Durante
los últimos años hemos asistido a un debate mundial
sobre los efectos de la globalización, un fenómeno
imparable que afecta a toda la comunidad mundial, pero cuyos beneficios
se reducen a determinados ámbitos y sobre todo, a determinados
países.
En medio de todo este debate, el 31 de enero de 1999, durante
la celebración en Davos (Suiza) del Foro Económico
Mundial, el Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan,
hizo un llamamiento mundial a los líderes empresariales
para que se unieran al llamado “Global Compact” o
“Pacto Mundial”.
Su objetivo es promover la creación de una ciudadanía
corporativa global, que permita la conciliación de los
intereses y procesos de la actividad empresarial con los valores
y demandas de la sociedad civil, así como con los proyectos
de la ONU, organizaciones internacionales sectoriales, sindicatos
y ONG.
Esta iniciativa supone un proyecto internacional de unir a las
empresas del mundo con las agencias de Naciones Unidas y la sociedad
civil y laboral, para lograr alcanzar y mantener los nueve principios,
en la actualidad diez, del Global Compact. Estos desafíos
tienen su origen en la Declaración Universal de los Derechos
Humanos, en la Declaración de la Organización Internacional
del Trabajo y en la Declaración de Río sobre Desarrollo
y Medio Ambiente.
La responsabilidad social corporativa comenzaba
a surgir como tendencia empresarial, si bien las empresas carecían
de un marco que permitiera la gestión de la responsabilidad
de la empresa en un entorno global y bajo unos valores éticos
universales. Así, el Pacto Mundial, fundamentado en unos
principios internacionalmente aceptados, nació con la vocación
de servir de guía y apoyo a las empresas socialmente responsables.
De esta forma, las empresas a la vez que contribuyen a un desarrollo
sostenible, pueden sentir que las actuaciones que llevan a cabo
son internacionalmente reconocidas por basarse en unos valores
o principios universalmente respaldados y avalados.
En España el Pacto Mundial de Naciones
Unidas ha tenido una gran acogida entre empresas, sindicatos,
entidades educativas y ONG. El mayor número de adhesiones
de empresas de nuestro país se realizó a partir
del año 2002, gracias al movimiento puesto en marcha por
la Fundación Rafael del Pino, para promover e implantar
esta iniciativa en España. En este sentido, la Universidad
Antonio de Nebrija es firmante del Pacto Mundial desde mayo de
2002, lo que confirma el interés y compromiso de la universidad
en este ámbito en el que puede desempeñar un importante
papel de análisis y comunicación. |