Tudanca y Caramés: “La lucha por volver es lo que más nos interesa”

Jorge Tudanca y Ramón Caramés quieren seguir creciendo en el mundo del cine. Con una mezcla de ambición y sueños, tienen su punto de mira en los Premios Goya. Abrigados por la enseñanza de sus profesores en la Universidad Nebrija y el apoyo de familiares y amigos, estrenaron el pasado febrero en los cines Renoir de Madrid su largometraje Una escalera hacia la Luna.

Pregunta: ¿Cómo surge la idea de esta película?

Jorge Tudanca: Tras nuestra primera película, Relatos de Eleria, conseguimos un gran estreno y muy buenas críticas en Burgos, por lo que en la diputación nos ofrecieron poder rodar en una trinchera de la Primera Guerra Mundial. A partir de esa trinchera, construimos el guion.

Ramón Caramés: Jorge y yo siempre hemos sido grandes seguidores del cine de aventuras y de historias bélicas como Senderos de Gloria o Salvar al soldado Ryan y, cuando el ayuntamiento de Belorado (el pueblo donde se grabó la película) nos ofreció la oportunidad de rodar en sus trincheras, no lo dudamos ni un segundo, nos pusimos a desarrollar ideas que en principio debían acabar en un corto de temática bélica, pero que, tras ver el potencial que tenía el escenario del que disponíamos y alguna de las tramas que pensamos, acabó apareciendo Una escalera hacia la Luna.

P: ¿Qué dificultades surgieron durante el rodaje? ¿Cuál fue su manera de superarlas?

Tudanca: Muchas dificultades. A tres semanas del rodaje nos tuvo que abandonar el equipo de efectos visuales; a dos semanas, una de las actrices, y a una semana de rodar, los recreadores históricos que nos iban a dejar todos los uniformes nos dejaron tirados (y muchos más problemas). Al final los solucionamos todos sacando fuerza de donde no había, buscando nuevos talentos que resultaron ser mejores que con los que contábamos y sobre todo con muchas ganas y esperanza de crear una buena película.

Caramés: ¿Dificultades? Miles. Empezando por nuestra edad y la poca confianza que tienen algunas personas en los jóvenes, porque conseguir financiación para un largometraje ya es difícil, pero si encima dices que tienes 20 años… todo se complica mucho más. También es difícil conseguir un equipo que colabore con nosotros, aún no nos hemos movido lo suficiente en este mundillo como para tener una agenda telefónica cargada de directores de arte, cámaras o especialistas en efectos especiales. Pero quizás la mayor dificultad que nos surgió fue quedarnos sin todo el vestuario de la película a una semana de empezar a rodar. ¿Cómo solucionamos todo? Bueno, la mayoría de problemas se solucionan con esfuerzo, trabajo y no rendirse a pesar de las negativas de otros, pero cuando se trataba de quedarse sin vestuario y sin tiempo… no quedó otra que salir a recorrer las calles de Madrid cartera en mano y rebuscar en todas las tiendas hasta encontrar un vestuario que encajase con nuestro proyecto; desde luego, fue una semana muy intensa.

P: ¿Por qué cada uno escribió el guion de un personaje? ¿Resultó un encaje de bolillos entrelazar luego las dos historias?

Tudanca: Pensamos que sería divertido crear así el guion. Al fin y al cabo, la vida de cada uno la escribe uno mismo, por lo que nos pareció que las tramas debían de seguir el ritmo o la emoción que cada autor deseara y sintiera correcta, tanto Ramón con Nick como yo con René. Después solo teníamos que enmarcarlas en el espacio y tiempo correcto para que todo encajara.

Caramés: Lo decidimos así desde el principio. Jorge y yo nos conocemos muy bien y pasamos mucho tiempo juntos, cada uno sabe cómo escribe el otro y conocemos a la perfección nuestro estilo. Por eso sabíamos que, aunque escribiéramos por separado, no íbamos a hacer tramas muy dispares. Además, de esa manera aligerábamos un poco la carga de trabajo que genera escribir el guion de un largometraje. Y bueno, no fue complicado enlazar las dos historias, cuando se trata de escribir, Jorge y yo siempre nos ayudamos el uno al otro, y para el guion de Una escalera hacia la Luna no fue diferente. Antes de empezar a escribir una palabra, ya habíamos pensado un esquema general para nuestra historia por el que pasarían nuestros personajes, y, aunque dejamos partes a nuestra propia imaginación, fue curioso ver como prácticamente todo lo que escribíamos encajaba de maravilla, supongo que es porque tenemos un estilo muy parecido.

P: ¿Por qué en cada una de sus declaraciones insisten en que la idea principal de la película está relacionada con el verbo “volver”? ¿Por qué eligieron como escenario las trincheras de Verdún y la I Guerra Mundial como telón de fondo?

Tudanca: Vivimos en una sociedad de constante cambio, y muchas veces nos aventuramos a mil cosas y mil proyectos olvidando dónde está nuestro centro, nuestro núcleo, nuestro hogar. Por eso me parece una metáfora bonita el querer volver, y tener la Primera Guerra Mundial como escenario es perfecto para sacar toda la moralidad y el sentimiento del ser humano. Saber cuál es el deseo más profundo de nuestros personajes es lo que más nos interesaba, esa lucha por volver.

Caramés: El tema principal de la película es ese, «volver», es una palabra realmente importante tanto para Jorge como para mí, pero creo que tiene un significado diferente para cada uno, algo que se puede ver en nuestras tramas. Para mí «volver» significa luchar, volver a intentarlo, volver a levantarse, la palabra volver quiere decir no rendirse nunca. Algo que se ve en la trama que escribí, ya que el personaje de Nick no para de luchar por aquello en lo que cree, tanto que acaba enredado en una situación de lo más peliaguda. ¿Por qué Verdún y la I Guerra Mundial? Se debe a algo mucho menos romántico de lo que parece. En primer lugar, porque el escenario que teníamos se prestaba a una historia basada en una de las guerras mundiales, y como el cine ya está inundado de películas inspiradas en la II Guerra Mundial, pues decidimos contar una historia basada en la I Guerra Mundial, ya que es un tema menos manido y que nos dejaba margen para ser originales.

P: ¿Pueden deslizar alguna anécdota del rodaje?

Tudanca: Por ejemplo, que el rodaje de esta peli de 2 horas se hizo en 12 días. De esos 12 días, 5 fueron destinados al rodaje en la trinchera, que ocupa más de la mitad de la película; o sea, que os podéis imaginar la intensidad de horarios y tiempos que tuvimos esa semana…

Caramés: Lo cierto es que en un rodaje suceden miles de anécdotas, y agradezco la pregunta porque no es algo que todo el mundo se atreva a preguntar y, sobre todo, porque recordar algunas de las cosas que sucedieron allí me saca una sonrisa. Voy a contar algo que creo que no hemos contado nunca. Sucedió en el momento en el que Jorge y yo estábamos buscando localizaciones para la casa de René (uno de los protagonistas de la película); íbamos en el coche del padre de Jorge recorriendo la zona entre Burgos y Cantabria cuando encontramos una casa de apariencia antigua y aislada del resto del mundo, pero al acercarnos con el coche, vimos como una jauría del al menos veinte perros apreció ante nosotros y entramos en pánico -a Jorge y a mí nos gustan los perros, pero estos no nos daban ninguna confianza-. Lo peor fue que en esa situación tan complicada, no se le ocurrió otra cosa a Jorge que decir: «Esta es la casa que quiero para el rodaje, bájate tu del coche y mira a ver si hay alguien para pedirle permiso». Claro, mi primer impulso fue arrastrarlo a él fuera del coche, pero me di cuenta de que los dos estábamos igual de asustados, así que no me quedó otra que armarme de valor y abrir la puerta del coche; al instante se me acercaron unos cuantos perros, que, para mi sorpresa no eran agresivos, sino todo lo contrario, algunos pedían incluso que los acariciara. En cuanto Jorge vio esto, no tardó ni medio segundo en bajarse del coche diciendo: «¿Ves como no pasaba nada?». Le miré muy serio y al cabo de un segundo ya estábamos los dos riéndonos como niños, así es como estamos siempre.

P: ¿Qué consejos pueden dar a sus compañeros de pupitre que en el futuro también quieren rodar sus cortos y/o películas?

Tudanca: Que nunca abandonen sus ideas y sus sueños por muy difíciles que parezcan. Lo harán mal la primera vez y la segunda, y seguramente la tercera. Pero habrá progresos, y eso es en lo que más se aprende y que no os podrán enseñar en la carrera. Si no probáis y no os lanzáis a la piscina ahora que podéis, tardaréis mucho en hacerlo.

Caramés: Sé que puede parecer un cliché, pero esfuerzo, mucho trabajo y no rendirse nunca. En la vida nos vamos a encontrar con muchos obstáculos, pero si en vez de sentarnos a llorar porque los obstáculos son grandes, nos ponemos a pensar en cómo sortearlos, nos daremos cuenta de que con trabajo y un poco de ingenio, todo se puede sacar hacia delante.

P: ¿Qué significó el estreno, rodeado de la comunidad Nebrija, en los cines Renoir de Madrid?

Tudanca: Fue increíble. Poder vivir el estreno de nuestro proyecto que tantos meses ha llevado crearlo es un honor, mucho más siendo en un sitio tan céntrico de Madrid. Fue maravilloso.

Caramés: Un sueño. Estrenar en Madrid fue algo extraordinario, hacerlo en los cines Renoir, unos cines en los que estamos semana sí y semana también, fue mágico, pero hacerlo de la mano de nuestros compañeros y profesores fue algo que, sin duda, no voy a olvidar jamás. Siempre estaré agradecido a los profesores que hicieron posible nuestro estreno.

P: ¿Es cierto que con su próximo corto quieren aspirar a las nominaciones de los Premios Goya?

Tudanca: Nos gustaría, claro. Tenemos varios guiones, unos que encajan mucho en los Goya y otros que no encajan tanto. Haremos el cortometraje que más nos llene, y ese será llevado a muchísimos festivales a probar suerte. Si llegamos a los Goya será increíble, aunque preferimos dejar que el viento nos lleve e intentar no gafarla (risas).

Caramés: Es cierto, aunque no puedo asegurar que sea el siguiente, lo único que puedo decir con seguridad es que estamos preparando un corto que encaja muy bien en el perfil de los Premios Goya, pero aún no es seguro que sea el siguiente que estrenemos. Tenemos 5 proyectos pensados y un TFG por delante. ¿Quién sabe?, igual acabamos en los Goya o igual volvemos a visitar Eleria, la tierra de nuestro primer largometraje.

P: ¿Pueden contar algo de este proyecto? ¿Cómo va la financiación?

Tudanca: Tenemos varias ideas, desde el thriller psicológico hasta la fantasía medieval de nuevo. Estamos barajando posibilidades, queremos que sea algo totalmente rompedor y que deje al público sin aliento.

Caramés: Podemos contar poco, solo que es un thriller psicológico y que sigue bastante una de las temáticas favoritas del director, la mirada inocente de los niños, aunque desde luego no de la manera que todos imaginan.

P: ¿Cuál sería su particular “escalera hacia la Luna”?

Tudanca: Obviamente mi escalera tiene muchos peldaños, pero coronándola están mis padres, mi hermano, mi pareja y los amigos que siempre están a mi lado para apoyarme en todo lo que hago. Me ayudan a subir poco a poco hacia la Luna.

Caramés: Mi escalera hacia la Luna son todas las personas que me apoyan y que creen en mí, cuando alguien se acerca a decirme que le ha gustado mucho mi trabajo y que quieren ver más cosas, me hacen muy feliz, pero, sobre todo, mi escalera hacia la Luna es mi padre, porque sé que siempre estará mirándome desde arriba y sonriendo orgulloso con cada paso que doy; yo hago cine por él, para que me vea esté donde esté.

Javier Picos / Fotos: Zaida del Río

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