente de Global Campus, que incluso me han facilitado los datos de contacto del soporte de E-Learning Media por si sucediera algún imprevisto.

Allá vamos. Diapositivas subiéndose. Proceso finalizado con éxito. Las compruebo. ¡Horror! Me he equivocado de archivo. Vuelvo a empezar, a falta de pocos minutos. El pulso ya no es el que era; ahora percibo el bombeo de la sangre, un caballo galopa por mi interior. Empiezan a aparecer en el chat los primeros alumnos. Esto va a comenzar en breve y no hay marcha atrás posible. Reviso por enésima vez que el ángulo de la cámara es correcto y que la luminosidad es la adecuada. Un postit pegado a un lado del monitor me recuerda sin descanso que debo grabar la sesión. Sólo me queda esperar unos instantes, que dan para que me venga a la cabeza aquella famosa máxima de Julio César sobre la suerte y para una última conjura personal. No sé qué pasará cuando empiece la clase, pero, como oyente que he sido antes de clases online, dos cosas sí tengo clarísimas: pienso “mirar” a los alumnos —al ojo de la cámara, no a la pantalla con la teoría— y mostrar un entusiasmo parecido al que procuro poner en las aulas presenciales. Esos nombres que veo escritos en el chat son personas. Están ahí. No tengo la sensación de que estén tan lejos como me habían asegurado.

—Buenas tardes a todos. Bienvenidos a la primera videoconferencia de Desarrollo e Integración de Destrezas Comunicativas.

La clase ha comenzado.

Todo va transcurriendo con normalidad. Percibo que fluye la comunicación con los alumnos, o eso me parece. Les pregunto mucho a la par que explico, intentando que reflexionen y discurran, igual que hago en el aula, donde además suelo chocar los cinco con aquel que dé una respuesta relevante; de repente se me ocurre un choque de manos virtual: alzo la mano y la dirijo hacia la cámara como si fuera un choque de carne y hueso. Aparece en el chat el emoticono de una cara sonriente.

Lo que no había tenido en cuenta es que estamos a principios de noviembre y son las cinco y media de la tarde. Eso quiere decir que oscurece pronto por muy soleada que esté la tarde. Noto con estremecimiento que la habitación se está quedando a oscuras. Estaba sólo con luz natural, porque ni el flexo ni la lámpara del techo iluminaban bien. Ahora echo de menos la luz general, y el interruptor no está lo que se dice a mano precisamente; de hecho, me resulta tan imposible vencer la distancia que me separa de él que tengo la impresión de que si el interruptor estuviera en las Islas Feroe me sería más fácil pulsarlo. Así que es definitivo, estoy casi a oscuras en plena videoconferencia, aunque al menos se me distingue algo con la luz de la pantalla. Consigo abstraerme. Falta muy poco para concluir.

—Muchísimas gracias por vuestra atención. Sigo a vuestra disposición para cualquier cosa que necesitéis. Nos reunimos de nuevo aquí dentro de cinco días.

Parar grabación. Clic. Todo ha terminado.

Me echo para atrás en la silla y me recuesto, exhausto. Me brota una sonrisa de satisfacción. Me doy cuenta de que he disfrutado muchísimo.

 

Juan Lázaro Betancor

Profesor del Centro de Estudios Hispánicos y del Máster de Didáctica de ELE

“Learning by doing” en la gestión de proyectos

Autor: Mario Coquillat

 

Cuando empecé a tomar contacto con la formación en gestión de proyectos, primero como alumno y luego como profesor, detecté una gran desconexión entre lo que se enseñaba en las aulas y la realidad que existía fuera en el mundo profesional.

Como alumno fui yo quien traté directamente de conectar ambos mundos, siendo pionero en muchas ocasiones, a través de la PMO (Oficina de Dirección de Proyectos), en tratar de poner en práctica dentro de las compañías lo aprendido, no sin mucho esfuerzo y vocación, por la elevada resistencia al cambio que experimentaba.

Como profesor, lo que recibí en muchas ocasiones, era la frustración de los alumnos al tratar de llevar a su vida profesional lo aprendido y ser el motor de cambio en sus organizaciones, que curiosamente mandaban a formarse a sus empleados, pero no demandaban un retorno de lo aprendido en la mejora de sus procesos.

El reto era ser capaz de unir ambos mundos, cambiando la forma en la que se enseñaba, pues la actual no estaba generando un impacto apreciable.

En estas circunstancias, es siempre bueno recurrir a las enseñanzas de Confucio, que hace ya mucho tiempo nos dejó la siguiente frase: “Dime algo y lo olvidaré, enséñame algo y lo recordaré, hazme partícipe de algo y lo aprenderé”.

En línea con Confucio, Roger Schank, investigador de la teoría del aprendizaje muy crítico con el sistema educativo actual e impulsor del learning by doing, acuñó la siguiente frase: “Los estudiantes sólo pueden aprender con experiencias. Les tienes que poner en situaciones que sean interesantes para ellos. El aprendizaje sucede cuando alguien quiere aprender, no cuando alguien quiere enseñar”.

Se trataba pues de mejorar el modelo de aprendizaje en gestión de proyectos reforzando el aprendizaje de los alumnos y aumentar su seguridad sobre el valor que aportaba lo aprendido, para poder ponerlo en marcha en la gestión de sus proyectos, que era el fin último por alcanzar en calidad de un profesor cuyo objetivo principal es promover el desarrollo de la dirección de proyectos como profesión.

La metodología learning by doing, considerada como una forma diferente de aprendizaje, recomienda sumergir al alumno en un ambiente que simule una experiencia real, para que experimente y reflexione sobre lo hecho, sin miedo a equivocarse y que pueda aprender de sus errores.

 

El caso práctico de un proyecto real para aprender haciendo

Frente otros modelos, donde el alumno desarrolla un proyecto como parte final de la formación, lo que se plantea en este nuevo enfoque, es trabajar un caso práctico donde se sumerge a todos los alumnos en un mismo escenario de un proyecto real en el que deben ejercer el rol de director de proyecto. Si el proyecto es atractivo y de actualidad como un proyecto de energías renovables o de alguna tecnología novedosa como blockchain, la implicación del alumno aumentará.

Para ello, se les presenta información de tipo situacional, que les permitirá elaborar los entregables necesarios para la gestión del proyecto sobre plantillas o herramientas de gestión de proyectos, e ir adquiriendo aptitudes y habilidades como profesional.

Previamente, deben tomar contacto con la parte teórica de cada una de las áreas de conocimiento que constituyen la gestión de un proyecto (coste, plazo, riesgos, etc.) y con lo aprendido, se deben enfrentar a un escenario situacional con información similar a la que se encontrarán en el mundo real (un acta de una reunión, un registro de riesgos, un cambio en el alcance del proyecto, etc..). El siguiente flujograma muestra cómo funciona la metodología:

 

Imagen: Flujograma de metodología. Fuente: Elaboración propia (Mario Coquillat).

 

Disponer de un foro común, donde los alumnos puedan consultar al profesor sus dudas e intercambiar entre ellos opiniones y reflexiones, les ayudará en este camino que se emprende al aprender haciendo.

Posteriormente, disponer de la solución correcta al problema situacional planteado, y recibir un feedback personalizado por parte del profesor del trabajo realizado por cada alumno, les ayudará a conocer sus puntos débiles para reforzarlos y poder enfrentarse con garantías a situaciones similares en el mundo profesional.

Especialmente satisfactorio es cuando los alumnos ponen en práctica nuevas técnicas y herramientas de gestión de proyectos, y tras vivir la experiencia, descubren el valor que aportan a sus proyectos, y deciden usarlas en sus compañías para mejorar sus procesos. Ahí es donde comienza realmente el cambio.

 

Mario Coquillat de Travesedo

PMP®, PMI-RMP®

Profesor máster gestión de proyectos

Vivirá, convivirá y regirá la Inteligencia Artificial: ¡Eduquemos, pues!

Autora: Pilar Bernat

 

“El problema real no es si las maquinas piensan, sino si lo hacen los hombres”

Burrhus Frederick Skinner

 

Me levanto de una mesa de profesionales de la comunicación; el debate ha sido intenso: ¡la Educación (con mayúsculas), en este país, necesita una reforma urgente! Fácil de decir, complicado enfrentarse a ello.

Cada año, en cada asignatura, cada vez que inicio un nuevo ciclo, explico a mis alumnos el sentido del término ‘brecha digital’ e incluso me atrevo a contrastarlo con el muy manido de ‘brecha generacional’ y muchas veces, entre bromas, acabo reconociéndoles que para que SU revolución culmine, deben ‘matarnos’; m a t a r  a  NOS y no se trata de un plural mayestático.

Lo cierto es que, mi generación sesentera y la cincuentera -e incluso posterior- somos un perfecto tapón para el desarrollo. Y no hablo de un caso o de otro, de un ejemplo o de otro; no hablo de individualidades, hablo de todos los que conocimos un mundo analógico y no podemos, no tenemos capacidad mental para asumir que en el digital que dejamos a nuestros herederos ‘vivirá’, ‘convivirá’ y ‘regirá’ la inteligencia artificial.

 

Ni R2-D2 ni C-3PO

La llamada AI (Artificial Inteligence) no va a tener formato de R2-D2; ni de C-3PO; ¡No! Eso son cosas de la robótica. Sencillamente va a ser un ente omnipresente que se va a instalar en todas y cada una de nuestras vidas y, entonces sí, entonces vendrá la pregunta fundamental que a cualquier profesor le debe producir escalofríos y escucharemos cosas del tipo: ¿para qué esforzarme en saber, si el conocimiento me viene dado? ¿Para qué memorizar, si llevo memoria anexa? ¿Para qué idiomas si tengo Babel en circuito impreso? 

No cabe refutar, porque nuestros cerebros primitivos nunca podrán procesar a la velocidad que lo hace ‘ella’, no podrán comunicarse en la distancia sin ‘canal físico’ intermedio como lo hace ella, jamás llegarán a registrar los millones de Giga, Tera, Peta, Exa, Zetta y Yottabytes de datos que aloja en su memoria ella, la Inteligencia Artificial.

Y entonces ¿qué hace un profesor que tiene conciencia de ello? ¿Rendirse? ¿Adaptarse al medio? ¿Atrincherarse en el método de enseñanza medieval? ¿O mejor afrontarlo, enfrentarlo, prepararse y blandir las armas del conocimiento para procurar guiar y concienciar a sus pupilos sobre qué pueden esperar de SU revolución o cómo asumirla? La respuesta, aunque lo parezca, no es, ni mucho menos, evidente. Las dos opciones son lícitas y respetables; ninguna criticable y ambas necesarias. El antes y el después deben conjugarse, ya que no cabe soltar el puente e intentar cruzar tirándonos al vacío. Sería un suicidio.

La cuestión, por tanto, es el día a día. Los pequeños cambios. Tenemos que saber que a nadie impresiona ya el estrado; que togas y birretes se tiñen de unos y ceros y, sobre todo, que de nuestro yo ya no emana la sabiduría, porque la sabiduría habita en un ‘clic’. Hay que enseñar y aprender; hablar y escuchar; aportar y recoger, compartir, colaborar, liderar; porque ese mundo adaptativo en el que tan cómodamente se mueven nuestros alumnos y tan hostil nos resulta a nosotros, está por desarrollar y debemos iluminar el camino.

Los docentes del siglo XXI tendemos a modificar nuestros títulos, contenidos y programas con el vértigo de no llegar; de no tener la respuesta, de que ellos sepan más; sin considerar que no podemos adaptarnos a la velocidad de la I+D. Nuestros programas, por principio y definición, son estáticos y metódicos cuando tal vez debieran ser dinámicos e imaginativos; un lugar común y armonizado de aprendizaje donde impere la creatividad, tal vez el único concepto que nos diferencia de la capacidad de una máquina y donde nuestra experiencia sea, realmente, un grado.

 

El vértigo

El primer año que di clase, los estudiantes, en colegios y universidades, migraban de un Nokia a una BlackBerry; dejaban el Fotolog y MySpace para zambullirse en Tuenti. Les explicaba con harta dificultad cómo Twitter (un pajarito y 140 caracteres) sería una ingente herramienta de marketing y el término redes sociales no estaba ni acuñado. No hablo de prehistoria, hablo de ayer.

Hoy, preparo el nuevo curso y me invade como cada septiembre el vértigo. Me enfrento al reto de cómo explicar a primero de periodismo o publicidad qué son procesadores cognitivos, redes neuronales, cuarta revolución industrial, realidad aumentada o 5G. Muchos -tristemente más muchas que muchos- me dirán que no les gusta la tecnología, que sólo quieren tener un iPhone, saber de moda y ser bloggers; otros apostarán por el término ‘gamer’ o recurrirán al de ‘youtuber’. A lo peor muchos quieren ser ‘influencers’ y creerán que en los anglicismos reside la Arcadia y entonces, espada láser en mano, tendré que darles un baño de realidad.

Pero la cuestión en 2017 no es el qué, la materia es infinita, sino el cómo; cómo mantener su atención, despertar su interés, abrir y poner a funcionar esas mentes que deben entrenar para que no les pille ‘en paro’ la invasión Artificial. Utilizar la tecnología como medio y como fin; como herramienta y como sustancia; como elemento de juego, de aprendizaje, de comunicación, de defensa… de nuevo: de creación.

Entraré en clase y les propondré que desarrollen proyectos imaginativos que tal vez un día puedan materializarse, siempre a través de la tecnología vigente porque desde el primer día deben ser emprendedores. Les haré escribir cada mañana, previa búsqueda informática (sea cual sea el formato), sobre novedades móviles, coches conectados, hogar digital, moda tecnológica o realidad virtual porque desde el primer día deben ser periodistas. Debatiremos sobre las ‘Over the Top’ con el fin de que cuiden su integridad, su currículum y sus espaldas porque desde el primer día tomar conciencia de su carrera profesional. Quizá diseñemos un nuevo DNI (Digital News Initiative) o montemos una campaña de postureo en Instagram…

Un toma y daca, a medio camino entre lo real y lo virtual, para que asuman la evolución del canal de comunicación, del uso del espectro radiológico, del hardware o del software que hace factible que su vida, y más allá, que afronten y consoliden una revolución planetaria, pero con control sobre los hechos, conocimiento de causa y dominio sobre el entorno, ese entorno que si descuidamos claudicará ante la inteligencia artificial robándonos nuestra supuesta supremacía.

El ser humano es adaptativo, ha superado la hecatombe evolutiva y ha mantenido el liderazgo de la especie. Y así será. Pero educación, concienciación, control y toma de decisiones serán requisitos para navegar por un mundo tan nuevo como desconocido del que nadie sabe, a ciencia cierta, qué esperar.

¡Eduquemos pues! Y suerte…

 

Pilar Bernat

Periodista e Historiadora del Arte

Profesora de Nuevas Tecnologías y Sociedad de la Información

ILM Projects (II): How to make a TV Spot

Here we are again to share with you another ILM project, developed in the Fall semester (2016/17) with a B1 class (a great class, by the way). This time, our first-year students had to make a TV spot.

 

After covering related grammar and vocabulary contents in class (future for predictions and plans, for example), we dealt with inventions and their impact in our lives. Then, we recreated the “Inventor’s process”, that starts with finding the solution to a problem. Also, identifying the target customer is essential to appropriately communicate with the audience. In this case, the class professor (someone students knew well enough) would be the target audience for their products and spots.

 

Once students, in groups, had decided on their inventions, we moved on to learn how to describe them best, showing their market advantage and adequately using comparative structures and descriptive adjectives. Creating the perfect spot for a given target audience is not as simple as it seems, so several advertising techniques were exemplified, the structure of a spot was explained and some tips to address the audience in a persuasive and attractive way (question tags, catchy slogans) were dealt with along several sessions.

 

Students, then, elaborated the script for their spots, which had to include a detailed description of their product, a number of positive consequences the product would have and some of the main grammar contents studied in class. They also prepared an oral presentation to sell their invention to the class (and, of course, to their professor), where they showed their spots. Some of the spots were recorded in class with the collaboration of us all and some groups preferred to keep it secret. The experience was great and we want to share with you some of these amazing spots. Enjoy!

Invented by Virginia Espinosa, Athenea Pérez and Emma Vene

Invented by Miguel Alonso, Gonzalo Cabello, Marta Rodríguez and Marian Vázquez

Invented by Sebastián Collado, Magdalena Pérez-Rasilla, Víctor Sansegundo and Aitana Vázquez

Invented by Laura Higuera, Javier González Silva and Pablo Parrilla

 

Alicia de la Peña

Profesora del Centro de Estudios Hispánicos

 

 

Ir a clase desde casa y otras profecías

Autor: Guillermo Martín

 

Mi padre es un visionario. Le recuerdo paseándome de la mano cuando yo era niño y diciéndome: “Tus hijos llevarán móvil al colegio. Y cuando lleguen a la universidad podrán ir a clase desde casa”. No le faltaba razón aunque su previsión de plazos fue absolutamente desastrosa. Fui yo y no mis hijos quien llevó móvil al colegio en los últimos años y aunque yo sí me desplacé a la universidad para asistir a clases, mi primera experiencia como docente ha sido a través de un campus virtual.

“Un campus virtual… ¿Cómo es eso?” Me preguntaban mis amigos cuando les contaba mis nuevos proyectos. Y yo mismo sentía que al contarlo, la gente me compadecía. ¿Y si no se conecta  nadie? ¿Y si los alumnos no participan? ¿Cómo sabes si te están atendiendo? ¿Y si no te entienden? Desarrollé una gran capacidad para cambiar de asunto en las conversaciones, porque ni yo tenía respuesta a todas aquellas dudas. La visión de mí mismo hablándole a una cámara en una sala vacía durante hora y media me daba escalofríos. “No te preocupes”, me decía amablemente Begoña, la coordinadora del Máster en Planificación Estratégica de Medios Publicitarios de Nebrija y Carat. “Ya verás cómo es mucho más agradable de lo que parece en un principio”. Ahora, Begoña, puedo reconocer que no me fiaba del todo.

Mentiría si dijera que la experiencia de dar clase a través del campus virtual es similar a dar clase en un aula física. En el campus de Berzosa veo las caras de sueño de los alumnos, capto si les estoy aburriendo o me estoy extendiendo demasiado en una explicación y siempre tienes la oportunidad de que los alumnos te cuenten sus dudas y problemas en los descansos entre clase y clase.  Todo esto no se siente tan directamente, pero a cambio, estamos dando clase en diferentes lugares del mundo a diferentes tipos de personas que si no fuera a través del campus virtual no encontraríamos nunca. Esto nos lleva a conocer diferentes sensibilidades, lo que sin duda constituye una gran experiencia como docente.

El manejo del campus virtual como herramienta es sencillo e intuitivo, con lo cual esa primera y temida barrera a la que el profesor se enfrenta, pronto queda salvada. Pero una clase online sí exige esfuerzos de otro tipo para el docente. Uno de los que más nos obsesiona a los profesores es la preparación de materiales. Los hábitos de las nuevas generaciones de alumnos exigen que los materiales sean más amenos, más prácticos y más digeribles. En el profesorado hay un temor constante a aburrir, que en el campus virtual se agrava, ya que no se capta ese bostezo furtivo, esa desconexión de la explicación, esa mirada que de pronto refleja que el cuerpo está ahí pero la mente no. Por eso hay que desarrollar un instinto especial sobre lo que aburre y lo que no, ya que no tenemos acceso a un lenguaje corporal del alumno que nos permita medir en tiempo real el engagement (perdón por el anglicismo, es que soy publicista) que estamos generando durante la clase.

Por otro lado, la enseñanza de comunicación, en este caso de planificación estratégica de medios, requiere siempre de un extra de aplicación práctica, y esto se ha convertido en una herramienta absolutamente capital para las clases online. Los alumnos tienen que ver, quizás más que en otros campos, que la teoría tiene siempre una aplicación fuera del aula. Y en mi experiencia los casos prácticos se convierten en un eficaz aliado para mantener el interés del alumno. Y cuanto más extremo sea el caso, más curioso y más contenido audiovisual tenga, mayor garantía tendremos de que el estudiante está integrando los conceptos en su conocimiento.

La barrera del manejo del campus, de la preparación de materiales y de intentar ser lo más ameno posible estaba salvada. ¿Pero y la comunicación interpersonal? ¿Cómo sustituir el contacto alrededor del aula física? Ese momento en que ellos te cuentan sus trabajos para otras asignaturas, las prácticas en empresas que han encontrado, las preguntas que les surgen a raíz de una cuña de radio que escucharon ayer… Sigo trabajando para recortar esa distancia con los alumnos del campus virtual, haciéndoles preguntas para que participen lo máximo posible en clase y utilizando el correo electrónico de manera especialmente intensa como arma de comunicación fuera del tiempo de clase. Esta es quizá la única faceta de la clase física que todavía no he logrado suplir del todo desde la pantalla del ordenador.

Si mis amigos me volvieran a hacer todas las preguntas que me hacían sobre la enseñanza online, les diría que la experiencia es mucho menos fría de lo que se puede pensar en un principio. Porque al fin y al cabo, un alumno que se inscribe en un máster desde la otra punta del mundo, es un alumno generalmente muy interesado en la materia. Y como tal, es un alumno que, roto el hielo inicial, participa, hace preguntas a través del chat, transmite que está entendiendo lo que cuentas o te dice lo mucho que le ha gustado el último caso práctico. A la tercera clase, sientes su energía al otro lado de la pantalla.

Y aquí estoy, deseando arrancar el nuevo curso para conocer nuevos alumnos de cualquier parte del mundo. Como profetizó mi padre.

 

Guillermo Martín

Profesor de la Facultad de Ciencias de la Comunicación

 

Rompiendo límites

Dos alumnos de la última promoción del Máster en Marketing y Publicidad Digital nos cuentan cómo han vivido este programa y qué les ha aportado.

Es un placer contar con estudiantes como vosotros, queridos Zolange y Edgar. Muchas gracias por compartir vuestra experiencia con tod@s nosotr@s y… ¡Mucho éxito!

 

Victoria Zolange Arias

Si me preguntan cómo fue mi experiencia en Nebrija, lo primero que respondería sería: “Deseaba que el día tuviera 48 horas”.

Hace ya tres años aproximadamente quise y soñé con seguir avanzando en mi carrera profesional, dar el siguiente paso y realizar un máster relacionado con mi área de estudio. Me encontré con el pequeño detalle que en mi país no había oferta académica en el sector que estaba buscando, es entonces cuando decido que debe ser en el extranjero.

Sin embargo, no podía irme a estudiar al extranjero estando casada y con dos hijos (de 12 y 5 años) que amo y adoro. Es ahí cuando empieza a menguar el ánimo y comienzo a ver un poco lejos cumplir mi sueño.

Y sucedió lo inesperado: Nebrija llegó a mi vida, trayendo consigo la oportunidad de crecer y avanzar desde la comodidad de mi hogar. Llena de entusiasmo comencé mi viaje por el sendero del aprendizaje online. Estaba feliz, sentía que lo tenía ¡todo! Y de repente… ¡Pum! Llegaron las asignaciones, los trabajos finales, las reuniones del grupo de trabajo, profesores que exigían lo mejor de ti… Claro, todo eso agregándole el trabajo en la oficina, el hogar, las tareas de los niños, el esposo, la familia, los amigos (quienes sintieron mi ausencia durante 9 meses)…

Entonces, fue ahí, entre el paso de una materia a la otra, durante el cumplimiento de las asignaciones, durante las investigaciones (de madrugada), mientras estudiaba a las 3 am para un examen, cuando rápidamente en las noches acostaba temprano a  los niños para que las horas rindieran un poco mas, cuando en algunos momentos creí que no lo lograría, cuando el día en la oficina no rendía (pues interrumpía el trabajo para tomar las clases sincrónicas), fue en esos momentos en aclamaba a Dios por 24 horas más.

Y no, no recibí 24 horas adicionales, pero sí obtuve fuerzas para seguir adelante, esperanza e ilusión para ver cumplido mi sueño un día. Recibí ángeles que me acompañaron durante este trayecto, como lo fueron mis compañeros, mi familia…

Y sí, sí DUELE. Duele bastante, porque este período de tu vida que consagras a Nebrija, saca lo mejor de ti, te hace ir más allá, te desconectas del resto del mundo, y por ciertos momentos sólo somos la universidad y yo buscando probar que no hay límites para nuestros sueños; y por ésta razón y muchas más #MereceLaPena estudiar en Nebrija.

 

Soy Zolange y a partir de ahora soy Nebrijilla…

 

Victoria Zolange Arias

Máster en Marketing y Publicidad Digital

 

 

Edgar Peña Bello

“No hay límites”, esta es una frase que me identifica en lo personal, una filosofía de vida que, de manera inequívoca, pienso que debería llevar consigo todo aquel que tenga un propósito en su vida. Es que una vez que has entrado en este máster entiendes que cada segundo cuenta. Duele, pero #MereceLaPena. Las noches se hacen interminables, los días parecen no tener descanso, pero la satisfacción una vez haz logrado alcanzar lo que tanto esfuerzo te costó, es un sentimiento que no tiene precio. Eso es lo que te convierte en un #HéroeNebrija.

Cada día, durante mi trayectoria en Nebrija, queda grabado en mi corazón con tinta indeleble, y es que en cada uno de los retos que ponía este máster nunca me sentí solo, siempre estuve trabajando en medio de un equipo de excelentes profesionales que a pesar de no pertenecer al mismo país o tener una cultura diferente perseguían el mismo objetivo que yo. Eran mis compañeros de clase los que me hacían sentir confiado en mí mismo, esos compañeros que se convierten en tus mejores aliados, tus hermanos, tus cómplices y hasta en tu familia. #Somoshéroes.

¡¡ROMPE!! Rompe tus límites, tus miedos, tus barreras. Si acostumbras a ponerte límites en tu vida, poco a poco se proyectará en todo lo que hagas. Se propagará en tu trabajo, en tu vida social, incluso en tus relaciones personales. Hay etapas en la vida, pero no debes quedarte estancado en ellas. No debemos competir con nadie sino más bien ser mejor que ayer. Quizá de muchas cosas no estoy seguro en esta vida, pero de lo que sí estoy muy seguro es que ¡NO HAY LÍMITES!

 

Edgar Peña Bello
Máster en Marketing y Publicidad Digital

 

 Si queréis más información sobre el Máster en Marketing y Publicidad Digital o cualquier otro programa online o blended de Nebrija, podéis solicitarla aquí.

 

Preparándome para un nuevo curso

Autora: Susana Martín Leralta

 

Mi andadura en el eLearning comenzó pareja a mi andadura en Nebrija, hace ya casi diez años, con la coordinación y docencia en el Máster semipresencial de lingüística aplicada a la enseñanza de ELE. En esa época no teníamos aún la suerte de contar con un departamento como GCN para formarnos y darnos apoyo en las incidencias que surgían, así es que aprendí a manejar Dokeos (nuestra antigua plataforma) trasteando mucho y acribillando a tickets a los compañeros de Servicios Informáticos (gracias, querido Daniel M.), que atendían mis no siempre inteligentes consultas con tanta diligencia como resignación, me temo. Pero, sin duda y sobre todo, aprendí gracias a los estudiantes, que probaban todo tipo de actividades que yo proponía y me retroalimentaban sobre ellas.

Enseguida me di cuenta de que, en el caso de mi disciplina, la formación online cobraba una relevancia particular por dos razones: mi programa estaba orientado a un público eminentemente internacional (quizá por eso los primeros programas online de Nebrija fueron los de profesores de español), que residía fuera o pretendía hacerlo gracias a nuestro Máster, y estaba destinado a la formación de profesores, con lo que la metodología era doblemente importante, pues mis estudiantes no solo aprendían los contenidos, sino que, de manera transversal, nuestra manera de enseñar calaría inevitablemente en su forma de dar clase. De hecho, en aquella primera etapa era frecuente encontrar alumnos con más dificultad o reticencia a la hora de manejar los recursos de la plataforma, que se convencían rápidamente de que uno de los valores añadidos de cursar un Máster semipresencial era que se estaban formando, de manera adicional, en la enseñanza en línea gracias a su experiencia como alumnos en esta modalidad.

Me sorprendió constatar que el perfil del estudiante en línea es diferente del presencial, tiene unas expectativas distintas sobre los roles de los agentes implicados en el proceso de aprendizaje,  una proactividad mayor para buscar y compartir información y conocimiento, una gestión del tiempo diferente (lo que se traduce en mayor exigencia en cuanto a ciertos aspectos de la gestión de la enseñanza), unas necesidades metodológicas particulares derivadas del entorno virtual de aprendizaje y que requieren el diseño e implementación de actividades con dinámicas diversas y específicas para este entorno, una curiosidad habitualmente mayor por los puntos de vista ajenos y, lo más importante, la necesidad de una interacción cercana que genere esa complicidad tan provechosa e imprescindible para aprender de manera significativa.

Quizá por eso lo que más me enganchó desde el principio fueron las herramientas de interacción y, especialmente, las videoconferencias. Dar los buenos días desde Madrid y escuchar buenas tardes y buenas noches con diferentes acentos y desde diversos lugares del mundo es una manera privilegiada de comenzar una clase para (futuros) profesores de ELE.

En mi entusiasmo por las interacciones en la plataforma incluso me atreví a presentar una comunicación en un Congreso sobre el uso de los foros en la formación de docentes. Cuál fue mi sorpresa cuando del análisis de mis foros deduje que tal interacción no era más que una respuesta unidireccional para mí, sin entrar en auténtico debate para la construcción conjunta del conocimiento. Creo que fue en ese momento cuando empecé a reflexionar sobre las estrategias docentes para la formación en línea, a leer y, poco después, a formarme gracias a los cursos de GCN.

Mi manera de plantear las actividades, gestionar el trabajo en grupos, facilitar la colaboración entre los estudiantes y propiciar experiencias de aprendizaje han cambiado muchísimo pero aún me queda un largo camino por recorrer, porque la los avances en la investigación en metodología online hacen imprescindible la formación constante.

El enriquecimiento que supone enseñar en línea se debe, en gran medida, a la atención tan intensa que requiere al docente, al contacto continuo con el alumnado para que no se pierda la humanidad del proceso de enseñanza/aprendizaje, a la satisfacción de ver que es posible generar oportunidades de aprendizaje de tanta calidad salvando diferencias horarias, locales, de accesibilidad y de cualquier otra índole que puedan surgir.

Ahora toca preparar las clases del Máster que comenzará en octubre, dándole una vuelta a lo que no funcionó la vez anterior, probando alguna herramienta nueva y deseando que llegue la primera videoconferencia para confirmar que el gusanillo sigue ahí, que el éxito del eLearning, en realidad, reside en lograr que todos nos sintamos partícipes del proceso de aprendizaje y conectados como personas más allá de nuestras pantallas.

 

Susana Martín Leralta

Decana de la Facultad de Lenguas y Educación

Comenzamos nuevo curso

¡Ya estamos de vuelta!

Aunque durante el mes de agosto os hemos seguido acompañando, el equipo de Global Campus al completo regresa con energías renovadas para encarar este curso 2017/18.

Cuántas experiencias y aprendizajes tenemos por delante…

Además de nuevos programas online y semipresenciales de las diferentes facultades, no podemos olvidar la oferta propia de GCN. Basada en nuestro modelo metodológico, consolidado y reconocido, seguimos apostando por la innovación y la calidad formativa en el elearning con programas que responden a necesidades reales del mundo actual:

 

Seguiremos trabajando en nuevos programas y contenidos, investigando las tendencias y necesidades actuales, compartiendo y debatiendo a través de los canales sociales, estudiando e implementando diferentes mejoras para optimizar la experiencia de alumnos y profesores en las plataformas digitales, analizando el uso que los estudiantes hacen de dichas plataformas para mejorar su uso, probando y proponiendo nuevas herramientas y recursos, participando en congresos y publicaciones relevantes, compartiendo las buenas prácticas de nuestros docentes, ofreciendo actividades del interés de nuestros alumnos, optimizando la digitalización de los contenidos… 

En definitiva, junto a nuestro claustro, los compañeros de las diferentes facultades y el personal de administración de la universidad, seguiremos trabajando por y para el alumno. Por y para vosotr@s.

¡Comenzamos!

 

Global Campus Nebrija