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Resumen: el presente artículo comenta la edición de Lingüística Aplicada, inclusión social y aprendizaje de español en contexto latinoamericano de Marcia Paraquett y reflexiona sobre el problema de la enseñanza del español como lengua extranjera en la compleja realidad latinoamericana.

Palabras claves: Lingüística Aplicada, Adquisición de segundas lenguas, realidad latinoamericana.
Abstract: this abstract discusses the issue of Lingüística Aplicada, inclusión social y aprendizaje de español en contexto latinoamericano written byMarcia Paraquett and reflects on the Spanish as foreign language instruction inside the complex Latino American culture.

Key Words: Applied Linguistics, Second Language Acquisition, Latino American culture.
Introducción
La lectura del artículo de Marcia Paraquett nos invita a reflexionar sobre el modo de acercamiento a la realidad latinoamericana desde la perspectiva de la Lingüística Aplicada en la enseñanza de español como lengua extranjera, específicamente dirigida a alumnos brasileños, pero con posibilidades de proyección hacia otros contextos de aprendizaje. Su postura es decididamente crítica en relación con las enseñanzas y los métodos que no tienen en cuenta la integración social a través de las lenguas, la dimensión social y cultural de los aprendizajes. Pero va mucho más allá al señalar la dificultad de definición del ser latinoamericano, la falta de conciencia del propio ser, de su identidad cultural que caracteriza, según afirma, a los hablantes del continente americano.
La reflexión tiene una dimensión más amplia: el siempre interesante y complejo interrogante de qué español enseñar y, en esa definición, qué lugar debe ocupar el ámbito lingüístico y cultural hispanoamericano. Compartimos plenamente la afirmación de la autora en relación con el valor del aprendizaje de lenguas: “el aprendizaje de las lenguas podría ser una herramienta importante en el sentimiento de inclusión social y cultural”; pero no consideramos que la falta de conciencia latinoamericana, de autoestima, de autoconocimiento, en palabras de la autora, sea la base exclusiva de las limitaciones que señala en el contexto brasileño de ELE. El desconocimiento de la realidad latinoamericana está presente también en otros contextos, incluso en los que estarían obligados a superarlo.
Si bien teóricamente se admite que es imprescindible tener en cuenta la variedad hispanoameicana en la enseñanza de español y se proclaman apuestas panhispánicas desde España procedentes de las voces y las instituciones académicas peninsulares más prestigiosas, lo cierto es que la realidad cultural y las variantes lingüísticas de Hispanoamérica apenas tienen en los manuales y en los programas universitarios españoles una presencia mínima, casi simbólica, circunstancial, de trámite. Parece ignorarse que una extensión geográfica como la que corresponde al español en América (más de 12.004.512 km2 sin contar la estadounidense), la diversidad cultural de todo el territorio americano, más el influjo de las lenguas prehispánicas, -unas desaparecidas y otras tan vivas como el guaraní, el quechua o quichua, el aimara, el nahua o nahuatl, el tupí, las muchas lenguas del tronco maya, etc.-; y el contacto con otras lenguas europeas y africanas suponen necesariamente diferencias gramaticales, léxicas, pragmáticas y culturales que pueden influir en la mutua comprensión lingüística y, por supuesto, sociocultural. Cuando hablamos de los 19 países hispanoamericanos, con sus muy diversas costumbres, culturas y niveles de desarrollo educativo y hasta político, no deberíamos confundir cohesión de la lengua –que la tiene- con homogeneidad de pautas pragmáticas de comunicación, de usos lingüísticos o de léxico. Como bien dice Gregorio Salvador, el español es un idioma plurinacional y multiétnico: agrupa a una muchedumbre humana, enorme y abigarrada, muy heterogénea. El primer tópico que hay que desterrar, de los muchos que se esgrimen en ELE, es el de que basta con enseñar cultura y léxico peninsular por el hecho de hablar la misma lengua. La lengua común garantiza en gran medida la comunicación, pero no siempre supone fluidez y efectividad comunicativa, por la diversidad del español de América y de los grupos humanos que lo hablan.
No es un problema exclusivo de los profesores brasileños o latinoamericanos no valorar adecuadamente esta riqueza cultural. No se puede valorar lo que no se conoce, y el desconocimiento es mucho más generalizado de lo que parece a simple vista, tanto en América como en España. No obstante, es de justicia reconocer que se están produciendo movimientos, reflexiones y materiales que intentan remediar esta falta; pero todavía es muy insuficiente el esfuerzo en relación con el desafío. En un reciente encuentro de profesorado ELE organizado por International House en la sede central del Instituto Cervantes de Madrid, se abordó el tema Lengua, variación, contextos de enseñanza y qué español enseñar, significativo título para el intento de esclarecer y ampliar el conocimiento de la realidad social, cultural y por supuesto lingüística hispanoamericana en ELE. Los ponentes y los asistentes españoles, del resto de la Unión Europea y latinoamericanos, estuvieron de acuerdo en señalar las deficiencias de materiales y contenidos referidos a dicha realidad; pero otra cosa muy distinta es ponerse manos a la obra y suplir las carencias por todos reconocidas en manuales, programas, materiales de enseñanza. Es una labor pendiente todavía, a pesar del interés de los aprendices extranjeros por la realidad cultural hispanoamericana. El alumno de ELE no sólo piensa en España cuando aprende español; por el contrario, una de sus demandas es precisamente el aprendizaje del español de Hispanoamérica. Hasta es posible que su meta profesional, laboral, académica, comercial o turística sea el amplio mundo hispanoamericano donde reside más del 90 % de los hispanoablantes, no España.
Enseñar una lengua es enseñar la cultura -en el sentido más amplio del término- que se expresa a través de ella, incluido su léxico en toda su diversidad diatópica, diastrática y diafásica, porque es a través de las palabras que organizamos nuestro pensamiento, comprendemos la realidad, ampliamos nuestro mundo de referencia. El profesor de ELE, dentro y fuera de la península, debe responder a estas demandas y aprovechar la motivación hispanoamericana de sus alumnos. Conocer y saber utilizar el léxico hispanoamericano insertado en el ámbito cultural concreto del que procede supone la ampliación del mundo de referencia de los alumnos y de los futuros profesores de ELE, el desarrollo de su competencia sociolingüística, cultural y discursiva; el acceso al rico patrimonio literario, artístico y cultural en general del español en su totalidad. Enseñar lengua española implica introducir al aprendiz en la cultura española en su más amplia y rica dimensión a través del léxico, que sabemos es el “componente lingüístico que mejor vincula el conocimiento del mundo y la competencia comunicativa del hablante” (Gómez Molina) y de los elementos socio-culturales designados.
Por lo que volviendo al argumento inicial, la dimensión socio-cultural resulta imprescindible en el aprendizaje de español; pero ¿quién marca la pauta de lo que hay que enseñar? En este sentido es meritorio el esfuerzo brasileño institucional en definir sus propios objetivos en relación con la enseñanza-aprendizaje del español en el país; sin someterse a los dictados de una postura foránea –en ocasiones un tanto imperialista o patrimonial- de algunas voces peninsulares. Ahora bien, los ejemplos aducidos para demostrar una cierta situación de sometimiento ideológico a los dictados de una norma exterior, no responden plenamente – a nuestro entender- al deber ser de la enseñanza de español que defiende la autora. Hace tiempo que los latinoamericanos han superado el colonialismo en cuanto a sus enseñanzas, aunque hay que reconocer que en unos países más que en otros; mas no por ello han de ignorar la dilatada tradición cultural del español peninsular ni asumir frente a éste una actitud de enfrentamiento, como revela el ejemplo aducido acerca de la manifestación del Rey de España ante el presidente de Venezuela, de extraordinaria repercusión internacional, precisamente por la importancia de los protagonistas. Enseñar lengua es, efectivamente, enseñar su cultura, favorecer su comprensión, promover el debate; pero no caer en la tentación de ideologizar, porque se estaría contraviniendo el propósito inicial de favorecer la comunicación intercultural. En los ejemplos aducidos no sólo se perciben las determinadas orientaciones ideológicas que señala la autora: hay desconocimiento de la norma estándar; lo que supone que la ignorancia del otro es mutua y no debe ser atribuido a factores de manipulación o ideología. Sin embargo, es obligado compartir el análisis de los condicionantes que supone la sociedad posmoderna, a través de la tecnología, de los video juegos, de la cultura del shopping, que es donde verdaderamente radica el peligro de la alienación no sólo latinoamericana, sino también de todo individuo en este mundo globalizado. Son problemas que afligen al mundo contemporáneo, incluidos el latinoamericano y el español peninsular. Cuando Milton Santos, Moita Lopes, Eduardo Galeano o Beatriz Sarlo -entre las fuentes citadas-, analizan la heterogénea realidad cultural latinoamericana, no sólo señalan las dificultades y los desafíos de dicha sociedad, sino de la globalización en su conjunto.
En síntesis, es obligado coincidir con la autora en la necesidad de despojarse de prejuicios; de no olvidar nunca la espléndida aportación de Paulo Freire, en cuya obra está la simiente de grandes logros educativos latinoamericanos; de conocer y reflexionar sobre lo propio del ser latinoamericano –o de los seres, dada su hetogeneidad-; pero siempre desde una perspectiva de conocimiento, comprensión mutua, colaboración, no de enfrentamiento ideológico. Conciencia, sí; pero extensa, no condicionada ideológicamente y siempre basada en el conocimiento, porque es desde el pleno conocimiento como se puede valorar de modo más justo. De ahí que nuestra propuesta final sea, para todos los profesores de ELE, independientemente del lugar en el que impartan sus enseñanzas, ampliar sustancial, exponencialmente por el déficit acumulado hasta ahora, el conocimiento de la rica y variada realidad social y cultural que se expresa en español, a un lado y al otro del Atlántico.
Bibliografía recomendada para conocer algo más la realidad lingüística hispanoamericana
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