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Resumen en este artículo se presentan algunas
de las principales conclusiones con aplicación en el ámbito educativo que se
pueden extraer a partir de la literatura sobre la interacción entre preguntas y
respuestas. Por una parte, se realiza una revisión de las investigaciones
realizadas desde la psicología básica que permite conocer de forma resumida el
estado de la cuestión, así como algunos de los factores reguladores de esta
interacción y los tipos de preguntas que pueden generarse. Por otra parte, se
presentan algunos ejemplos de investigaciones más aplicadas, con clara
orientación pedagógica. El artículo termina con una serie de sugerencias
extraídas a partir de la literatura que, de nuevo, pretenden ayudar a los
docentes en su práctica diaria.
Palabras claves: Preguntas-Respuestas, Comprensión, Adquisición de
conocimiento, Evaluación.
Abstract In this paper we present some
important conclusions extracted from literature on question-answering that can
be applied to the educational field. On the one hand, we present a brief
revision of empirical research that allow us to know the State of Art, as well
as some of the basic regulatory mechanisms, and types of questions that can be
generated. On the other hand, we show some illustrating applied research with a
clear pedagogic orientation. This article concludes with a number of
suggestions extracted from literature conceived to be useful to teachers in
their daily practice.
Keywords: Question-Answering, Comprehension, Knowledge Acquisition, Assessment.
1.-
Introducción
Comencemos
leyendo la siguiente carta:
Querida
Carlota,
¿Te
acuerdas de Lola, aquella
chica de quien te hablé la semana pasada? No te puedes
imaginar lo que ha hecho
ahora. Primero, dejó desparramada la basura por el contorno
de la casa, pero el
tiro le salió por la culata porque el guardia de seguridad
la recogió. No
contenta con esto, montó una fiesta a lo grande, pero los
invitados fueron
demasiado comedidos. Las llamadas telefónicas obscenas le
dieron alguna
esperanza, hasta que cambiaron el número. Por fin, lo que
acabó surtiendo
efecto fueron unos luminosos que instalaron en la acera de enfrente.
Lola se
puso muy contenta cuando vio llegar el camión.
Con
cariño,
Paco
(adaptado
de Bransford y Stein, 1993)
A
pesar de leer esta carta cuidadosamente, prestando mucha
atención y tratando de ser conscientes de las preguntas que
nos va sugiriendo
su lectura, es muy probable que no nos enteremos mucho de lo que Paco
trata de
decirle a Carlota. No sabemos muy bien por qué Lola lleva a
cabo tales
acciones. Nos hacemos muchas preguntas sobre las que no encontramos una
respuesta clara. Por ejemplo, si nos preguntásemos:
“¿a quién le
cambiaron el número de teléfono?" o "¿por qué se puso tan contenta
cuando
apareció el camión?”,
seguramente no sabríamos la respuesta. Sin embargo,
si sabemos con antelación que lo que quiere realmente Lola
es que una vecina
suya se “marche” y que sus acciones se encaminan a
“invitarla” a marchar,
seguramente la información que hemos leído se
reorganizará nuevamente y las
preguntas que nos hacíamos inicialmente tengan ahora
respuestas más elaboradas
y satisfactorias. De esta manera, sabemos ahora con certeza que el
cambio de
teléfono lo hizo la vecina o que el camión
debía ser el de la mudanza. Podemos
afirmar, entonces, que una comprensión adecuada no
sólo facilita la elaboración
de respuestas a determinadas preguntas como consecuencia de generar
inferencias
sino que, además, a través de estas respuestas se
puede valorar el grado de
comprensión que tiene el lector en ese momento.
Este
suceso, que puede parecer cotidiano, resulta fácilmente
extrapolable al contexto educativo. La investigación sobre
preguntas y
respuestas es de gran relevancia en múltiples campos. De
hecho, dentro del
ámbito educativo existen autores que consideran que es
imposible concebir la
enseñanza sin la formulación de preguntas (e.g.,
Hyman, 1979). En este sentido,
la interacción pregunta-respuesta es una de las actividades
más importantes que
realizamos cuando adquirimos conocimiento, nos comunicamos o
interactuamos
socialmente. En muchas de estas interacciones cotidianas y,
más específicamente,
las que tienen lugar dentro del aula, se producen multitud de preguntas
para
averiguar cómo y hasta qué punto un alumno
comprende una determinada
información. Estas interacciones se producen bajo el
supuesto de que la
pregunta formulada exige que la persona que debe responder posea un
nivel
adecuado de conocimientos y una representación mental
adecuada de ese
conocimiento. Es un hecho bien conocido que cuando a los estudiantes se
les
plantean preguntas más o menos próximas a un
suceso, tienden a contestar
meramente con datos relativos a ese suceso. Pero si lugar de ello se
les pide
que opinen, formulen ejemplos o se les anima a que evalúen
los comentarios de
sus compañeros, son capaces de llegar a conclusiones mucho
más elaboradas
(Almasi, 1993).
El tema de preguntas-respuestas
puede tratarse desde muchos
puntos de vista, como serían el puramente
teórico, el experimental o el de la
práctica cotidiana en el aula. En nuestro caso se pretende
ofrecer en primer
lugar una breve visión de lo que la investigación
básica se plantea sobre esta
materia. En segundo lugar, y con una vocación claramente
orientativa, se
presentan algunos ejemplos de cómo la
investigación con una vertiente más
educativa puede dar interesantes pistas para el desarrollo de la
actividad en
el contexto del aula.
2.-
Estado de la
cuestión
Los
distintos trabajos que se han realizado sobre el efecto
que las preguntas y respuestas producen en la mejora de la
comprensión han
demostrado un efecto positivo en la comprensión en distintos
niveles. Por un
lado, las preguntas pueden ayudar a un alumno a comprender mejor la
información
contenida en un texto, ya sea cuando se las formula antes o durante su
lectura,
o bien cuando estas preguntas las realiza una tercera persona. En
general, las
preguntas ayudan al lector a dirigir su atención hacia
aquellas partes de la
información que son necesarias para comprender el texto,
favoreciendo así la
elaboración de la información y el
establecimiento de nuevas relaciones. Por
otro lado, ciertas preguntas bien formuladas permiten evaluar el nivel
de
comprensión del que responde. De esta manera, una respuesta
coherente obliga al
lector a generar un número determinado de inferencias que, a
su vez, refleja el
modelo o representación mental que posee.
Las
preguntas también permiten analizar los procesos que
tienen lugar durante las actividades que, como la lectura o la
tutorización de
alumnos, se realizan en el aula (Graesser, Pearson y Huber, 1993;
León y
Escudero, 2003). En este sentido, cabe destacar el trabajo de Menke y
Pressley
(1994), en el que se recoge los resultados obtenidos por una serie de
estudios
que han demostrado que los “¿por
qué?”
(o interrogaciones elaborativas) ayudan a los sujetos a activar su
conocimiento
previo y relacionarlo con la nueva información, recordando y
comprendiendo
mejor la información contenida en el texto. Por otro lado,
trabajos como el de
Olson, Duffy y Mack (1985) demuestran que el tipo de preguntas que se
hacen los
alumnos, y el lugar del texto donde las formulan, mejora claramente los
pasos a
través de los cuales tiene lugar la comprensión
siendo, además, un factor clave
en el nivel de recuerdo.
No
obstante, antes de pasar a establecer recomendaciones de
cara a una buena interacción pregunta-respuesta en el aula,
es necesario tener
en cuenta algunos de los factores que regulan esta
interacción, el tipo de
preguntas que podemos realizar, así como saber
qué conocimiento necesita tener
disponible la mente del alumno. Los resumiremos en los dos siguientes
apartados.
2.1.-
Factores reguladores y supuestos implícitos en la
elaboración de preguntas
A través de
la simple observación en diferentes contextos, como pueden
ser el aula o
nuestras conversaciones más cotidianas, podemos afirmar que
todas las
interacciones pregunta-respuesta están reguladas por una
serie de factores. En
esta línea, se han identificado básicamente
cuatro grupos de preguntas que
vienen reguladas por factores diferentes, dentro del contexto natural
de la
conversación (véase a este respecto Graesser,
Person y Huber, 1993). Son los
siguientes:
1-
Preguntas que
abordan déficits de conocimiento: el hablante
formula una pregunta cuando
encuentra un déficit en su base de conocimiento y quiere
corregirlo (e.g., ¿qué
quiere decir esto?). Este tipo de
preguntas de búsqueda de información tiene lugar
dentro de los siguientes
contextos:
-
Cuando
se encuentra un
obstáculo para ejecutar un plan o un problema.
-
Cuando
se detecta una
contradicción.
-
Cuando
se observa un
hecho inusual o anómalo.
-
Cuando
existe un vacío
en la base de conocimiento.
-
Cuando
se necesita
hacer una selección de entre un conjunto de posibles
alternativas que resultan
igualmente atractivas.
2-
Preguntas que
regulan el nivel de conocimiento: algunas preguntas regulan
el conocimiento
que existe entre entrevistador y entrevistado. Los participantes
necesitan
establecer, negociar y actualizar su conocimiento mutuo con objeto de
lograr
una comunicación eficaz. Estas preguntas se formulan con
objeto de saber si el
interlocutor conoce algo sobre un determinado tema, para verificar que
una
creencia es correcta o para cerciorarse de que el interlocutor
está
comprendiendo (e.g., ¿me
estás
entendiendo?, ¿estás de acuerdo con esto que te
digo?).
3- Preguntas que
regulan acciones sociales:
existe un tipo de preguntas que son necesarias
para lograr que un conjunto de personas desarrolle una serie de tareas
en grupo
o que determinadas personas realicen ciertas actividades. Este tipo de
preguntas incluye peticiones y consejos indirectos, como “¿harías
tal cosa?”
o “¿por
qué
no haces X?”,
permiso, ofrecimiento y establecimiento de negociaciones como
“si
yo hago X, ¿harás tú Y?”.
4-
Preguntas que
controlan la conversación y la atención:
a diferencia de los factores
anteriores, que dirigían las acciones de los distintos
agentes, aquí las
preguntas regulan o dirigen la conversación. En este
contexto están las
preguntas retóricas, felicitaciones, quejas, llamadas de
atención y preguntas
que pueden cambiar el curso de la conversación.
Para
los objetivos de este trabajo nos basaremos
fundamentalmente en los dos primeros tipos de preguntas, dado que son
las más
habituales dentro del ámbito educativo.
Además
de estos factores, existen también una serie de
supuestos implícitos, subyacentes a toda
interacción pregunta-respuesta y que
se encuentran íntimamente ligados a ellos. Cabe destacar
tres aspectos
fundamentales, como son: primero, la persona a la que va dirigida la
pregunta
debe ser capaz de entenderla; segundo, debe además ser capaz
de proporcionarla;
y tercero, debe estar dispuesta o motivada para proporcionar tal
información.
2.2.- Tipo de Preguntas
Aparte de los factores y
supuestos implícitos que acabamos de ver, hay
otro aspecto que también es de suma importancia. Nos
referimos al tipo de
pregunta que se formula pues, dependiendo de ésta, el
conocimiento que se
activa puede llegar a ser significativamente distinto. De los distintos
intentos de clasificación de preguntas cabe destacar, por su
carácter
integrador, el trabajo por Graesser, Person y Huber (1992). Estos
autores han
desarrollado un esquema analítico, basándose en
distintos modelos teóricos y en
la evidencia empírica encontrada en anteriores trabajos
(véase Tabla 1).
Decimos que es integrador porque recoge ideas procedentes de campos tan
dispares como la inteligencia artificial (Allen, 1987; Lehnert, 1978;
Shanck y
Abelson, 1977) o la clasificación de los actos del habla
dentro del
procesamiento del discurso (D’Andrade y Wish, 1985). De
manera muy resumida,
estos autores definen las distintas categorías de preguntas
basándose
fundamentalmente en el contenido de la información que se
busca, más que en las
distintas partículas interrogativas (por ejemplo, por qué,
dónde, quién, etc.). De esta forma, un tipo
determinado
de pregunta puede ser articulado lingüísticamente
mediante una variedad de
fórmulas. Por ejemplo, una pregunta que hace referencia a
los antecedentes
causales podría formularse de las siguientes formas: "¿por qué
ocurrió tal hecho?", "¿cómo
ocurrió el hecho?, "¿qué
es lo que hizo que ocurriera tal hecho?", "¿qué
permitió que el hecho ocurriera?", etc.
|
CATEGORÍAS
|
INFORMACIÓN
QUE SOLICITAN
|
EJEMPLOS
|
|
Respuestas
rápidas
y cortas
|
|
|
-
Verificación
|
¿Es
real un determinado hecho?
¿Ocurrió
tal hecho?
|
¿Esta
ley la formuló Arquímedes?
|
|
-
Disyuntiva
|
¿Es
X o Y?
¿Es
X, Y o Z?
|
Un
travestido, ¿es un hombre o una mujer?
|
|
-
Completar un concepto
|
¿Quién?
¿Qué?
|
¿Quién
presentó el trabajo?
|
|
-
Especificación de características
|
¿Qué
atributos cualitativos tiene X?
|
¿Cuáles
son las características de los mamíferos?
|
|
-
Cuantificación
|
¿Cuál
es el valor de una variable cualitativa?
¿Cuánto?
|
¿Cuántos
grados de libertad tiene esa variable?
|
|
Respuestas
elaboradas
|
|
|
|
-
Definición
|
¿Qué
significa X?
|
¿Qué
es la psicología?
|
|
-
Ejemplo
|
¿Cuál
puede ser el ejemplo de una categoría?
|
¿Cuál
puede ser una función del psicólogo?
|
|
-
Comparación
|
¿En
qué se parecen X e Y?
|
¿Cuál
es la diferencia entre un psicólogo clínico y un
psiquiatra?
|
|
-
Interpretación
|
¿Qué
concepto o supuesto puede inferirse de un conjunto estático
o dinámico de datos?
|
¿Qué
está mostrando este gráfico?
|
|
-
Antecedente causal
|
¿Qué
estado o hecho provocó un determinado hecho o estado?
|
¿Qué
hizo que fallara el tratamiento?
|
|
-
Consecuente causal
|
¿Cuáles
son las consecuencias de un hecho o estado?
|
¿Qué
pasa si no se sigue este tratamiento?
|
|
-
Orientación al objetivo
|
¿Cuáles
son los motivos u objetivos que hay detrás de la
acción de un agente?
|
¿Por
qué elegiste este tratamiento y no otro?
|
|
-
Instrumental / Procedimental
|
¿Qué
instrumento o plan permite al agente alcanzar el objetivo?
|
¿Cómo
se aplica este tratamiento?
|
|
-
Capacitación
|
¿Qué
objetivos o recursos permiten al agente desarrollar una
acción?
|
¿Qué
cuestionario permite medir el estrés?
|
|
-
Expectativa
|
¿Por
qué no se ha producido un determinado hecho esperado?
|
¿Por
qué este niño no mejora con este tratamiento?
|
|
-
Juicio
|
¿Cuál
es el valor que el oyente plasma en una idea o consejo?
|
Dudo
de este tratamiento, ¿es realmente eficaz?
|
|
-
Afirmación
|
El
oyente proporciona una afirmación, ausencia de conocimiento
o la falta de comprensión de una idea
|
No
entiendo algunos de los pasos en la aplicación de este
tratamiento
|
|
-
Solicitud/directiva
|
El
hablante quiere que el oyente desarrolle una determinada
acción
|
¿Podrías
resumirme otros tratamientos alternativos?
|
Tabla
1: Categorías de preguntas
(adaptado de
Graesser, Person y Huber, 1993).
Junto
a esta clasificación, pueden mencionarse algunas otras
más tradicionales que distinguen entre preguntas cerradas y
abiertas, preguntas
de bajo nivel y alto nivel, etc. Así, por ejemplo, una de
las clasificaciones
más conocida es la que distingue entre preguntas de alto nivel (las que requieren
manipulación de la información y
reflexión) y preguntas de nivel
bajo (que
sólo requieren recordar la información)
(McCormick y Pressley, 1997). Así,
frecuentemente se observa que en el contexto del aula la
mayoría de las
preguntas que realizan los profesores se dirige fundamentalmente al
recuerdo de
información (Dillon, 1988). Paralelamente, encontramos otra
distinción muy
frecuente entre tipos de preguntas, que hace referencia a preguntas cerradas estudios se ha
comprobado, por ejemplo, que el
formato de las preguntas induce determinadas respuestas en los
estudiantes,
Incluso se ha comprobado cómo una pregunta que
sólo exija al sujeto responder sí
o no
induce, por su mismo formato, a responder, incluso en el caso en que el
sujeto
no conozca la respuesta (Waterman, Blades y Spencer, 2001). Un ejemplo
de este
tipo de pregunta podría ser preguntar a un niño,
mientras se le enseña una
foto: “¿tenía
Juan el arma?”. El niño
tenderá a responder sí o
no, aunque en la foto
realmente no
aparezca ningún arma.
Los
estudios sobre comprensión lectora no dan la misma
importancia a todas las preguntas. Unas se consideran más
importantes que
otras. Muchos autores consideran más importantes las
preguntas que hacen
referencia a los antecedentes causales de ciertos hechos o eventos,
así como a
las relativas a las metas u objetivos de las acciones de los
personajes. Son
importantes porque ayudan enormemente a clarificar el discurso. Tanto
es así,
que autores como Graesser, Singer y Trabasso (1994) afirman que la
comprensión
se produce gracias a un proceso continuo de búsqueda de
explicaciones. Es como
si la persona que tratara de entender algo se estuviese respondiendo a
sí misma
una serie de “por qués”
durante todo
el transcurso de la lectura. Las preguntas “¿por qué?” se
consideran esenciales porque se dirigen hacia los
antecedentes causales y los objetivos, y constituyen elementos
imprescindibles
para establecer una conexión clara y consistente del
discurso (León y Peñalba,
2002). Hay, sin embargo, otra serie de preguntas igualmente importantes
en las
que la comprensión no procede de la misma forma a la hora de
buscar respuestas,
como son “¿cómo?”
o “¿cuál es la
consecuencia?”, a las que los
sujetos están menos acostumbrados (Graesser y cols., 1994).
Este tipo de
preguntas se considera importante no sólo en lo relativo a
la lectura, sino
también en el contexto educativo cuando, por ejemplo, un
profesor trata de
comprobar si un alumno ha comprendido cómo se produce una
determinada reacción
química, cuáles son los factores que hacen que se
produzca la lluvia ácida o
por qué el personaje de un cuento no llega a tiempo a su
cita.y preguntas abiertas. Las
primeras suelen
dar lugar a respuestas cortas y muy concretas, entre un
número limitado de
posibles alternativas. Las segundas requieren del estudiante una mayor
elaboración de sus respuestas. En algunos
3.- La interacción pregunta-respuesta en
el
ámbito educativo: Sugerencias para el docente y el orientador
El
grueso de la investigación sobre estos temas aporta dos
importantes implicaciones para la instrucción. Por un lado,
las diferentes
características de las preguntas y respuestas (e.g., formato
o tipo de
preguntas), pueden resultar muy útil para
evaluar en qué grado se han comprendido unos determinados
contenidos y, de
esta manera, proporcionar un instrumento de medida de la
comprensión. En este
sentido, tanto las preguntas formuladas por el docente como las
formuladas por
los alumnos proporcionan pistas acerca de la comprensión de
estos últimos. Así,
también resulta muy interesante para la
evaluación de la comprensión el
análisis de las preguntas
formuladas por
los propios estudiantes. Lejos de ser incidentales, estas
preguntas pueden
suponer una llave para llegar a su pensamiento y a su nivel de
aprendizaje. A
este respecto, es comúnmente asumido que los alumnos apenas
formulan preguntas
en el aula. Sin embargo, el análisis de las posibles
preguntas que formulasen
podría aportar información
muy rica
acerca de los conocimientos de los que parte el alumno y de
su nivel de
comprensión. Además, algunos autores consideran
que el hecho de que un alumno
realice preguntas ya indica que se siente comprometido con su propio
aprendizaje
(Dillon, 1988).
La
segunda implicación para la educación de la
investigación sobre la
interacción preguntas-respuestas es que ésta
permite estudiar cómo la
elaboración de preguntas (bien a uno mismo o bien a otros)
ayuda a la consecución de un mejor
aprendizaje
(Bielaczyc, Pirolli y Brown, 1995; Chi, de
Leeuw, Chiu y LaVancher, 1994; King, 1994). El supuesto
del que parten
estos estudios es que la actividad constructiva que conlleva la
realización de
preguntas y respuestas genera un procesamiento más elaborado
de la información,
lo que favorece, a su vez, un aprendizaje más profundo. A
continuación,
pasaremos a considerar con más detalle estas dos
aplicaciones.
3.1
Evaluación de la comprensión en el
ámbito educativo
La
interacción más frecuente en el contexto del aula
es aquella en
la que el profesor formula una pregunta, los alumnos intentan
responderla,
dándose a continuación algún tipo de
evaluación por parte del profesor
(McCormick y Pressley, 1997). Como ya se ha mencionado, el supuesto del
que se
parte en este tipo de interacciones cotidianas es que el estudiante
debe poseer
una representación mental adecuada del tema tratado que le
permita responder a
la pregunta formulada. En otras palabras, el estudiante debe tener la
cabeza
"mínimamente amueblada" de conocimientos útiles
para responder de
manera satisfactoria a la pregunta. Dada esta situación,
puede analizarse
entonces la interacción profesor-alumno bajo dos posibles
puntos de vista. Uno
de ellos se situaría en el tipo de preguntas que puede
formular el profesor a
los estudiantes. Estas preguntas se dirigirían a evaluar
diferentes niveles de
representación mental o, dicho en otras palabras, hasta
qué punto el estudiante
ha comprendido (o se ha estancado en) una determinada
información. El otro
punto de vista se refiere a las posibles respuestas de los estudiantes.
Cualquiera de estos dos puntos de vista puede resultar extremadamente
útil para
la elaboración de medidas de comprensión.
A
continuación, reseñaremos algunos estudios
realizados con clara orientación
educativa y que nos pueden ofrecer pistas sobre cómo ambos
aspectos (el tipo de
preguntas y el tipo de respuestas) pueden ser operativizados en el aula
con el
fin de obtener medidas más fiables de los niveles de
comprensión de los estudiantes.
Entrevistas
semi-estructuradas
Algunos
autores se han interesado por cómo la interacción
entre preguntas y respuestas, en un sentido general, puede resultar
más valiosa
para evaluar la comprensión. Así, por ejemplo,
Seda y Pearson (1991) defienden
la utilización de entrevistas (abiertas y
semi-estructuradas) como método
complementario para la evaluación de la
comprensión de los estudiantes. En el
caso de las entrevistas abiertas, el profesor puede realizar preguntas
basadas
en las respuestas precedentes, con lo que contrasta sus
“hipótesis” acerca de
las creencias y la comprensión del estudiante. Este
método que podría
equipararse al diálogo socrático, precisa de
grandes dosis de habilidad por
parte del profesor. Sin embargo, en el contexto del aula se ha
comprobado que
el docente suele ceñirse al planteamiento de preguntas cuyo
único fin es
demandar a los estudiantes respuestas convergentes, únicas y
sencillas, y no
son habituales las preguntas divergentes, que estimulen el pensamiento
de los
alumnos (Nix, 1985). Por ello, quizás sea más
asequible y practicable en el
aula optar por las entrevistas semi-estructuradas, pues se acomodan
mejor a las
interacciones de pregunta-respuesta que se dan en los contextos
cotidianos del
aula. Los beneficios que puede aportar esta forma de evaluar (e.g.,
flexibilidad, implicación de procesos de razonamiento,
adecuación al aula,
etc.) convierten las entrevistas semi-estructuradas en una alternativa
viable.
Este tipo de entrevista puede complementar a otro tipo de evaluaciones
de la
comprensión (Seda y Pearson, 1991).
Categorías
de preguntas específicas
Otra
forma de evaluación de la comprensión es a
través de un
procedimiento más elaborado y específico, como
sería el propuesto por Chi, de
Leeuw, Chiu y LaVancher (1994). Estos autores diseñaron
categorías sobre
preguntas específicas, de manera que cada una de ellas se
dirigiera a un tipo
determinado de conocimiento. En su estudio, establecieron una
categorización de
preguntas y un modelo de respuesta con el objeto de evaluar la
comprensión
sobre un texto que trataba el sistema circulatorio humano. Chi y cols.
(1994)
diseñaron una serie de preguntas, basándose en
los tipos de conocimientos que
podían ser evaluados: bien el que podía ser
codificado directamente del texto,
o bien el que debía integrarse
o
inferirse del que aparecía explícitamente en el
texto. Para ello,
descompusieron el texto según los diferentes componentes o
estructuras físicas
del sistema circulatorio humano descritos en él.
Identificaron los diferentes
tipos de relaciones que se establecían entre rasgos,
componentes y el sistema
circulatorio en su conjunto. De esta forma, consiguieron identificar
cada
oración del texto con el tipo de información que
contenía. Pretendían así
predecir exactamente qué conocimiento evaluaba cada pregunta
y si este
conocimiento podía extraerse directamente a partir de una
oración o si, por el
contrario, debía ser inferido.
Como
puede verse en la tabla 2, Chi y cols. (1994) diseñaron
cuatro categorías de preguntas. La primera
categoría (literales)
incluía preguntas que no obligaban al sujeto a realizar
ningún tipo de inferencia. Para contestarlas bastaba con
referirse a la
información explícita en una oración
del texto. Sólo sería necesario un nivel
de procesamiento superficial. Por
ejemplo, si la
oración al caso fuese “La
hemoglobina es
realmente la molécula que transporta oxígeno y
dióxido de carbono”, una
pregunta que incidiera en su función podría ser
“¿Qué
transporta la hemoglobina?”, la respuesta correcta (oxígeno y dióxido de carbono)
apenas
demanda a los sujetos una codificación básica del
texto.
La
segunda categoría de preguntas, que los autores denominan preguntas de inferencia de comprensión,
pretendía evaluar hasta qué punto los sujetos
realizan inferencias para
comprender el texto (e.g., ¿Por
qué la
distribución del oxigeno sería menos eficiente si
hubiera un agujero en el
septum?). Aunque se dirigían a la
información explícita, estas preguntas, a
diferencia de las anteriores, demandaban de los sujetos la
realización de
inferencias para conectar la información de dos o
más líneas del texto o de
párrafos no consecutivos.
Por
su parte, la tercera categoría de preguntas (preguntas
de inferencia de conocimiento)
ya requiere de la generación de nuevo conocimiento. Para
contestarlas, los
sujetos debían poseer tanto una buena comprensión
del texto como hacer uso de
su conocimiento previo, fuera éste del dominio concreto del
texto, del sentido
común o del conocimiento que los autores llamaban
“cotidiano” (e.g., ¿Por
qué la vena pulmonar no tiene válvula?).
En la tabla se pueden ver los cuatro tipos de preguntas que los autores
incluyeron en esta categoría que, por el tipo de inferencias
que requieren,
ofrecen ya posibilidades de evaluar el grado de profundidad con que los
sujetos
han comprendido el texto.
Por último, Chi y
cols. (1994) desarrollaron un cuarto tipo
de preguntas, que denominaron de salud.
Estas preguntas requerían para su contestación
que los sujetos utilizaran los
conocimientos adquiridos a partir del texto, aplicándolos a
una situación
novedosa. Un ejemplo de este tipo de preguntas sería el
siguiente:
“Algunas mordeduras de serpiente pueden ser
peligrosas, ya que el veneno
de la serpiente puede causar parálisis muscular [...].
¿Cómo es
posible que una persona muera en un corto período de tiempo
desde la mordedura de la serpiente a pesar de que la mordedura se
produjo en el
tobillo?”
Los participantes, para
contestarlas, debían tener en cuenta
diferentes partes del texto, que hacían referencia a las
propiedades del
sistema circulatorio como sistema cerrado y utilizar ese conocimiento
aplicándolo a una situación que no
aparecía explícitamente en el texto. Por
tanto, el que los sujetos respondiesen adecuadamente al tercer y cuarto
tipo de
preguntas indicaría que estaban haciendo uso de una
estructura de conocimiento
que se correspondería al modelo de situación del
texto.
|
CATEGORÍAS
|
QUÉ
EVALÚAN
|
|
Categoría 1
Literales
|
Generadas a partir de
información explícita en el texto
|
|
Categoría 2
Inferencias de
comprensión
|
Se basan en
información explícita, pero exigen la
integración de dos o más líneas o
párrafos no consecutivos
|
|
Categoría 3
Inferencias de conocimiento
|
Requieren la
generación de nuevo conocimiento. Las hay de varios tipos:
a. A partir de la estructura y el
comportamiento, requieren inferir la función de un componente
b. Exigen inferir la
función y relacionarla con un rasgo de otro componente.
c. Requieren relacionar un rasgo
inferido con una función de todo el sistema o bien con un
proceso.
d. El cuarto tipo de preguntas
requiere inferir varias nociones y razonar a partir de ellas. Gran
parte del razonamiento necesario se basa en el “sentido
común”
|
|
Categoría 4
(Aplicación a la) Salud
|
Evalúan la
comprensión de las implicaciones del sistema circulatorio.
|
Tabla
2: Categorías de preguntas según la
información
que exigen (Adaptado de Chi y cols, 1994)
En
resumen, las preguntas diseñadas por Chi y cols. permiten
conocer
exactamente qué tipo de conocimiento se requiere y su
fuente, puesto que están
basadas en una codificación previa del texto. A este
respecto y en relación con
las implicaciones educativas, el trabajo previo que el profesor
realizase sobre
los materiales le ayudaría a conocer, a través de
las respuestas de sus
alumnos, el nivel de comprensión que éstos han
alcanzado.
Otro
estudio relacionado con la evaluación de la
comprensión es el de King (1994).
Esta autora estudia el efecto que la enseñanza de
estrategias de formulación de
preguntas y autoexplicaciones tiene sobre el aprendizaje.
Además de las
aplicaciones que se derivan para la mejora del aprendizaje, que veremos
en el
siguiente apartado, en su estudio destaca el uso de diferentes medidas
de
evaluación de la comprensión. Estas medidas se
relacionan con la evaluación de
la comprensión a través de las preguntas de los
propios alumnos que antes
mencionábamos. Para clasificar las preguntas y respuestas
que emiten los
sujetos utiliza un esquema de codificación que le permite
analizar hasta qué
punto los sujetos se basan únicamente en la
información explícita en el texto,
o van más allá de dicha información,
realizando inferencias a partir de éste o
conectando los nuevos contenidos con sus conocimientos previos (ver
tabla 3).
|
TIPO DE
PREGUNTA
|
ACTIVIDAD
DE CONSTRUCCIÓN DEL CONOCIMIENTO
|
|
Pregunta de
integración:
El
sujeto va más allá de lo que se ha explicitado en
la lección; conecta ideas, pide una explicación,
una inferencia, una justificación...
|
Integración
del conocimiento
El
sujeto realiza nuevas conexiones o va más allá de
los contenidos que aparecen en la lección; explicaciones,
inferencias, relaciones entre ideas, justificaciones, afirmaciones que
unen contenidos de la lección con material externo a ella
(conocimiento previo o experiencia)
|
|
Preguntas de
comprensión:
Pide
que se describa un proceso o término
|
Asimilación
de conocimiento
Definiciones,
descripciones o material parafraseado en las palabras del propio
estudiante
|
|
Preguntas factuales:
Piden
recuerdo de hechos o de otro tipo de información que aparece
explícitamente en el texto
|
Reformulaciones
Afirmaciones
sencillas acerca de información factual extraída
directamente de la lección o del conocimiento previo
|
Tabla
3: Esquema de codificación de la generación de
preguntas y la construcción de conocimiento (King, 1994).
3.2.- La
interacción pregunta-respuesta cómo
método para la mejora de
la comprensión
Otra
de las aplicaciones de la investigación sobre preguntas y
respuestas
en el campo educativo tiene que ver con el uso de esta
interacción para
fomentar la comprensión y el aprendizaje. A este respecto,
McCormick y Pressley
(1997) se preguntan si los miles de preguntas a las que se somete a los
estudiantes durante sus años de escolarización
tienen alguna influencia
efectiva sobre el aprendizaje. Un supuesto ampliamente aceptado dentro
de la
educación es que las preguntas del profesor estimulan los
procesos de
pensamiento del estudiante. Sin embargo, varios estudios demuestran que
el
hecho de que el profesor formule preguntas de alto nivel no
necesariamente conduce
a respuestas del mismo tipo por parte de los alumnos (e.g., Dillon,
1982,
1985a). Es decir, que los profesores adopten una orientación
profunda a la hora
de formular sus preguntas les puede ayudar a realizar una mejor
evaluación del
aprendizaje de sus alumnos. Sin embargo, por mucho que el profesor
"huya" de las preguntas de bajo nivel que antes definíamos,
este
esfuerzo no es suficiente para lograr una mejora del aprendizaje de sus
alumnos.
Por
ello, en este apartado defendemos que la interacción
pregunta-respuesta
y la actividad constructiva que se requiere tienen, por su misma
naturaleza,
una aplicación directa en este ámbito. Los
docentes pueden utilizarla para
estimular un procesamiento más activo por parte de los
estudiantes y, por lo
tanto, favorecer su comprensión gracias a la
colaboración activa de éstos.
Algunos estudios experimentales han demostrado que, bajo ciertas
condiciones,
pueden modificarse tanto la frecuencia como el tipo de preguntas
realizados por
los estudiantes (para una revisión, véase Dillon,
1985b). De hecho, existe
abundante evidencia empírica del efecto beneficioso de
enseñar a los
estudiantes a formular "buenas" preguntas y de que tal entrenamiento
produce mejoras en el aprendizaje (e.g., Beck, McKeown, Hamilton y
Kucan, 1997;
Davey y McBride, 1986; King, 1989; Palincsar y Brown, 1984; Rosenshine
y
Trapman, 1992; Singer y Donlan, 1982). Los estudiantes
podrían formular estas
preguntas tanto a sí mismos como a otros estudiantes o al
profesor.
Un
ejemplo de la generación de preguntas para el fomento del
aprendizaje
lo podemos encontrar en el estudio realizado por King (1994), ya
mencionado
anteriormente. En esta investigación se analizaba el efecto
de la enseñanza de
estrategias de formulación de preguntas y de la
realización de
autoexplicaciones sobre el aprendizaje. Dos tipos de resultados previos
guiaban
su estudio. El primero se refería a la estrategia cognitiva
que se orienta
mediante cierto tipo de preguntas con el objeto de facilitar los
procesos de
pensamiento que ayuden a generar sus propias preguntas sobre el
material de
estudio. En este sentido, diferentes estudios han demostrado que este
tipo de
actividad constructiva induce a generar explicaciones elaboradas,
inferencias,
justificaciones, especulaciones, etc., consideradas formas complejas de
construcción del conocimiento y, consecuentemente,
aprendizaje (King, 1989,
1990; King y Rosenshine, 1993). El segundo grupo de estudios en los que
se basó
King sugería que la efectividad del procedimiento de
realización de preguntas
era atribuible al formato de las preguntas (King y Rosenshine, 1993).
Es decir,
el uso de distintos tipos de preguntas dirigidas fomentaría
la construcción de
estructuras de conocimiento cualitativamente diferentes. En concreto,
aquellas
preguntas que conectasen el nuevo material con estructuras de
conocimiento ya
existentes conllevarían la construcción de formas
de conocimiento más
elaboradas por parte de los alumnos (Mayer, 1980, 1984; Perkins y
Salomon,
1989; Pressley, Wood,
Woloshyn, Martín, King y Menke,
1992).
En
este estudio, King dividió a los sujetos en tres grupos
(control,
realización de preguntas en relación con el tema
y realización de preguntas en
relación con su experiencia previa). Todo el estudio se
realizó en el aula. Los
tres grupos recibieron el mismo entrenamiento en la forma de generar
explicaciones y asistían en el aula a unas sesiones en que
el profesor
presentaba una serie de temas de ciencia. Los participantes
intervinieron en
discusiones realizadas por pares en las que preguntaron y respondieron
una
serie de cuestiones que habían sido elaboradas por ellos
mismos y encaminadas a
estimular las conexiones entre ideas pertenecientes a un mismo tema.
Los
dos grupos experimentales recibieron, previamente a las discusiones,
entrenamiento en realización de preguntas. King
consideró dos tipos de
preguntas en su entrenamiento, a las que denominó preguntas de memoria y
preguntas de pensamiento Estas últimas las
subdividió en preguntas de comprensión
(que comprobaban si el
alumno había aprendido bien el tema: “te
piden una definición en tus propias palabras o que cuentes,
en tus propias
palabras, algo que hayas aprendido”) y preguntas de
conexión (que
conectaban diferentes ideas del tema). El profesor
les explicó a los grupos experimentales las diferencias
entre ambas, les
proporcionó ejemplos y utilizó procedimientos de
modelado y andamiaje para
ayudar a su adquisición. Los resultados mostraron una mayor
actividad
constructiva y unos mejores resultados en las pruebas de
comprensión por parte
de los sujetos entrenados en la realización de preguntas
respecto al grupo
control. Se observó además que el grupo que
realizó preguntas basadas tanto en
el tema de estudio como en la experiencia y el conocimiento previos
llevó a
cabo una actividad constructiva más compleja que
redundó, a su vez, en un mayor
aprendizaje respecto al grupo que discutió
únicamente en base a preguntas
basadas en el tema.
Otro
estudio sobre el efecto del entrenamiento en estrategias de
realización de preguntas, en este caso a uno mismo, es el
realizado por
Bielaczyc, Pirolli y Brown (1995) en el ámbito de la
resolución de problemas.
En su trabajo, estos autores entrenaron al grupo experimental en
diversos tipos
de estrategias de autoexplicación y
autorregulación con el fin de que las
usasen en el aprendizaje de los contenidos de un curso de
programación. El
grupo experimental, tras recibir unas lecciones preliminares sobre los
contenidos del curso, fue entrenado en estrategias referidas tanto al
texto y
los ejemplos de los materiales de instrucción como a la
conexión entre ambos.
El grupo control, tras las sesiones preliminares, recibió el
mismo tipo de
intervención, pero sin entrenamiento explícito en
autoexplicaciones. Una de las
fases más importantes del entrenamiento consistía
en un método de
autointerrogación en el que se proporcionaba a los
estudiantes una serie de
preguntas con el objeto de que se las planteasen respecto a las
diferentes
estrategias de autoexplicación y autorregulación.
Estas preguntas eran del
tipo: “¿cuál
es el propósito de este
código?”, “¿cómo
consigue alcanzarlo?”
o “¿puedes identificar
subpartes del
código?”. De esta manera, el
método de autointerrogación pretendía
favorecer en los alumnos una actitud de discusión respecto a
las estrategias
entrenadas (de forma que no fueran asumidas como meras
“fórmulas” de manera
acrítica). Los resultados de este estudio demostraron que
los sujetos del grupo
experimental mejoraron significativamente tanto en la
adquisición de este tipo
de habilidades cognitivas como en la ejecución en
comparación con el grupo
control.
A
pesar de la evidencia empírica que indica el efecto positivo
que la
generación de preguntas por parte de los propios estudiantes
puede tener sobre
su aprendizaje, se constata que los contextos del aula no siempre
favorecen
esta actividad (Graesser y Person, 1994; Otero y Graesser, 2001). Sin
embargo,
no suponemos aquí una relación unidireccional
entre las oportunidades que
proporcionan estos contextos y sus consecuencias sobre la conducta de
los estudiantes.
Es decir, aunque se favoreciese la realización de preguntas
por parte de los
alumnos, esto no garantizaría, por sí mismo, la
mejora de su compresión. De
hecho, también son muchos los resultados que apoyan la idea
de que los
estudiantes suelen generar preguntas superficiales cuando tienen la
oportunidad
(Dillon, 1988; Graesser y Person, 1994). Algunos autores interpretan
este hecho
basándose en el supuesto que generar buenas
preguntas exige del estudiante un conocimiento específico de
dominio bastante
considerable (Miyake y Norman, 1979). Como señalan Miyake y
Norman: "para realizar una pregunta, se debe
saber lo
suficiente para saber lo que no se sabe". A
pesar de todo, y como sugieren Otero y Graesser (2001), existen
suficientes
razones para mantener una postura optimista respecto al posible
desarrollo de
entornos de aprendizaje que fomenten la mejora de la
realización de preguntas y
del aprendizaje.
Lo visto hasta ahora son apenas
algunos ejemplos de
cómo la investigación sobre el campo de las
preguntas y respuestas puede
aplicarse a un ámbito educativo, y proporcionar una serie de
reflexiones o
recomendaciones para la práctica diaria en este campo. A
continuación, y para
terminar, queremos ofrecer algunas de estas posibles recomendaciones
que podrían
servir de ayuda a los docentes en su práctica diaria.
4.-
Consideraciones generales
En
muchas de las investigaciones que se han venido
mencionando hasta este punto, se hace hincapié en el
importante papel que los
profesores pueden jugar en la evaluación de la
comprensión en sus aulas y en la
toma de decisiones, dado su conocimiento en profundidad de los
contextos de
aula reales a los que diariamente se enfrentan (McCormick y Pressley,
1997;
Person,
Kreuz, Zwaan y Graesser,
1995;
Pressley, Wood, Woloshyn,
Martín, King y Menke, 1992;
Seda y Pearson, 1991; Wood, 1988). Si se tienen en cuenta,
además, los
resultados obtenidos en la investigación sobre preguntas y
respuestas y sus
posibles implicaciones de cara al ámbito educativo, veremos
que son varias las
sugerencias que pueden extraerse. Estas observaciones tienen en su base
el
apoyo que diferentes trabajos han ofrecido a la idea de que
determinados
análisis de las preguntas y respuestas que se dan el aula
permiten conocer el
grado en que los sujetos han realizado inferencias de algún
tipo y la
estructura de conocimiento que, por tanto, poseen. También
consideran los
efectos que diferentes rasgos de esta interacción pueden
tener sobre el propio
aprendizaje.
En primer lugar podemos extraer las siguientes
conclusiones referidas a la utilidad de las entrevistas en el aula.
Además de
tratarse de instrumentos flexibles, la información que
proporcionan es muy rica
y permiten la intervención individualizada.
Además, los profesores pueden,
gracias a su uso, dirigir interacciones breves e indicativas sobre
conjuntos
específicos de información,
registrándolas mediante instrumentos como los
sugeridos por Wood (1988) y hacérselas a varios estudiantes
a lo largo del día.
Por último, permitirían al docente trazar la
evolución de cada estudiante a lo
largo del tiempo.
Otra sugerencia que surge de la
aplicación de esta
investigación en el contexto del aula sería, por
ejemplo, la de cambiar la
tendencia generalizada por parte de los profesores a ofrecer pocas
oportunidades
a los alumnos para que generen sus propias preguntas o puedan elaborar
de
manera reflexiva sus respuestas a las preguntas que se le plantean (sin
que los
profesores den las respuestas cuando ellos no responden
rápidamente). Según
algunos estudios, la interacción debería darse,
preferiblemente, en pequeños
grupos de discusión que usaran preguntas de
pensamiento. Esto redundaría en discusiones de
mayor calidad en el aula, lo
que podría conllevar una mejora del aprendizaje.
Basándose también
en la
literatura sobre el tema, autores como McCormick y Pressley (1997)
proporcionan
una serie de orientaciones concretas para facilitar la
realización de preguntas
en el aula por parte del profesor. Así, sugieren que:
primero, se preparen las
preguntas con antelación; segundo, pidan a los estudiantes
que repitan la
pregunta antes de contestarla; y, tercero, les den tiempo suficiente
para que
piensen sus respuestas. Estos autores también sugieren que,
una vez que los
estudiantes hayan respondido a las preguntas formuladas, los profesores
proporcionen retroalimentación, de forma que todos conozcan
la respuesta
adecuada; refuercen el fragmento correcto de aquellas respuestas que
sean
parcialmente adecuadas ("Bien, has
respondido una parte de la pregunta, pero ¿qué me
dices de...?");
planteen relaciones entre respuestas previas y lo que se acaba de
responder; y
animen a que otros estudiantes ofrezcan respuestas a las preguntas
formuladas.
Respecto
al nivel de las preguntas que el profesor realiza en
el aula, estos mismos autores sugieren que se cuestionen, por ejemplo,
si estas
preguntas pueden responderse en una o dos palabras (con lo que es
más probable
que se trate de una pregunta de bajo nivel) o si exigen, al menos, una
o más
frases (con lo que aumentaría la probabilidad de que se
tratase de una pregunta
de alto nivel). También sugieren que se observe si, a la
hora de responder a
una pregunta, los estudiantes lo hacen de una manera rápida
o si, por el
contrario, parecen reflexionar antes de disponerse a contestarla. Por
último,
señalan también que se analice la rapidez con que
los estudiantes dan sus
respuestas y si las elaboran mientras responden. Si los alumnos, por
ejemplo,
enumeran sus respuestas rápidamente, es más
probable que sean
de bajo nivel.
Por
su parte, Dillon (1988) propone que el profesor
puede seguir, entre otras, tres estrategias fundamentales con el fin de
favorecer los procesos de pensamiento en el estudiante: a), realizar
más
preguntas y, entre ellas, aquellas que no requieran el mero recuerdo de
hechos;
b), preguntar a un ritmo más pausado, de forma que antes y
después de realizar
una pregunta deje pausas para la reflexión por parte de los
estudiantes; y c),
no cambie precipitadamente ni de pregunta ni de alumno, sino que
más bien deje
que éste marque el ritmo de las preguntas, mediante un
seguimiento atento de
sus respuestas.
Estas sugerencias son sólo algunas
de las múltiples que la investigación sobre
preguntas y respuestas nos ofrece
dentro del ámbito educativo. Esperamos que sirvan como
botón de muestra de lo
enriquecedora que puede llegar a ser la relación entre
investigación y práctica
educativa. No queremos finalizar sin recordar lo que ya
insistían algunos
clásicos: como Sócrates señalaba
(citado por Platón), sería fundamental en la
educación de nuestros estudiantes “una
ley que les obligase a dedicarse a la disciplina que les
haría maestros de la
técnica de realizar y responder preguntas" (Republica
VII.534 Platón;
en Dillon, 1988).
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[1] La
publicación original de este artículo corresponde
a: León,
J.A., Peñalba, G. y Escudero, I. (2002). Profe,
¿puedo preguntar?
Una breve introducción a la interacción de
preguntas y respuestas entre
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