El camino hacia el Análisis de la
interacción oral y su mejora en las aulas de aprendices sinohablantes de ELE
Virginia
de Alba Quiñones
Universidad
Pablo de Olavide (Sevilla)
valbqui@upo.es
De Alba Quiñones, V. (2011). El camino hacia el Análisis de la interacción oral y su mejora en las aulas
de aprendices sinohablantes de ELE. Revista
Nebrija de Lingüística Aplicada 10 (5), 68-76.
Resumen
El presente texto hace
un recorrido por las distintas metodologías de investigación en el proceso de
adquisición/aprendizaje de lenguas extranjeras, para terminar centrándose en el
estudio de la competencia conversacional y la importancia de ELE en países
sinohablantes.
Palabras clave
Análisis Contrastivo,
Análisis de errores, Análisis de Performativo, competencia conversacional
Abstract
This
paper reviews the different research methodologies in the process of
acquisition / learning of foreign languages, finally focusing on the study of
conversational competence and the importance of Spanish as a foreign language
in Chinese speaking areas.
Key Words
Contrastive Analysis, Error Analysis, Performative Analysis, Conversational competence
1. La evolución desde el Análisis Contrastivo al de
la competencia conversacional
1. 1. Los
orígenes: el Análisis Contrastivo
En un intento de mejorar el proceso de aprendizaje de
lenguas extranjeras, e iniciando con ello el acercamiento científico a la
glosodidáctica de las lenguas extranjeras, nació el Análisis Contrastivo (AC) a
mediados del siglo pasado ―parece haber unanimidad en señalar como obra
seminal Teaching and Learning English as a Second Language de Fries
(1945)―. La gestación de este método de análisis la podemos rastrear en
las propias aulas: los docentes percibían que había determinados tipos de
errores cuya frecuencia era mayor, o incluso exclusiva, según el tipo de lengua
materna del aprendiz.
En relación con sus bases epistemológicas, el AC está
vinculado al estructuralismo lingüístico y al conductismo psicológico. Los
estudios basados en él realizan un cotejo de las gramáticas de dos o más
lenguas, aunque se suele trabajar con pares: la nativa del aprendiz y la lengua
meta. El objetivo de esta exhaustiva comparación no es otro que establecer las
diferencias que pueden encontrarse entre ambas, para señalar las áreas
conflictivas (aquellas donde no existen semejanzas) y hacer de esta manera una
gramática de errores, donde encontramos una predicción de las incorrecciones
que los aprendices van a cometer. Este carácter vaticinador es asumido como un axioma, como
reflejan las palabras de Lado (1957:2): “[...] the student who comes in contact
with a foreign language will find some features of it quite easy and others
extremely difficult. Those elements that are similar to his native language
will be simple for him, and those elements that are different will be
difficult”.
No obstante, con bastante cercanía en el tiempo, la praxis docente se
encargaría de constatar que no siempre los elementos que presentaban más
distancia entre la L1 y la L2 eran los más difíciles de adquirir.[V1]
La noción básica sobre la que se asienta la hipótesis del
AC es la de transferencia. Esta es el proceso por el cual el aprendiz usa como
recurso ―ante un conflicto o el desconocimiento de la norma de la lengua
meta― su lengua materna (posteriormente el concepto se abrió a otras L2
que pudiera poseer el discente) de tal forma que esta aparece en el discurso en
una suerte de trasvase lingüístico que puede darse en todos los niveles. Así,
ante una situación conflictiva el estudiante de lengua extranjera usa como
apoyo las reglas o los elementos que ya conoce de su propia lengua (u otra L2),
proyectándolos en la lengua meta.
Nadie cuestiona que la aparición del Análisis Contrastivo
supuso un punto de inflexión en la Lingüística Aplicada y, más concretamente,
en el campo de la enseñanza de lenguas extranjeras. Con el transcurso del
tiempo, sus bases se ha[V2] n ido adaptando, a
la vez que distintas investigaciones han ido aportando datos y perspectivas
novedosas ―en una suerte de proceso de redefinición y
reestructuración―, para adecuarse a los últimos resultados de las
investigaciones y a las nuevas teorías sobre el conocimiento lingüístico. Así,
ya en la década de los 70, Wardhaugh (1970) distingue entre el que se ha
denominado AC fuerte (predictivo o a priori) y el AC débil (explicativo
o a posteriori) con una percepción etiológica de los errores que supera
a la transferencia como única respuesta. Esta última corriente entroncaría con
los inicios del AE, al despojarse de su carácter vaticinador y adherirse a la
corriente explicativa.[V3]
El modelo tradicional del AC fue
pronto rechazado en la Lingüística de contrastes. Corder (1973) demuestra su
imposibilidad, puesto que, siguiendo los postulados de las teorías
generativistas de Chomsky (1965), tendría que ser el componente sintáctico
profundo el nivel ideal donde se tendría que desarrollar la comparación. Sin
embargo, es fácil demostrar que las gramáticas profundas de las lenguas no son
idénticas, Corder (1973:243): “they cannot adequately serve, therefore, as a basis for applied linguistic
comparisons”. Sin embargo, no fue exclusivamente criticada la base lingüística del
AC, su orientación claramente behaviourista influyó en una reprobación feroz:
se había olvidado el papel del discente en su propio proceso de aprendizaje,
obviando la creatividad lingüística del individuo (que es el centro y el organizador del
proceso[V4] ); asimismo, se
había confundido la terminología: fácil y difícil son conceptos
psicológicos mientras que igualdad y diferencia están dentro del
ámbito de la lingüística, por lo que los términos no son equiparables. Del
mismo modo,
[V5] se había
establecido otra correlación entre dificultad y error, pero (y
esto se sospechó desde los inicios porque cualquier profesor de lengua
extranjera lo podía constatar en sus clases) una frase incorrecta puede no
haber resultado difícil al aprendiz, mientras que la producción de una frase
correcta puede ser fruto de un gran esfuerzo.
Durante la década de los 70, en los EE.UU. el AC dejó de
ser empleado progresivamente, mientras que en Europa todavía podían encontrarse
algunos acercamientos de este tipo de metodología. No obstante, en los últimos
tiempos se ha producido, fundamentalmente en el Viejo Continente, una
revalorización de la técnica del AC gracias a la asimilación de presupuestos
pragmáticos. Así, por ejemplo, encontramos la Retórica Contrastiva donde
confluyen teorías del ámbito de la Pragmática con el uso de la Lingüística
Contrastiva: la lengua se entiende como un comportamiento intercultural (más en
Vez 2002).[V6]
1. 2. El Análisis de Errores
El AC entra en crisis en los setenta y como consecuencia
de esta apareció el análisis de las producciones reales de los aprendices de
una lengua extranjera. El interés cada vez más creciente por tratar de
desenmarañar el proceso de adquisición y aprendizaje de segundas lenguas, junto
con la irrupción de las teorías chomskianas en la realidad lingüística del
momento y el cognitivismo psicológico, hizo que el Análisis de Errores (AE)
penetrara con fuerza en el campo de la investigación de segundas lenguas. Así,
los investigadores abandonan el campo teórico de la comparación lingüística [V7] desde la
abstracción y se concentran en el campo de la realidad tangible: son ahora las
manifestaciones concretas de los aprendices las que centran el interés de los
estudios; metodológicamente se pasa de las predicciones desde el plano
eminentemente teórico en el que hasta ahora se habían desarrollado las
investigaciones en L2, al plano práctico, real y concreto de las producciones
de los discentes, con el objeto de obtener datos que favorezcan la explicación
de los errores en el proceso de adquisición y aprendizaje de las lenguas
extranjeras. De esta manera, el error se erigió en objeto de estudio y se
produjo una revaloración del concepto.
No obstante, aunque nadie ponía en duda que el AE era una
superación del AC y que los resultados de su metodología al no estar centrados
exclusivamente en el concepto de interferencia enriquecían el estudio sobre L2,
aparecieron rápidamente voces que señalaron algunos puntos débiles, así podemos
destacar algunas cuestiones como: que está centrado exclusivamente en el error,
frente a lo que sí que el discente realiza correctamente; que hay una ausencia
de criterios normalizadores en las taxonomías, por lo que, frecuentemente, los
estudios no son comparables los unos con los otros; que existe un el problema
conceptual entre explicación (‘búsqueda de una causa’) y descripción
(‘manifestación de lo que es’) de los errores; la imposibilidad de encontrar
para todos los casos una explicación unívoca del error (porque estos pueden ser
de naturaleza múltiple); que no se reconocen en el estudio las estrategias de
evitación que puedan ser usadas por los aprendices, de manera que un discente
puede esquivar determinadas estructuras que le resulten difíciles y no incurrir
así en errores… Tras todas estas críticas y la nueva perspectiva positiva
orientada al “Can-do” o ‘poder hacer’ de los aprendices, el análisis de las
muestras de interlengua (IL) de los aprendices dejó de centrarse únicamente en
los errores, dando lugar al Análisis de la Actuación (AA).
En el ámbito de ELE, los primeros estudios basados en el
AE se desarrollaron a finales del siglo XX, así apareció en 1989 la tesis
doctoral de Vázquez (publicada en 1991); la de Fernández López (1990;
publicada de manera parcial en 1997), y la de Santos Gargallo (1992). Más
cercanos en el tiempo, tenemos, por ejemplo, los trabajos de Torijano Pérez
(2002), de Sánchez Iglesias (2003), de Fernández Jodar (2006) o de Alba
Quiñones (2008). En ellos puede apreciarse una evolución del concepto del AE,
ya que progresivamente aparece el estudio en las muestras de lo no errado.
1.3. El Análisis de la Actuación
Como superación de las críticas al AE ―y, por
tanto, del AC también― apareció el denominado Análisis de la Actuación (AA) [V8] o Análisis
Performativo. Este, entre otras cosas, asimila y abre el foco del objeto de
estudio; el AE se centra únicamente en una parte de la producción del aprendiz:
aquella que no se corresponde con la lengua meta, aquella en la que falla. Con
el AA, los investigadores dejan de centrarse exclusivamente en el error y lo no
errado se erige igualmente como parte del estudio: esta perspectiva está en la
línea de la reconducción en la investigación y evaluación de las L2: no solo
importa lo que el discente hace mal, sino lo que es capaz de hacer bien (que
es, de hecho, lo más
importante[V9] ). Así, siguiendo
esta tendencia, encontramos distintas líneas de investigación: estudios de
adquisición de morfemas; equivalencias en las secuencias de desarrollo de la L1
y la L2; estudios de las estrategias del aprendiz; adquisición de formas y
funciones lingüísticas… y dentro de todo lo que sería la investigación de las
producciones de los aprendices, encontramos el Análisis del discurso (AD) que
parte del postulado de que las producciones de los aprendices se desarrollan en
un contexto determinado y esto entronca con uno de los pilares actuales en el
campo de la investigación de las lenguas: la Pragmática. Una de las áreas en
las que investiga el AD es la interacción entre los intercambios comunicativos
y el desarrollo de la IL.
Así, empleando las herramientas desarrolladas desde el
ámbito de la pragmática para la L1, se indaga sobre actos de habla, la
cortesía, estructuración de las funciones discursivas, los tipos de discurso,
las fórmulas de apertura y cierre conversacionales, los turnos de habla, los de
apoyo , los patrones de interrupción y superposición… Por tanto, es dentro de
este campo en el que podemos encuadrar el estudio de Javier Pérez, donde se
recoge de manera preliminar los resultados de un estudio de la competencia
conversacional desarrollado con aprendices de ELE de distintas universidades de
Taiwan. El autor anuncia que los aprendices, tras 4 años de estudio, presentan
un nivel “A2 DELE inicial”. Estamos de acuerdo con lo que señaló Pérez
Fernández (2007:1) respecto a la competencia conversacional, “es necesario un
cierto nivel en el dominio oral previo para afrontar tareas como la
conversación espontánea”, por lo que, no es extraño lo que nos detalla Pérez
Ruíz: “Los resultados preliminares muestran que la competencia comunicativa de
los estudiantes presenta errores lingüísticos significativos y relevantes
dificultades durante la interacción oral”. Pérez realiza sobre un corpus de 20
conversaciones diádicas, un análisis de errores centrando en la subcompetencia
lingüística y un AA en el ámbito de la discursiva, resaltando el uso de
distintas estrategias para que el intercambio fuera exitoso.
2. El reto del desarrollo de la competencia
conversacional en China
Para la lengua española es una responsabilidad y un
desafío ir haciéndose un hueco en este mundo global ―donde en los últimos
días hemos alcanzado la cifra de 7000 millones de personas―, ya que las
lenguas se erigen en el vehículo de intercomprensión lingüística y cultural
necesario para las relaciones entre los pueblos.
En este contexto, todo estudio científico que se centre en el proceso de
adquisición/aprendizaje del español ya sea como segunda lengua o como lengua
extranjera (el caso que nos ocupa) nos parece loable; pero el desarrollo de
estos en entornos sinohablantes nos parece algo especialmente destacable dada
su importancia poblacional. El creciente interés por la proyección de la lengua
española en estos contextos, se ha ido materializando en las aperturas de
sedes del Instituto Cervantes en Pekín (2006), Shanghái (2007) o Tokio
(2008). Asimismo, queremos destacar que como resultado de las II Jornadas de
Formación de Profesores en ELE celebradas en Pekín en 2009 se inició la andadura del Grupo de
investigación internacional sinoELE, cuya actividad pivota sobre los procesos
de enseñanza/aprendizaje del Español en hablantes de chino (más en
http://sinoele.org/)[V10]
Respecto a la competencia conversacional, queremos
señalar es que ya es conocido que en las destrezas receptivas se alcanzan
niveles de competencia mayores que en las productivas, pero en el caso que nos
ocupa, la complejidad aumenta por dos motivos: ya que por un lado, está
centrado en la desarrollo del discurso oral espontáneo y, por otro, porque una
interacción oral es la conjunción de ambas destrezas (una receptiva, la
auditiva, y una productiva, la oral). Desde los años 80 comenzaron a
estudiarse las conversaciones ― Schmidt y Frota (1986), Pica (1987) o
Swain (1996), [V11] entre otros― pero ha sido con el nuevo siglo
cuando ha surgido una auténtica eclosión de estudios basados en las
conversaciones de discentes de segundas lenguas: Alcón et al. (2001), Salaberri
(2001) , Mazeland & Zaman-Zadeh (2004), Hardy y Moore (2004), Mackey
(2007)… Analizar interacciones orales de los estudiantes, nos parece un gran
acierto ya que compartimos las palabras de Slagter (2009:14) “Una de las
virtudes del diálogo es que permite practicar con elementos de lenguas tal y
como se presentan en realidad: hablando con otros alumnos, cada uno de ellos se
prepara para una intervención de verdad (…) es darle una oportunidad para
aprender a nadar en el agua”
El dominio de la competencia conversacional en una lengua
distinta de la nativa, es un terreno especialmente inestable para el aprendiz
ya que entronca con una serie de conocimientos pragmáticos y discursivos que
normalmente no se imparten en las clases de L2; en general, habría que señalar
que, desgraciadamente, estos todavía parecen no encontrar hueco en la aulas de
ELE. Esto se produce, especialmente, en la enseñanza reglada, donde, con
frecuencia, los programas obligan al profesorado a conseguir básicamente unas
metas lingüísticas (aunque se disfracen de funcionales). A esta cuestión, que
consideramos relativamente generalizada, se le une en esta zona geográfica, la
influencia del confucionismo en el sistema de enseñanza lo que determina
unas especiales características en las aulas: se percibe al docente como el
poseedor del conocimiento y el modelo a seguir, al que no se debe replicar; se
estimula el acercamiento memorístico de los contenidos; el alumnado asume un
papel pasivo respecto del conocimiento… Asimismo, a todo esto se une, según
señala Sánchez (2007) en la exhaustiva revisión metodológica de la enseñanza de
lenguas extranjeras y, más concretamente del español en China, que son los
profesores de origen chino los que, normalmente, imparten los cursos de
gramática, dejándoles a los docentes nativos las clases de conversación, de las
que se espera que sean clases de refuerzo a lo aprendido en aquellas.
Igualmente, pone de manifiesto Sánchez Griñán (2009:7) que “no existen
actividades para las destrezas orales, ni se fomenta la interacción”. Así pues,
Todas estas cuestiones no ayudan a la creación de producciones espontáneas en
ELE de los aprendices, como son los intercambios conversacionales libres, sino
más bien al contrario.
Como alternativas metodológicas para solventar el
problema que se pone de manifiesto tras el análisis, Pérez Ruiz nos propone
algunas cuestiones interesantes (a las que uno las aportaciones de Sánchez
Griñán [2009], Rubio Lastra [2011] y Roncero Mayor [2011]) como son la
redefinición de la competencia conversacional (frente a la competencia oral) y
de su importancia en las clases de ELE; incorporar materiales orales de la L1 y
la L2 desde una perspectiva de contraste para la reflexión del alumnado en el
ámbito del aula; la grabación de conversaciones de los propios alumnos… A todo
esto debería sumársele el estudio explícito de las características
conversacionales de la L2 porque la enseñanza de los conceptos pragmáticos
básicos para una interacción adecuada en esta no es ya una cuestión lingüística,[V12] sino discursiva que en unas culturas tan distantes debe
ser objeto de un acercamiento reflexivo ya que -como señalan García (2004) y Rubio (2007)-
[V13] cuanto mayor sea la distancia entre la cultura materna y
cultura meta más necesario se hace una reflexión consciente sobre estas
diferencias.
Por tanto, para lograr mejorar la competencia
conversacional, se precisa un giro metodológico, con clases más reducidas y con
la enseñanza explícita (y desde una perspectiva contrastiva) de los mecanismos
que intervienen en la intercomunicación en español.
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[V1]ELIMINAR (INICIO DE LA PÁG. 2 EN FORMATO HTML
[V2]SUSTITUIR “HA” POR “HAN”
[V3]FALTA EL PUNTO
[V4]ESTA PARTE VA ENTRE PARÉNTESIS (SEGUIMOS ESTANDO EN LA PÁG. 2 DEL HTML)
[V5]CAMBIAR “IGUALMENTE” POR “DEL MISMO MODO”
[V6]FALTA EL PUNTO (ESTÁ EN LA PÁG. 3 DEL HTML)
[V7]SUSTITUIR “DE DOS LENGUAS” POR “LINGÜÍSTICA
[V8]INTRODUCIR “(AA)”, PÁG. 4 DEL HTML
[V9]Sustituir “MAS IMPORTANTE” POR “PRIMORDIAL”
[V10]AQUÍ HAY UN PROBLEMA DE CONGRUENCIA: SI SE REFLEJA COMO NOTA AL PIE EL ENLACE DE INTERNET DE LAS JORNADAS, CREO QUE DEBERÍA SERLO TAMBIÉN EL ENLACE DE SINOELE. PÁG 5 DEL HTML
[V11]INSERTAR COMA
[V12]INSERTAR COMA
[V13]ESTA PARTE VA ENTRE RAYAS (― ―)