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El artículo
Las Inferencias En La Comprensión
Lectora: Una Ventana Hacia Los Procesos Cognitivos En Segundas Lenguas,
escrito por
Inmaculada Escudero Domínguez se enmarca en la fascinante
temática de las
inferencias y su rol en el proceso de comprensión del
discurso escrito. Sin
duda, este tema es de interés para todos quienes se dedican
a investigar la
comprensión, así como también para
quienes pretenden desarrollar tal habilidad
en sus alumnos. Del mismo modo, y debido a la relevancia que hoy en
día
representa manejar una segunda lengua, el estudio de las inferencias en
procesos llevados a cabo en una L2 se transforma en un
núcleo de investigación
cada vez más atractivo.
El
artículo se estructura en dos grandes bloques,
siendo el primero un panorama del
estudio
de la comprensión, entendida como proceso.
En el segundo se presentan las inferencias como núcleo de la
comprensión humana, así
como diferentes clasificaciones, las que obedecen a criterios diversos.
El primer
apartado, referido
a la
comprensión y a su estudio, resulta
interesante y entrega un contexto para
la posterior aproximación al concepto de inferencia.
Allí, la autora enfatiza
la complejidad del procesamiento, así como
también la cantidad y diversidad de
procesos involucrados. En este punto, me parece necesario enfatizar,
por un
lado, que la comprensión del discurso
constituye un proceso cognitivo intencionado y, por otro, que los
subprocesos
involucrados pueden ser identificados como una serie
de procesos psicodiscursivos, los que a su vez, se sustentan en una
variedad de
procesamientos cognitivos de orden inferior (atención,
percepción y memoria) y
de orden superior (toma de decisiones, monitoreo, reflexión,
entre otros).
También creo relevante destacar que la
representación mental que la autora
señala, se genera en base a la información
textual, así como también a los
conocimientos previos del lector.
La descripción de los
niveles de
representación del discurso es muy clara y permite
vislumbrar la relevancia que
diversos tipos de inferencias tienen en la generación de
cada uno de estos
niveles; sin embargo, y de acuerdo a la misma descripción
que la autora hace
del proceso, creo pertinente manifestar que no comparto la idea de que
el
significado ‘se
extraiga de los textos’.
Los textos no poseen un significado único y
autónomo que sea extraído al
comprender; por el contrario, el significado que cada lector -en el
caso de los
textos escritos- construya dependerá, entre otros, de
factores tales como su
capacidad para decodificar, su conocimiento previo y la
situación comunicativa
en que el texto es leído.
En
un punto relacionado con el anterior, me parece que los
conceptos de discurso, texto, tipo de texto y género no son
tratados de manera
adecuada. Ello pues la autora se refiere
primero a los textos y a los discursos de manera indistinta y luego a
los
primeros como formas de los segundos. Así
también, hace referencia a Biber
(1988) para hablar de ‘géneros del
texto’, pero el autor, en dicha
publicación, no utiliza tal concepto,
sino que el de registro. Desde mi perspectiva, un texto corresponde a
una
instancia particular de una lengua determinada. Tal instancia, de
carácter
tanto semántico, como léxicogramatical, es
producida por un individuo en forma
consciente e intencionada en un contexto particular con el fin de
satisfacer un
propósito comunicativo. Por esta razón, las
características de cada evento
comunicativo o texto, emergen a partir de las posibilidades que dicho
individuo
es capaz de elegir desde una lengua, entendida como un potencial de
significado,
de acuerdo a las restricciones que el contexto, tanto de tipo
situacional como
cultural le impone. Por otra parte, los géneros discursivos
corresponden a la
estandarización convencionalizada de las
actividades lingüísticas
que cada individuo lleva a cabo para alcanzar sus
propósitos
comunicativos. De
acuerdo a lo
anterior, el género se constituye, para el analista del
discurso, en un constructo
que permite aglutinar textos de acuerdo a ciertas
características recurrentes, no solo de
tipo contextual, como son, entre otros, el contexto de
circulación y la
relación entre los
participantes involucrados, sino que también
de tipo lingüístico-discursivo. La
tendencia de ciertos textos
a compartir tales o
cuales de estas características -entre las
que, el propósito comunicativo tiene un rol
central- permite establecer regularidades y, en definitiva, identificarlos como ejemplares
de un género.
Por otra parte, creo
que la autora no está siendo clara y tampoco está
utilizando los conceptos con
total precisión cuando, en la página 12, sostiene
que:
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“los textos
u otras
formas de discurso suelen presentarse con oraciones que pueden contener
varias
ideas y proposiciones y, por otro lado, otras ideas y proposiciones
relacionadas con lo leído se añaden desde el
conocimiento previo del lector…”
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Me parece importante
señalar que las oraciones no
contienen ni proposiciones ni ideas, de hecho, las proposiciones
corresponden a
unidades semánticas, abstractas y amodales, propuestas por
algunos autores
(Kintsch, 1998; Louwerse, 2007) para dar cuenta del modo en que se
representa
la información en la mente humana. A pesar de la actual
controversia respecto
de la plausibilidad psicológica de las proposiciones, esta
propuesta pone
énfasis en su capacidad para representar el significado
(Kintsch, 1974; Kintsch
& van Dijk, 1978) a diferencia de lo que sucede en el campo de
la lógica
formal, de donde fueron tomadas (Frege, 1974) y donde son entendidas,
principalmente, como unidades de significado, sujetas a valores de
verdad (Polson,
1995).
Las
proposiciones, desde esta perspectiva, se
presentan en un esquema de argumento-predicado y pueden configurarse
como
proposiciones atómicas (Kintsch, 1974; Kintsch & van
Dijk, 1978) o como
proposiciones complejas (van Dijk & Kintsch, 1983). Las
proposiciones
atómicas corresponden a un término relacional,
que consiste en un predicado y
uno o más argumentos, presentados como: PREDICADO
[ARGUMENTO, ARGUMENTO]
(PREPARAR [PEDRO, PISCO SOUR]). En este esquema, el predicado determina
el
número y tipo de argumentos que pueden llenar el espacio
para los argumentos,
es decir, el rol semántico de los participantes.
El segundo y último
apartado está centrado en el concepto de
inferencia, presentando una revisión profunda y
muy clara a diferentes taxonomías de
inferencias. Después de este detallado
y completo reporte acerca de las inferencias y sus
taxonomías, como lector, y
en base al título del trabajo, se espera el apartado
referido a la relación
entre las inferencias y la comprensión de textos en una L2;
sin embargo, este
no existe.
Habría
sido deseable en un artículo con este título
que, al menos, se hiciera mención
a
factores intervinientes en un proceso desarrollado en L2. Esto pues, la
investigación en el área de la lectura en L2
se ha desarrollado ampliamente durante los últimos años, aportando,
en gran medida, a la
descripción de los factores que en este proceso inciden.
Koda (2005) señala
cuatro supuestos básicos acerca de la comprensión
de textos en segundaproceso inciden.
Koda (2005) señala
cuatro supuestos básicos acerca de la comprensión
de textos en segunda lengua:
(1) el conocimiento lingüístico y las habilidades
de procesamiento lingüístico
están relacionadas pero son competencias diferentes, (2) los
conocimientos
lingüísticos de tipo ortográfico o
fonológico contribuyen en forma separada a
la comprensión, (3) el conocimiento
lingüístico de la L2 es una condición
necesaria pero no suficiente para el procesamiento eficiente de la
información
textual (4) el conocimiento lingüístico necesario,
así como las
correspondientes habilidades de procesamiento varían
dependiendo de la lengua.
Aquí,
me parece oportuno señalar que
la habilidad lectora y el dominio lingüístico
-tanto de la lengua materna como
de la segunda- definitivamente inciden en la comprensión,
pero su impacto varía
dependiendo del nivel de procesamiento. Es decir, mientras que el
procesamiento
del nivel local depende, predominantemente, del dominio
lingüístico; gran parte
del procesamiento superior, incluyendo los procesos inferenciales,
dependen del
nivel de desarrollo de la habilidad para procesar la
información. En este
sentido, es posible sostener que el dominio de la L2 incide,
principalmente, en
la representación del código de superficie y en
la generación de la
microestructura del texto, pero no de la misma manera en la
generación de una
base textual o de un modelo de situación.
Además,
es necesario
señalar que un proceso de comprensión
de textos de tipo general en segunda lengua no presenta las mismas
características que un proceso de comprensión de
textos especializados en
segunda lengua. La principal diferencia está constituida por
los tipos de
conocimiento involucrados. Por un lado, cuando se trata de comprender
textos
escritos en una segunda lengua, basta con poseer ciertos conocimientos
generales compartirlos con los demás miembros de una
determinada comunidad de
habla. Por otro lado, cuando se trata de la comprensión de
textos disciplinares
en una segunda lengua, los conocimientos generales compartidos con la
comunidad
de habla no resultan suficientes, pues es necesario además
poseer ciertos
conocimientos específicos asociados a una comunidad
discursiva (Swales, 1990).
Similar
importancia
se le debe asignar, al igual que en un proceso desarrollado en lengua
materna,
al uso estratégico del conocimiento previo. Este
conocimiento incluye no sólo
el conocimiento cultural, sino también el conocimiento
acerca del área de
contenido del texto (esquemas de contenido), y la estructura
retórica de éste
(esquema formal) (Carrell, 1988).
Asimismo,
se debe
incluir la capacidad para transferir la habilidad utilizada para
desarrollar un
proceso de comprensión en lengua materna a un proceso de
comprensión en segunda
lengua. Sin embargo, esta capacidad podría estar
condicionada por el nivel de
domino de la segunda lengua o lengua extranjera. Respecto de esto,
Alderson
(1984) opone la Hipótesis de la Interdependencia de las
Lenguas (Cummins, 2005)
a la Hipótesis del Umbral Lingüístico.
En la primera se sostiene que el
desarrollo de la habilidad de comprensión se realiza
sólo una vez y no debe ser
reaprendido cada vez que se aprenda una nueva lengua. De este modo, una
vez que
los lectores han madurado en su habilidad para comprender en su primera
lengua,
el proceso puede ser traspasado a una segunda lengua, sin necesidad de
ser
reaprendido (Carrell & Grabe, 2002).
Por
último, no hay duda de la relevancia del fenómeno
abordado en el artículo y de las implicancias que tendría
entregar orientaciones certeras a los interesados en el tema. No
obstante ello, cabe señalar que si bien la autora no explicita
un objetivo para su
artículo, a partir del título
del trabajo, se esperaría que
efectivamente se abordara la problemática que implica llevar
acabo un proceso
de comprensión en una L2, identificando y describiendo, al menos, algunos
procesos inferenciales involucrados; sin embargo, la autora se limita a
realizar un recorrido respecto de los estudios de la
comprensión y de las
inferencias y presenta además diversas taxonomías
al respecto, pero deja de
lado los factores que intervienen cuando la
comprensión se lleva a cabo en una segunda lengua,
así
como también, el tipo de inferencias involucradas y su rol
en este tipo de
procesos.
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