Brexit: el largo y sinuoso camino

Este viernes 31 de enero por fin se hará efectivo el Brexit. Recordemos que el referéndum sobre la independencia se celebró el 23 de junio de 2016, hace ya tres años y medio. Durante este periodo ha reinado la incertidumbre en el Reino Unido y hemos asistido a la caída de dos primeros ministros. Finalmente, tras la mayoría parlamentaria obtenida por el partido conservador en las elecciones de diciembre de 2019, se constata que la voluntad del pueblo británico sigue siendo la misma que mostró en el referéndum: abandonar la Unión Europea.

A partir del viernes llega un periodo de transición que debería concluir el 31 de diciembre de este año. En esta fase el Reino Unido aún formará parte del mercado único europeo, pero permanecerá ya fuera de las instituciones y decisiones de la Unión. En estos meses se debe definir la nueva relación entre la Unión Europea y el Reino Unido. Esto implica multitud de áreas de trabajo y regulación: comercial, leyes, servicios, seguridad etc. Los técnicos europeos ven con dificultad que puedan cerrarse todos los acuerdos en menos de un año. Es probable que haya acuerdo en las cuestiones más importantes y que se sigan negociando los asuntos que queden pendientes tras la fecha límite. No obstante, el Reino Unido ha prohibido por ley una extensión del periodo de transición más allá de 2020.

Aunque Boris Johnson ha salido muy reforzado de las elecciones, el Reino Unido sigue teniendo una posición más débil que la Unión Europea de cara a futuras negociaciones. Recordemos que casi la mitad de las exportaciones británicas tienen como destino la Unión Europea, mientras que las exportaciones europeas al Reino Unido son aproximadamente un décimo de las del total de la Unión.

Respecto a la situación de la economía británica tras las elecciones, y aunque las ventas minoristas durante las Navidades fueron decepcionantes, hay una reactivación del mercado inmobiliario y mejoras en el UK Purchasing Manager´s Index (PMI), lo cual denota una mayor confianza en las perspectivas empresariales.

De cualquier manera, existen dudas entre los expertos económicos sobre la duración de este posible rebote económico tras el 31 de enero. Las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) establecen que la economía británica va a crecer un 1,4% este año y un 1,5% el año que viene, frente a un crecimiento de la zona euro de un 1,3% para 2020 y de un 1,4% para 2021. Este crecimiento previsto por el FMI presupone una salida ordenada del Reino Unido a partir del 31 de diciembre. El mayor riesgo sería una salida sin acuerdo, escenario que no interesa ni a la Unión Europea ni al Reino Unido.

La política económica del partido conservador en el Reino Unido tras el Brexit incluye un incremento de la inversión en infraestructuras, educación, seguridad y sanidad, además de una reducción de impuestos, tal y como Johnson aseguró en la campaña electoral. Está en el aire un posible recorte de los tipos de interés por parte del Banco de Inglaterra, pero parece que esta opción pierde algo de fuerza tras el optimismo de los consumidores y empresas británicas que siguió a las elecciones. En el Reino Unido se observa una división entre las grandes áreas metropolitanas más proclives a la inmigración y a la globalización y las áreas interiores, que ven estos fenómenos como una amenaza a su estilo de vida y a su economía. Esta reacción no es exclusiva del Reino Unido, ya que observamos dinámicas similares en todo el mundo que pueden explicar, en parte, el auge del populismo. Las regiones metropolitanas más dinámicas concentran las inversiones y la población, mientras que las áreas interiores acaban teniendo carencias en estos aspectos.

Otro factor que puede explicar el auge del populismo es el gran incremento de la desigualdad en el Reino Unido en las últimas décadas. Aquí se pueden encontrar algunas razones que explican el voto a favor del brexit. Será en estas áreas en las que deberá trabajar el nuevo ejecutivo de Boris Johnson para mantener la cohesión económica y social en la nación.

También se presentan desafíos en el ámbito territorial. Por una parte, está la tensión con Escocia, que buscará un nuevo referéndum de independencia tras el cambio de situación que supone el Brexit. Por otra, Irlanda del Norte tendrá acceso tanto al mercado británico como al europeo, y disfrutará por tanto de una gran ventaja que puede suponer la atracción de empresas a su territorio.

De cualquier manera, va a seguir existiendo incertidumbre hasta la culminación del periodo de transición el 31 de diciembre. El Reino Unido deberá decidir si se orienta hacia la Unión Europea en cuestiones comerciales y de regulación o si prefiere enfocarse en otras zonas comerciales, que, por supuesto, tendrán sus propias reglas y regulaciones. Además, tendrá que establecer nuevos pactos comerciales con países con los que hasta ahora comerciaba como integrante de la Unión Europea. El Gobierno tiene ante sí un importante desafío que deberá resolver en un periodo bastante reducido, tras el cual se verán además las consecuencias de las políticas que quiere aplicar tras la salida.

Por lo tanto, será el tiempo el que muestre los resultados de este abandono del Reino Unido de la Unión Europea. La fase de negociaciones va a ser difícil, dada la complejidad de una regulación y relaciones comerciales que se han construido durante décadas. Realmente, conoceremos los efectos del verdadero brexit a partir del 31 de diciembre. Entramos, por tanto, en un tiempo clave que definirá las relaciones entre Reino Unido y la Unión Europea en el futuro.

Jorge Hernando Cuñado, profesor de Economía y Empresa de la Universidad Nebrija.

Artículo publicado en Cinco Días el 30 de enero de 2020

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