MOOC de Global Campus: ¿P2P en turismo, quieres entenderlo?

Autora: Mónica Figuerola

 

En 2010 TIMES auguró que el “consumo colaborativo”, sería una de las 10 ideas que cambiarían el mundo. Autores como Bostman y Rogers  determinaban que la sociedad ya no quería poseer, sino acceder a los bienes.  Los autores distinguían tres sistemas de consumo colaborativo. El sistema basado en el producto, el de redistribución y el de compartir estilos de vida. Lo que está claro, es que en cualquiera de sus formatos, la “economía del acceso” se ha consolidado en el mundo como un tsunami imparable; abarcando todas las verticales de la industria.

 

En 2017 la sharing economy, representa  un conjunto heterogéneo y cambiante de modos de producción y consumo por el que los agentes comparten, de forma innovadora, bienes y servicios infrautilizados, a cambio o no de un valor monetario, valiéndose para ello de plataformas sociales digitales y, en particular, de Internet.  Sin embargo, nos encontramos con que ni la sociedad, ni el regulador, ni la clase política, es capaz de comprender estos nuevos modelos de negocio.

 

Modelos de negocio turísticos, lo suficientemente grandes y disruptivos como para que los reguladores, la administración, las empresas, la prensa y la “Academia” lo asuman como una normalidad en la nueva era de la economía digital y sobre todo, se estudie en todas sus dimensiones. Este curso de Global Campus Nebrija, da un paso significativo para ello.

 

Debemos obligarnos a profundizar en la necesidad de cambiar procesos, equipos y fórmulas de trabajo obsoletas, que forman parte del pasado y que deben ser imperiosamente revisadas, porque es un hecho que el turismo ha cambiado y que lo seguirá haciendo; pues lo que no cambia se estanca, y lo que se estanca se muere.

 

 

Mónica Figuerola

Profesora del MOOC sobre P2P en el sector turístico

Timeline: Una herramienta sencilla para crear ejes cronológicos

¿Qué es una línea del tiempo?

Una línea del tiempo es un documento gráfico para separar eventos y etapas enmarcados en una variable tiempo y de ese modo delimitar distintos hitos/acontecimientos a lo largo de un proceso temporal. Las líneas del tiempo, por su practicidad visual y por facilitar la comprensión de elementos temporales de una manera sencilla, son un recurso muy valioso para sintetizar tanto el conocimiento pasado como futuro, así como para analizar y comparar acontecimientos según su duración.

 

¿Cómo crear una línea del tiempo?

Para elaborar una línea de tiempo, deben ser identificados los eventos y las fechas (iniciales y finales) en los que se enmarcará el proceso a visualizar. Para ello, se deben ubicar los eventos en orden cronológico; seleccionar los hitos más relevantes del tema estudiado para poder establecer los intervalos de tiempo más adecuados; agrupar los eventos similares; determinar la escala de visualización que se va a usar y por último, organizar los eventos en forma de diagrama.

 

Creando una línea del tiempo

A continuación se ofrecen algunas indicaciones de cómo manejar el programa y crear tus propias líneas del tiempo:

  • Acceder a la web (https://www.timetoast.com/timelines/dipity-online-timeline).
  • Registrarse en la página web y a continuación validar tu cuenta a través del email que te envían.
  • Una vez recibas el email, pincha en el enlace que ha sido sido enviado a tu correo (o copias la url) y accedes a tu cuenta con el usuario y la contraseña elegida.
  • Como no habrá líneas del tiempo previas, se deberá cliquear en Add timeline+

 

Imagen: Captura de pantalla de la herramienta. Fuente: Timeline.

 

  • Una vez cliquees en Add timeline+ tendrás que rellenar los datos básicos para crear tu timeline, como son:
    • Título
    • Estatus de publicación (borrador o público)
    • Categoría
    • Imagen

 

Imagen: Captura de pantalla de la herramienta. Fuente: Timeline.

 

  • Una vez cumplimentados todos los datos, se debe pinchar en create timeline.
  • Una vez introducido el título y los datos básicos de estatus y categoría, encontramos dos opciones para añadir eventos a nuestra timeline:
    • Add event: utilizado para añadir eventos que ocurren en un periodo de tiempo en concreto.
    • Add timespan: utilizado para añadir un proceso temporal continuo. Es decir, un intervalo temporal.

 

Imagen: Captura de pantalla de la herramienta. Fuente: Timeline.

 

  • Una vez creados todos los eventos que quieras añadir a tu timeline, deberás pulsar sobre el despegable more. Dentro de este menú, se encuentran 4 opciones:
    • View this timeline: sirve para visualizar la línea del tiempo.
    • Collaborate: utilizado para compartir con otros usuarios y que también puedan modificar el timeline.
    • Print: sirve para imprimir el docmento.
    • Draft/Public: opción binaria para decidir si quieres hacer de dominio público o mantener como borrador tu timeline.

 

Imagen: Captura de pantalla de la herramienta. Fuente: Timeline.

 

Y ya estaría hecho nuestro timeline

Imagen: Captura de pantalla de la herramienta. Fuente: Timeline.

 

Algunas de las opciones que el programa ofrece, además de imprimir y compartir la timeline, es la posibilidad de interactuar con la línea del tiempo. De este modo, pulsando sobre los diferentes eventos aparece una pestaña con la descripción y la foto del evento concreto.

Imagen: Captura de pantalla de la herramienta. Fuente: Timeline.

 

Como habéis podido comprobar, es realmente sencillo crear líneas del tiempo para poder presentar información cronográfica de un modo sencillo, visual y online de fácil manera. Os animamos desde Global Campus Nebrija a continuar experimentado con esta herramienta y crear vuestros propios timeline.

 

David García

Facilitador elearning

Antes y ahora: Todos somos Red Social

Autora: Fátima Presas

 

“Me gusta”, “sígueme”, “etiquétame”…. Son expresiones que forman parte de nuestra vida cotidiana. Desde los nativos digitales hasta nuestros mayores, todos comparten pequeños fragmentos de su vida en la redes sociales. En los últimos años, se han convertido en una ventana abierta al mundo en la que comunicarse, relacionarse, conocerse, y por qué no, también sentir. Fotos de nuestros viajes, de nuestro primer día en un trabajo nuevo, de nuestras copas entre amigos, de la victoria en Champions de nuestro equipo, de la boda de esa amiga especial… Y así hasta un sin fin de momentos que quedan registrados para siempre en el universo digital. Pero esto no es nada nuevo, como todos sabemos, y como bien definió Aristóteles en el sigo IV a.C. “el hombre es un ser social por naturaleza”, necesita relacionarse, dar, recibir y en definitiva interactuar para poder sobrevivir. Ya en la Edad de Piedra el hombre vivía en sociedad, buscaba y utilizaba la comunicación como vehículo y medio de coexistir en comunidad.

 

El hombre se organiza, se expresa, crea conocimiento y se relaciona a través de la comunicación, por eso no cesamos en la búsqueda constante de mejorar nuestro modo de comunicarnos, de relacionarnos con los demás. Todos queremos ser partícipes del cambio que desde hace años se viene viviendo y que se materializa y concreta en los medios sociales, nuevas formas de expresión que nos permiten conectarnos en un mundo en el que se han traspasado fronteras y roto las barreras.

 

Vivimos una nueva era, un nuevo modo de escuchar, de relacionarnos y de acceder a la información. Todos participamos de ello y nadie quiere quedarse fuera del juego. Pensemos por un momento en nuestros mayores, ellos también se adaptan. Quién no ha abierto WhatsApp y lee “abuela está escribiendo…” y 10 minutos más tarde, en el mejor de los casos, llega el tan esperado y escueto mensaje “Hola”, y si tienes suerte completado por un “¿cuándo vienes?…”, algo que quizá le lleve otros diez minutos, pero eso no importa. Lo que de verdad importa es que tu abuela, tu tía, tu padre, tu hermano… Todos ellos  también participan de las nuevas formas de comunicación.

 

Al leer el mensaje de nuestra abuela, además de una pequeña sonrisa, solo podemos apreciar el mérito de quién nació en un mundo en el que el concepto de tecnología digital ni existía. El mensaje de WhatsApp era, en el mejor de los casos, un nota escrita a mano dejada en la entrada de la casa, y Facebook, el patio de vecinos donde se contaban las últimas historias y cotilleos.

 

Las redes sociales representan la evolución lógica de las tradicionales maneras de relacionarse del ser humano. Nuevos medios de comunicación que han avanzado con la aparición y el uso de canales y herramientas, que se sustentan en la co-creación, la confianza generalizada y el conocimiento colectivo.

 

Las redes sociales las formamos todos. Todos participamos y todos podemos comunicarnos en ellas. Vivimos un momento único y hay que aprovecharlo. Construyamos nuestra identidad digital, que no lo hagan otros por nosotros,  con responsabilidad, seguridad, consciencia y teniendo siempre presente que antes: “Vivíamos en granjas. Luego vivimos en ciudades. Ahora vamos a vivir en la red” (La red social, David Fincher, 2010).

 

Fátima Presas

Profesora del Máster en Marketing y Publicidad Digital

Fanpage del CEHI: Toda una herramienta de aprendizaje

Estudiar y practicar un idioma va más allá de una clase. Parece algo evidente, pero desde el Centro de Estudios Hispánicos (CEHI) de la Universidad Nebrija consideramos que esto podía hacerse posible incorporando las redes sociales al contexto educativo y verlas como un medio más de aprendizaje.

Español Nebrija es la fanpage en la que los estudiantes del Centro de Estudios Hispánicos practican y aprenden interactuando y compartiendo el contenido con el objetivo de seguir aprendiendo fuera de clase. Interactúan, se comunican y crean la oportunidad de llevar el aula a la vida real y viceversa.

Pero, ¿qué hacemos desde el Centro de Estudios Hispánicos para conseguir que el estudiante se interese en aprender desde nuestra fanpage? ¿Cómo elaboramos los contenidos para que les resulten motivadores? y, en definitiva, ¿cómo repercuten finalmente en su autonomía como aprendientes?

Partimos de la idea del aprendizaje digital colaborativo, un aprendizaje en el que los estudiantes como aprendientes autónomos reciben un input diario en su tiempo libre. Se trata de un aprendizaje constructivo a la vez que inductivo, ya que no le damos reglas de aprendizaje, sino que el estudiante observa y analiza el contenido hasta formular una regla. Es, por tanto, un aprendizaje visual adaptado a un entorno digital, en el que el significado predomina sobre la forma, con la finalidad de conseguir una comunicación significativa.

Todos  los contenidos que se publican tienen como único fin el autoaprendizaje de los siguientes campos:

  • Vocabulario adaptado a los niveles básico, intermedio y avanzado.
  • Expresiones populares, frases hechas o refranes adaptados al contexto, a una situación comunicativa real en la que los estudiantes pueden ver su uso más allá de la definición. Estas expresiones, frases hechas o refranes se presentan por campos semánticos adaptando a los niveles de los estudiantes.
  • Actividades de gramática adaptadas a los niveles básico, intermedio y avanzado.
  • Recomendaciones, consejos y vivencias sobre qué hacer y cómo vivir en Madrid y, por tanto, dentro de la cultura española. Son temas relacionados con la realidad más cercana a los estudiantes con el fin de que puedan reflexionar sobre la cultura y su propia identidad.

La publicación diaria de cada contenido se realiza de forma planificada variando cada uno de los campos. Los estudiantes colaboran y aprenden unos de otros.

Se trata de un aprendizaje que viene motivado por el hecho de que los estudiantes disfruten mientras se conectan a la red social para chatear, ver fotos y estar al día de lo que pasa a su alrededor y en su círculo de amigos o familiares.  Al mismo tiempo, de este espacio de comunicación digital forma parte la mayor parte del profesorado del Centro de Estudios Hispánicos que colaboran con la elaboración de los contenidos: realizan reportajes de fotos en las actividades culturales y excursiones, comentan, comparten ideas,  materiales interesantes y eventos de actualidad, etc. Al mismo tiempo, algunos profesores elaboran tareas, como hacer fotos de los lugares turísticos de distintas zonas de Madrid para la asignatura de España Diversa, que  compartidas en nuestra fanpage forman parte de la nota final del curso.

El uso de la fanpage Español Nebrija como herramienta didáctica está demostrando ser un elemento motivador para los estudiantes, además de  ser una práctica diaria de la lengua que estudian en el Centro de Estudios Hispánicos. Al mismo tiempo, permite que los estudiantes sean más autónomos y compartan sus conocimientos. En definitiva, la fanpage fomenta un aprendizaje digital colaborativo que permite una enseñanza en la que a los estudiantes se les otorga el rol protagonista. Una enseñanza que aprovecha el alcance de las redes sociales para favorecer la interacción y la comunicación más allá del aula.

 

Victoria Castillo

Atención al alumno en el Centro de Estudios Hispánicos

Nueva figura en Global Campus: Facilitadores elearning

En Global Campus tenemos una novedad importante y queremos compartirla con vosotros. Os presentamos un nuevo rol dentro del equipo: el facilitador.

El crecimiento en número de programas y alumnos ha hecho necesario implementar esta figura, que ya ostentan nuestros compañeros Adrián y David, ambos pedagogos y enamorados de la enseñanza.

Imagen: Adrián Sánchez y David García. Fuente: Nebrija.

 

Este rol se diferencia del dinamizador en que tiene un mayor conocimiento académico, de las materias y las asignaturas, y hace un seguimiento más profundo e integral de los estudiantes, acompañándoles en el proceso de aprendizaje. Hasta ahora, estas funciones se distribuían entre la gestora elearning y la dirección académica del curso.

La figura del facilitador es de especial interés para grupos de estudiantes numerosos en las titulaciones online y semipresenciales, ya que nos permite mantener el trato cercano y cálido que defiende y caracteriza a la Universidad Nebrija y que se refleja, de la misma manera, en el modelo metodológico de Global Campus.

Estas serán sus principales funciones:

 

Imagen: Áreas de trabajo y funciones básicas del Facilitador de aprendizaje. Fuente: Global Campus.

 

Sin duda, es un paso más para seguir mejorando y ofrecer el mejor servicio y acompañamiento posibles a nuestros alumnos.

Nos encanta haceros partícipes de nuestra evolución y crecimiento.

¡Bienvenidos, compañeros!

 

¡Seguimos!

 

Global Campus Nebrija

¡La pasión por enseñar nunca muere y la del profesor a distancia aún menos!

Autor: Jordi Regi

 

Hay momentos en la vida en los cuales por algún motivo tienes que interrumpir o reducir tus tareas docentes para terminar compromisos básicos y fundamentales para un profesor como por ejemplo la finalización y lectura de tu tesis doctoral, culmen de la actividad investigadora, para luego reiniciarla y hacer aquello que más te apasiona: ¡ENSEÑAR!

Esos momentos en los que el parón coincide con una tesis de madurez, como se viene a denominar aquellas tesis que llegan “demasiado tarde”, quizás por no haber estado lo suficientemente preparado para concluir ese proyecto o quizás por haberte dejado la vida en tu docencia olvidando cuestiones de vital importancia para tu futuro como profesor e incluso sacrificándolas por ellos, nunca sabes, si después de esos momentos, alguna parte de tu pasión se habrá perdido por el camino o si por el contario se vuelve con la misma ilusión y ganas de enseñar que antes de la misma y, porque no decirlo, si quizás muchas de las situaciones vividas pueden hacerte perder lo que yo vengo en denominar una pasión irrefrenable por enseñar, ayudar y estar cerca de tus alumnos.

Bien, entrando en materia, debo decir que la realidad es, sin temor a equivocarme y ya con el conocimiento del que se encuentra en ese nuevo punto, que he descubierto que esa pasión por enseñar y ayudar a los alumnos, transmitiéndoles todo tu bagaje y todos tus conocimientos con fuerza, ilusión y emoción se vuelve todavía más poderosa y la vocación de servicio se hace más intensa llegando a generar dosis gigantescas y placenteras de irrefrenable adrenalina. En resumen y sin miedo, esa pasión no desaparece ni muere, sino que es aun si cabe más fuerte y poderosa.

Y más grande aún, si esos momentos de vuelta coinciden con una docencia a distancia, donde llegar a tus alumnos y no dejarles solos y además lograr que vivan la experiencia con la misma fuerza que una clase presencial, se transforma en un reto en el que las encuestas y manifestaciones de tus alumnos valorándote con altos o muy altos niveles de satisfacción, muestran que lo has logrado con creces, entonces tus niveles de alegría son ya absolutos y sin duda incomparables.

Hoy en día la enseñanza a distancia es sin ningún género de dudas una oportunidad de futuro que logra un impacto de acercamiento de la docencia universitaria a muchísima gente que, sin ella, jamás podría cursar una titulación universitaria. Global Campus Nebrija (GCN) apuesta claro y fuerte por esta modalidad y las tasas de crecimiento son superadas año tras año con una dedicación y bien hacer difíciles de superar y los datos nos deben hacer sentir especialmente orgullosos por el trabajo bien hecho.

En mi caso dentro de mis responsabilidades como Director del Máster Universitario en Acceso a la Abogacía en su modalidad a distancia, siempre ha sido un reto, cómo lograr mejorar la adquisición de las competencias necesarias para que nuestros alumnos lograran superar con éxito el examen de Estado de Acceso a la Abogacía y es algo que a fecha de hoy hemos conseguido con unos niveles de éxito cercanos al 99 %, por lo que debemos estar especialmente orgullosos.

Pero debemos dejar bien claro que el éxito en el programa va estrictamente ligado a la investigación docente en la materia, la cual es fundamental para asegurar el éxito del proceso y de las titulaciones. En este orden de cosas sin duda el apoyo de GCN en su apuesta firme y decidida por la investigación en mi área de conocimiento, también ha tenido sus frutos. Tres han sido ya las ponencias en Congresos de Investigación e innovación docente sobre la materia hasta la fecha y tres los capítulos de libros de primer orden que en un año y medio hemos publicado con gran esfuerzo y sobre todo gracias al apoyo y fe en el proyecto que siempre GCN ha depositado en mi persona y a las sinergias y colaboraciones con mis excelentes gestoras del programa Eva Esparza y Patricia Ibañez.

Universidad e investigación van y deben seguir unidas con vínculos muy estrechos y sin duda el avanzar en nuevos modelos de investigación docente para perfeccionar y hacer más amigables y cercanos nuestros programas, hace de ellos programas de alto nivel colocados en los más altos niveles de satisfacción y éxito y, más aún si cabe, cuando los programas dirigidos están en el nivel de postgrado y suponen, por su oficialidad y peculiaridad, el acceso a una profesión regulada y, por otra, ofrecen acceso a programas de doctorado para los alumnos que los cursan.

Como consecuencia de estas fructíferas líneas investigadoras, se han diseñado unas metodologías que permiten al alumno conocer en todo momento desde el inicio de su matrícula cómo y cuáles van a ser las normas y baremos que regirán cada una de las asignaturas que están perfectamente homogenizadas por cada ECTS de docencia. En definitiva el tan temido miedo al abandono y a la soledad de las titulaciones a distancia se reduce a valores inferiores al 1% puesto que se conoce, como ya hemos indicado anteriormente, ab initio, el tiempo medio y las obligaciones que cada asignatura va a suponer.

Sin duda, la labor investigadora en áreas tan apasionantes como las de innovación docente no se pueden detener y desde esta tribuna solicito que se sigan ampliando estas líneas que tanto ha apoyado y mejorado nuestras titulaciones. Para mí, investigar en estas materias con GCN supone una muestra más de que esa voluntad no se detiene sino que aumenta y en esa línea debemos trabajar por la consecución de líneas de investigación competitivas que nos posicionen aún más arriba si cabe y nos lleven a publicar en las más prestigiosas revistas del área.

No es además baladí el hecho de poder presumir de trabajar en la mejor Universidad a distancia de España (Premios Excelencia Educativa 2017) y que mantenerse arriba, como sucede en los equipos campeones, requiere de duro pero placentero trabajo continuado. ¡GCN lo deja claro! ¡Duele, merece la pena!

Y que quede bien claro, ¡no vamos a parar! queremos seguir mejorando nuestras titulaciones con cada vez más y mejores innovaciones docentes.

En resumen, el trabajo bien hecho siempre produce los frutos necesarios y sin duda es fundamental seguir trabajando en nuevos proyectos de investigación docente sobre la materia lo cual debe conducirnos a la necesaria y fundamental concentración en la mejora constante de la metodología y docencia en todas nuestras titulaciones.

Y como no y para concluir, me gustaría mostraros mi receta de “apasionado profesor” que cuenta con una lista muy escasa de ingredientes, pero que cada uno debemos saber aliñar adecuadamente con el fin de disfrutar en su cocción: Trabajo, Investigación, conocimientos y sin duda ilusión, ¡mucha ilusión!

 

Jordi Regi

Director del Máster Universitario en Acceso a la Abogacía

Competencias digitales en los procesos de selección de RR.HH.

Autora: Lola Notario

 

Cuando me propusieron escribir para este blog pasé algunos días pensando cuál sería la mejor temática a la que dedicar esta entrada y que pudiera resultar de interés. Viendo las numerosas aportaciones no resulta fácil encontrar un contenido que no se haya tratado anteriormente así que finalmente decidí escribir sobre una de las áreas actuales en las que trabajo, la selección de personal y, bajo mi experiencia particular, cuáles serían las competencias digitales necesarias para superar con éxito un proceso de selección.

En el momento actual que vivimos, las competencias digitales se encuentran dentro de los aspectos valorados por las empresas en cualquier proceso de selección, de manera directa o indirecta ya que en la mayoría de los puestos, por muy manuales y básicos que en un principio puedan parecer, probablemente terminen por tener alguna función en la que manejen una herramienta digital. En la teoría, hablar sobre competencias implica un saber hacer frente a una tarea específica. El ser o no competente en algo se demuestra a través del desempeño de la persona de una manera observable y medible. Si extrapolamos este concepto al mundo digital hablaríamos de una persona que sabe actuar pertinentemente haciendo uso de las TIC, y dentro del tema que nos ocupa, situándonos en el entorno profesional. ¿A cuántas situaciones nos enfrentamos en nuestro día a día y que tienen que ver con el uso de cualquiera de estos medios? Están integrados en la mayoría de las tareas que realizamos y en nuestra forma de vida, por ello no resultaría inteligente obviarlo.

Concretamente, las competencias digitales que se valoran dentro de los procesos de selección pueden variar mucho de unas empresas a otras, incluso dentro de la misma empresa si nos paramos a revisar los diferentes puestos ofertados. Por ello, no resulta fácil establecer un listado o ranking sobre ellas. Lo que sí quiero hacer ver es la importancia que juegan en nuestra vida, y en este caso en concreto, a la hora de buscar y encontrar nuestro trabajo soñado. Bien, pongámonos manos a la obra. Cuando nos encontramos en un periodo de búsqueda de trabajo, una de las primeras opciones que se nos viene a todos a la cabeza probablemente sea empezar a buscar a través de algún portal o red profesional de empleo (LinkedIn, Infojobs y similares). Para hacer esto ya necesitamos contar con un mínimo de conocimientos sobre el uso de estas herramientas para saber desenvolvernos. Por ejemplo, cómo realizar búsquedas o la mejor manera de insertar nuestros datos (sólo este tema daría para varias entradas del blog). Estas serían algunas de las cuestiones necesarias para lograr nuestro objetivo. Si no sabemos buscar correctamente las ofertas de empleo que nos interesan lo vamos a tener más difícil y perderemos el tiempo debido a la cantidad de información que se encuentra habitualmente en internet. Sólo es un ejemplo.

Según lo dicho anteriormente, es necesario saber que no sólo es importante contar con un buen currículum, tiene la misma (o incluso más) importancia el saber moverlo correctamente a través de los canales adecuados. Si queremos que nuestra información llegue a la organización o empresa en la que se quiere trabajar lo primero que debemos hacer es estudiarla, ¿Cómo? Una vez más, internet aparece como la respuesta a todos nuestros problemas. A través de internet se puede encontrar multitud de información sobre la empresa objetivo: dirección, teléfonos, contactos, personas de referencia, filosofía… incluso es posible descubrir algún apartado específico de ofertas de empleo en su propia web o en uno de los numerosos portales de empleo o redes profesionales actuales. A este respecto, y con todo el ruido que se genera en internet, debemos saber discriminar la información valiosa (toda aquella que nos va a servir para lograr el objetivo propuesto) de aquella que no lo es, y hacer un uso eficiente de todas nuestras averiguaciones. Por ejemplo, es muy importante saber a quién dirigirnos exactamente en LinkedIn y no a cualquiera que trabaje en la empresa que nosotros deseamos, de hecho, si no cuidamos esto podemos llegar a meter la pata estrepitosamente. Es mejor contactar directamente con el departamento de selección o con la persona que ha anunciado el empleo si se trata de una red profesional. Nuevamente se pone de manifiesto el contar con los conocimientos adecuados y el saber desenvolvernos.

Además de los archiconocidos portales de empleo, actualmente las redes sociales se están posicionando como un método de reclutamiento cada vez más en auge. Las empresas están optando por enfocar sus fuentes de reclutamiento hacia herramientas totalmente propias de la era digital como son las redes sociales. Hay que tener en cuenta que el ofertar un empleo a través de twitter o Facebook genera tráfico a la página web de la empresa y puede hacer que aumente el número de seguidores, cuestiones muy apreciadas también por los departamentos de marketing y ventas. Imagínate que formas parte del equipo de selección de una empresa que comparte esta filosofía, ¿A quién seleccionarías? ¿A un candidato que es seguidor de tu empresa a través de redes sociales y ha hecho llegar su candidatura al puesto a través de estos canales o a una persona que ha enviado su currículum por correo postal? La respuesta es obvia.

Muy bien, sigamos con la búsqueda de empleo. Pongamos que ya hemos conseguido nuestra primera meta: hemos contactado con la empresa y nuestro currículum ha llegado donde debe. Menciono la palabra currículum conscientemente, ya que, aunque hayamos visto la oferta de empleo a través de twitter, con todos sus “Me gusta”, retweet, haciendo networking, etc. y hayamos buscado al responsable de la selección a través LinkedIn, lo más probable es que en algún momento haya que presentar un currículum. Efectivamente, el currículum sigue siendo el mecanismo de criba más utilizado y habrá que presentar uno en condiciones. Con una destreza básica en Word se puede hacer uno medianamente correcto, pero ya hay que saber plasmar lo que se quiere. En cuanto a competencias digitales, podemos incluir un apartado específico en el que se concrete el conocimiento (aplicaciones, lenguajes de programación, herramientas, etc), nivel que se posee y si se dispone de algún certificado o acreditación que verifique dicho dominio, mucho mejor. Y por supuesto, como seguramente hayáis escuchado muchísimas veces, es conveniente adaptar el currículum a la oferta de empleo y a la empresa a la que nos dirigimos.

En definitiva, si no se cuenta con unas competencias digitales mínimas es más complicada la labor de búsqueda de trabajo. Las empresas cada vez están abogando más por sistemas de reclutamiento 2.0 por lo que se hace necesario el saber adaptarse al nuevo modelo. Es un mundo nuevo, con nuevas reglas y nuevos canales que abren nuevas posibilidades. Aprovechad todas las oportunidades que ello os brinda.

 

Lola Notario

Departamento de Recursos Humanos de Nebrija

La luz del primer día

Autor: Juan Lázaro Betancor

 

Estoy en casa y tengo clase. Dicho esto en otra época, se entendería que se trata de una clase particular o algo similar. No es así, sin embargo. Los tiempos han cambiado.

Enciendo el ordenador. La pantalla empieza a parpadear mientras va abriéndose el sistema operativo hasta que por fin todo queda en calma y el fondo de pantalla muestra la foto de un paisaje de un viaje reciente. Abro el navegador de internet. Pincho en una pestaña. El fogonazo no tarda en llegar y todo se llena de color en un instante. Hola, Blackboard.

Conozco los siguientes pasos perfectamente, así que no dudo en la ruta que debo seguir una vez que introduzca mi nombre de usuario y mi contraseña: seleccionar la asignatura, en el menú que me aparezca a la izquierda tendré que abrir ‘Videoconferencias’, y después, ‘Sesiones programadas’. Sí, tengo una dentro de media hora. Pero hoy yo seré el profesor. Y será la primera vez que eso me ocurra.

Los colegas que ya han pasado por la experiencia de impartir clase online coinciden en decirme que al principio resulta muy desasosegante dirigirse a una especie de túnel al final del cual, en teoría, hay vida esperándote, o que es como si estuvieras clamando en un desierto informático, una noche cerrada entre la cual ojos que no ves te observan. Pero ahora mismo lo que realmente me preocupa, lo que sin duda me aterra, son los aspectos técnicos de la cuestión. Por favor, hada protectora de la red de redes, haz que el PowerPoint se cargue correctamente y que la conexión funcione sin problemas durante las próximas dos horas. Me he asesorado todo lo posible, he tomado buena nota de los consejos de los compañeros de Sistemas informáticos y de la atención permanente de Global Campus, que incluso me han facilitado los datos de contacto del soporte de E-Learning Media por si sucediera algún imprevisto.

Allá vamos. Diapositivas subiéndose. Proceso finalizado con éxito. Las compruebo. ¡Horror! Me he equivocado de archivo. Vuelvo a empezar, a falta de pocos minutos. El pulso ya no es el que era; ahora percibo el bombeo de la sangre, un caballo galopa por mi interior. Empiezan a aparecer en el chat los primeros alumnos. Esto va a comenzar en breve y no hay marcha atrás posible. Reviso por enésima vez que el ángulo de la cámara es correcto y que la luminosidad es la adecuada. Un postit pegado a un lado del monitor me recuerda sin descanso que debo grabar la sesión. Sólo me queda esperar unos instantes, que dan para que me venga a la cabeza aquella famosa máxima de Julio César sobre la suerte y para una última conjura personal. No sé qué pasará cuando empiece la clase, pero, como oyente que he sido antes de clases online, dos cosas sí tengo clarísimas: pienso “mirar” a los alumnos —al ojo de la cámara, no a la pantalla con la teoría— y mostrar un entusiasmo parecido al que procuro poner en las aulas presenciales. Esos nombres que veo escritos en el chat son personas. Están ahí. No tengo la sensación de que estén tan lejos como me habían asegurado.

—Buenas tardes a todos. Bienvenidos a la primera videoconferencia de Desarrollo e Integración de Destrezas Comunicativas.

La clase ha comenzado.

Todo va transcurriendo con normalidad. Percibo que fluye la comunicación con los alumnos, o eso me parece. Les pregunto mucho a la par que explico, intentando que reflexionen y discurran, igual que hago en el aula, donde además suelo chocar los cinco con aquel que dé una respuesta relevante; de repente se me ocurre un choque de manos virtual: alzo la mano y la dirijo hacia la cámara como si fuera un choque de carne y hueso. Aparece en el chat el emoticono de una cara sonriente.

Lo que no había tenido en cuenta es que estamos a principios de noviembre y son las cinco y media de la tarde. Eso quiere decir que oscurece pronto por muy soleada que esté la tarde. Noto con estremecimiento que la habitación se está quedando a oscuras. Estaba sólo con luz natural, porque ni el flexo ni la lámpara del techo iluminaban bien. Ahora echo de menos la luz general, y el interruptor no está lo que se dice a mano precisamente; de hecho, me resulta tan imposible vencer la distancia que me separa de él que tengo la impresión de que si el interruptor estuviera en las Islas Feroe me sería más fácil pulsarlo. Así que es definitivo, estoy casi a oscuras en plena videoconferencia, aunque al menos se me distingue algo con la luz de la pantalla. Consigo abstraerme. Falta muy poco para concluir.

—Muchísimas gracias por vuestra atención. Sigo a vuestra disposición para cualquier cosa que necesitéis. Nos reunimos de nuevo aquí dentro de cinco días.

Parar grabación. Clic. Todo ha terminado.

Me echo para atrás en la silla y me recuesto, exhausto. Me brota una sonrisa de satisfacción. Me doy cuenta de que he disfrutado muchísimo.

 

Juan Lázaro Betancor

Profesor del Centro de Estudios Hispánicos y del Máster de Didáctica de ELE

“Learning by doing” en la gestión de proyectos

Autor: Mario Coquillat

 

Cuando empecé a tomar contacto con la formación en gestión de proyectos, primero como alumno y luego como profesor, detecté una gran desconexión entre lo que se enseñaba en las aulas y la realidad que existía fuera en el mundo profesional.

Como alumno fui yo quien traté directamente de conectar ambos mundos, siendo pionero en muchas ocasiones, a través de la PMO (Oficina de Dirección de Proyectos), en tratar de poner en práctica dentro de las compañías lo aprendido, no sin mucho esfuerzo y vocación, por la elevada resistencia al cambio que experimentaba.

Como profesor, lo que recibí en muchas ocasiones, era la frustración de los alumnos al tratar de llevar a su vida profesional lo aprendido y ser el motor de cambio en sus organizaciones, que curiosamente mandaban a formarse a sus empleados, pero no demandaban un retorno de lo aprendido en la mejora de sus procesos.

El reto era ser capaz de unir ambos mundos, cambiando la forma en la que se enseñaba, pues la actual no estaba generando un impacto apreciable.

En estas circunstancias, es siempre bueno recurrir a las enseñanzas de Confucio, que hace ya mucho tiempo nos dejó la siguiente frase: “Dime algo y lo olvidaré, enséñame algo y lo recordaré, hazme partícipe de algo y lo aprenderé”.

En línea con Confucio, Roger Schank, investigador de la teoría del aprendizaje muy crítico con el sistema educativo actual e impulsor del learning by doing, acuñó la siguiente frase: “Los estudiantes sólo pueden aprender con experiencias. Les tienes que poner en situaciones que sean interesantes para ellos. El aprendizaje sucede cuando alguien quiere aprender, no cuando alguien quiere enseñar”.

Se trataba pues de mejorar el modelo de aprendizaje en gestión de proyectos reforzando el aprendizaje de los alumnos y aumentar su seguridad sobre el valor que aportaba lo aprendido, para poder ponerlo en marcha en la gestión de sus proyectos, que era el fin último por alcanzar en calidad de un profesor cuyo objetivo principal es promover el desarrollo de la dirección de proyectos como profesión.

La metodología learning by doing, considerada como una forma diferente de aprendizaje, recomienda sumergir al alumno en un ambiente que simule una experiencia real, para que experimente y reflexione sobre lo hecho, sin miedo a equivocarse y que pueda aprender de sus errores.

 

El caso práctico de un proyecto real para aprender haciendo

Frente otros modelos, donde el alumno desarrolla un proyecto como parte final de la formación, lo que se plantea en este nuevo enfoque, es trabajar un caso práctico donde se sumerge a todos los alumnos en un mismo escenario de un proyecto real en el que deben ejercer el rol de director de proyecto. Si el proyecto es atractivo y de actualidad como un proyecto de energías renovables o de alguna tecnología novedosa como blockchain, la implicación del alumno aumentará.

Para ello, se les presenta información de tipo situacional, que les permitirá elaborar los entregables necesarios para la gestión del proyecto sobre plantillas o herramientas de gestión de proyectos, e ir adquiriendo aptitudes y habilidades como profesional.

Previamente, deben tomar contacto con la parte teórica de cada una de las áreas de conocimiento que constituyen la gestión de un proyecto (coste, plazo, riesgos, etc.) y con lo aprendido, se deben enfrentar a un escenario situacional con información similar a la que se encontrarán en el mundo real (un acta de una reunión, un registro de riesgos, un cambio en el alcance del proyecto, etc..). El siguiente flujograma muestra cómo funciona la metodología:

 

Imagen: Flujograma de metodología. Fuente: Elaboración propia (Mario Coquillat).

 

Disponer de un foro común, donde los alumnos puedan consultar al profesor sus dudas e intercambiar entre ellos opiniones y reflexiones, les ayudará en este camino que se emprende al aprender haciendo.

Posteriormente, disponer de la solución correcta al problema situacional planteado, y recibir un feedback personalizado por parte del profesor del trabajo realizado por cada alumno, les ayudará a conocer sus puntos débiles para reforzarlos y poder enfrentarse con garantías a situaciones similares en el mundo profesional.

Especialmente satisfactorio es cuando los alumnos ponen en práctica nuevas técnicas y herramientas de gestión de proyectos, y tras vivir la experiencia, descubren el valor que aportan a sus proyectos, y deciden usarlas en sus compañías para mejorar sus procesos. Ahí es donde comienza realmente el cambio.

 

Mario Coquillat de Travesedo

PMP®, PMI-RMP®

Profesor máster gestión de proyectos

Vivirá, convivirá y regirá la Inteligencia Artificial: ¡Eduquemos, pues!

Autora: Pilar Bernat

 

“El problema real no es si las maquinas piensan, sino si lo hacen los hombres”

Burrhus Frederick Skinner

 

Me levanto de una mesa de profesionales de la comunicación; el debate ha sido intenso: ¡la Educación (con mayúsculas), en este país, necesita una reforma urgente! Fácil de decir, complicado enfrentarse a ello.

Cada año, en cada asignatura, cada vez que inicio un nuevo ciclo, explico a mis alumnos el sentido del término ‘brecha digital’ e incluso me atrevo a contrastarlo con el muy manido de ‘brecha generacional’ y muchas veces, entre bromas, acabo reconociéndoles que para que SU revolución culmine, deben ‘matarnos’; m a t a r  a  NOS y no se trata de un plural mayestático.

Lo cierto es que, mi generación sesentera y la cincuentera -e incluso posterior- somos un perfecto tapón para el desarrollo. Y no hablo de un caso o de otro, de un ejemplo o de otro; no hablo de individualidades, hablo de todos los que conocimos un mundo analógico y no podemos, no tenemos capacidad mental para asumir que en el digital que dejamos a nuestros herederos ‘vivirá’, ‘convivirá’ y ‘regirá’ la inteligencia artificial.

 

Ni R2-D2 ni C-3PO

La llamada AI (Artificial Inteligence) no va a tener formato de R2-D2; ni de C-3PO; ¡No! Eso son cosas de la robótica. Sencillamente va a ser un ente omnipresente que se va a instalar en todas y cada una de nuestras vidas y, entonces sí, entonces vendrá la pregunta fundamental que a cualquier profesor le debe producir escalofríos y escucharemos cosas del tipo: ¿para qué esforzarme en saber, si el conocimiento me viene dado? ¿Para qué memorizar, si llevo memoria anexa? ¿Para qué idiomas si tengo Babel en circuito impreso? 

No cabe refutar, porque nuestros cerebros primitivos nunca podrán procesar a la velocidad que lo hace ‘ella’, no podrán comunicarse en la distancia sin ‘canal físico’ intermedio como lo hace ella, jamás llegarán a registrar los millones de Giga, Tera, Peta, Exa, Zetta y Yottabytes de datos que aloja en su memoria ella, la Inteligencia Artificial.

Y entonces ¿qué hace un profesor que tiene conciencia de ello? ¿Rendirse? ¿Adaptarse al medio? ¿Atrincherarse en el método de enseñanza medieval? ¿O mejor afrontarlo, enfrentarlo, prepararse y blandir las armas del conocimiento para procurar guiar y concienciar a sus pupilos sobre qué pueden esperar de SU revolución o cómo asumirla? La respuesta, aunque lo parezca, no es, ni mucho menos, evidente. Las dos opciones son lícitas y respetables; ninguna criticable y ambas necesarias. El antes y el después deben conjugarse, ya que no cabe soltar el puente e intentar cruzar tirándonos al vacío. Sería un suicidio.

La cuestión, por tanto, es el día a día. Los pequeños cambios. Tenemos que saber que a nadie impresiona ya el estrado; que togas y birretes se tiñen de unos y ceros y, sobre todo, que de nuestro yo ya no emana la sabiduría, porque la sabiduría habita en un ‘clic’. Hay que enseñar y aprender; hablar y escuchar; aportar y recoger, compartir, colaborar, liderar; porque ese mundo adaptativo en el que tan cómodamente se mueven nuestros alumnos y tan hostil nos resulta a nosotros, está por desarrollar y debemos iluminar el camino.

Los docentes del siglo XXI tendemos a modificar nuestros títulos, contenidos y programas con el vértigo de no llegar; de no tener la respuesta, de que ellos sepan más; sin considerar que no podemos adaptarnos a la velocidad de la I+D. Nuestros programas, por principio y definición, son estáticos y metódicos cuando tal vez debieran ser dinámicos e imaginativos; un lugar común y armonizado de aprendizaje donde impere la creatividad, tal vez el único concepto que nos diferencia de la capacidad de una máquina y donde nuestra experiencia sea, realmente, un grado.

 

El vértigo

El primer año que di clase, los estudiantes, en colegios y universidades, migraban de un Nokia a una BlackBerry; dejaban el Fotolog y MySpace para zambullirse en Tuenti. Les explicaba con harta dificultad cómo Twitter (un pajarito y 140 caracteres) sería una ingente herramienta de marketing y el término redes sociales no estaba ni acuñado. No hablo de prehistoria, hablo de ayer.

Hoy, preparo el nuevo curso y me invade como cada septiembre el vértigo. Me enfrento al reto de cómo explicar a primero de periodismo o publicidad qué son procesadores cognitivos, redes neuronales, cuarta revolución industrial, realidad aumentada o 5G. Muchos -tristemente más muchas que muchos- me dirán que no les gusta la tecnología, que sólo quieren tener un iPhone, saber de moda y ser bloggers; otros apostarán por el término ‘gamer’ o recurrirán al de ‘youtuber’. A lo peor muchos quieren ser ‘influencers’ y creerán que en los anglicismos reside la Arcadia y entonces, espada láser en mano, tendré que darles un baño de realidad.

Pero la cuestión en 2017 no es el qué, la materia es infinita, sino el cómo; cómo mantener su atención, despertar su interés, abrir y poner a funcionar esas mentes que deben entrenar para que no les pille ‘en paro’ la invasión Artificial. Utilizar la tecnología como medio y como fin; como herramienta y como sustancia; como elemento de juego, de aprendizaje, de comunicación, de defensa… de nuevo: de creación.

Entraré en clase y les propondré que desarrollen proyectos imaginativos que tal vez un día puedan materializarse, siempre a través de la tecnología vigente porque desde el primer día deben ser emprendedores. Les haré escribir cada mañana, previa búsqueda informática (sea cual sea el formato), sobre novedades móviles, coches conectados, hogar digital, moda tecnológica o realidad virtual porque desde el primer día deben ser periodistas. Debatiremos sobre las ‘Over the Top’ con el fin de que cuiden su integridad, su currículum y sus espaldas porque desde el primer día tomar conciencia de su carrera profesional. Quizá diseñemos un nuevo DNI (Digital News Initiative) o montemos una campaña de postureo en Instagram…

Un toma y daca, a medio camino entre lo real y lo virtual, para que asuman la evolución del canal de comunicación, del uso del espectro radiológico, del hardware o del software que hace factible que su vida, y más allá, que afronten y consoliden una revolución planetaria, pero con control sobre los hechos, conocimiento de causa y dominio sobre el entorno, ese entorno que si descuidamos claudicará ante la inteligencia artificial robándonos nuestra supuesta supremacía.

El ser humano es adaptativo, ha superado la hecatombe evolutiva y ha mantenido el liderazgo de la especie. Y así será. Pero educación, concienciación, control y toma de decisiones serán requisitos para navegar por un mundo tan nuevo como desconocido del que nadie sabe, a ciencia cierta, qué esperar.

¡Eduquemos pues! Y suerte…

 

Pilar Bernat

Periodista e Historiadora del Arte

Profesora de Nuevas Tecnologías y Sociedad de la Información