Mi lugar preferido-Valencia. Andrea Beltran.

Si hay un lugar que prefiero entre todos los del mundo esa es mi ciudad, Valencia.

Claro, hay que tener en cuenta que nací allí, y ya se sabe la tierra de uno tira aunque viva en las antípodas.

De los 365 días del año mis preferidos son los de las Fiestas Falleras. Las Fallas son algo único, diferente, maravilloso.

Desde el primer sonido de la pólvora con la “despertá” matutina, donde los petardos funcionan como despertador en cada barrio, todo es estupendo. El olor a pólvora, el humillo que lo rodeo y las sonrisas de quien la lanza, corre por la sangre de cualquier valenciano.

Luego están los buñuelos, pequeños caprichos de masa frita, sabor indescriptible, que son tradición desde hace siglos en las fiestas valencianas.

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Nada puede compararse a ver crecer y elevarse los monumentos falleros. Llenos de color, gracia y crítica inmisericorde de cualquier situación o estamento que haya merecido que el esfuerzo y el trabajo de todo un año de los artistas falleros, le den forma. Cuando están plantadas son la admiración de todos los que las contemplan.

Para no dejar ni un aspecto de la fiesta in reseñar, no puedo dejar de dar una justa valoración a la música, con cientos de personas tocando en la calle para deleite de todos. Dicen que cada valenciano lleva un músico dentro y es casi cierto. Si queréis comprobarlo, una vuelta por mi ciudad os lo demostrará al instante si estamos en fallas.

La devoción a la Virgen de los Desamparados con las miles de flores entregadas a los pies de la virgen por miles de falleros durante la ofrenda, darán la oportunidad a los “vestidores” de realizar el manto de nuestra patrona cada año diferente y siempre hermoso.

Como final apoteósico el fuego en la noche del 19 de marzo, San José, quemará todas las fallas dando así inicio a un nuevo año de trabajo e ilusión para volver a empezar todo el ritual el año siguiente.

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Si queréis saber el significado de la palabra renacer, no dejéis de contemplar la noche de la crema. Al día siguiente la ciudad está limpia y reluciente como si no hubiera ocurrido nada.

Ya no queda pólvora, ni cenizas, ni se oyen pequeños estallidos de petardos, ni majestuosas luces ruidosas de castillos de fuegos artificiales. No queda nada salvo algún despistado desayunando chocolate con buñuelos.

Todo empieza de nuevo. Nos vemos en la fiesta el año que viene.

Andrea Beltran

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