¿Quiénes son nuestros alumnos?

Actualmente, en Global Campus contamos con casi 4.000 alumnos. Cada vez son más los estudiantes que confían en nuestro modelo de enseñanza-aprendizaje y apuestan por uno de nuestros programas. En los dos últimos años, el crecimiento de GCN ha sido exponencial y esto, además de ser un motivo de orgullo y un gran aliciente para seguir mejorando e innovando, supone una gran responsabilidad para el equipo. Por este motivo, nos planteamos la siguiente cuestión: ¿quiénes son nuestros alumnos?

Necesitamos conocer a nuestros estudiantes, porque entendemos que es la mejor forma de ofrecerles lo que buscan. Y la tentación es recurrir a tablas y gráficas que ordenen a nuestros alumnos por su localización geográfica, por su edad, por la facultad en la que están cursando sus estudios… Pero todo eso ha quedado desfasado. Para nosotras no es relevante conocer meras estadísticas, nuestra inquietud va más allá: ¿Qué quieren nuestros alumnos?, ¿qué esperan de su aventura en Nebrija?, ¿qué piensan?, ¿qué les preocupa? Y, muy especialmente, ¿qué sienten?

Parecen preguntas demasiado ambiguas o imprecisas, ¿verdad? Y, evidentemente, su respuesta no es sencilla. Llevamos un tiempo investigando sobre esta cuestión y hemos profundizado en ello con la ayuda del equipo de Hydra. Os adelantamos algunas de las conclusiones que se desprenden de este proyecto y que os contaremos en breve con más detalle:

  • Perfil del alumnado: Obviamente, no se puede reducir a un único perfil. Contamos con un grupo de alumnos numeroso y muy heterogéneo, por lo que una visión general no es suficiente. Queremos conocer los distintos perfiles de nuestro alumnado y para ello necesitamos un prototipado más específico por programa.
  • Exigencia recíproca: Hay un cambio de paradigma en el proceso de enseñanza-aprendizaje online y los alumnos son conscientes de ello. Durante un tiempo, se vendió como “la forma más sencilla de formarse”. Nada que ver con nuestro modelo. Es una formación exigente y, en consecuencia, nuestros estudiantes también lo son. No se conforman con sesiones tradicionales; tienen altas expectativas sobre sus másteres o grados, y nos obligan a estar a la altura que demandan.
  • Tecnología y usabilidad: Las competencias digitales del alumnado son muy variadas. Ser nativo digital o usuario habitual de entornos digitales no asegura un buen manejo de las plataformas virtuales. Hay una curva de aprendizaje y los estudiantes demandan una tecnología caracterizada por la usabilidad y la operatividad.
  • Metodología: Los alumnos valoran muy positivamente el uso de recursos y herramientas que les permitan ir un paso más allá y sacan un gran partido a las herramientas colaborativas.
  • Experiencia: El conocimiento no es el único fin para nuestros alumnos. La interacción con sus compañeros, el networking dentro de la universidad, la aplicación práctica de lo aprendido o la propia experiencia vital son muy valorados por parte de nuestros estudiantes.

 

Un alumnado formado, exigente y con ganas de aprender nos obliga a “ponernos las pilas” y trabajar con mucha ilusión para cumplir unas expectativas que son el verdadero objetivo del equipo de Global Campus.

Seguimos en ello. El reto es grande. El equipo y la ilusión, también.

 

Global Campus Nebrija

Global Campus participa en Edutec 2016

Esta vez tocaba viajar a la Comunidad Valenciana, más concretamente a la ciudad de Alicante, para participar en el XIX Congreso Internacional EDUTEC 2016 sobre educación y tecnología celebrado del 9 al 11 de noviembre en la Universidad de Alicante. Este congreso es considerado uno de los más importantes a nivel nacional e internacional en el ámbito de la tecnología educativa en el cual académicos, profesionales, investigadores, educadores, directivos, etc. de esta área, intercambiaron los más recientes avances en esta temática.

Del equipo Global Campus nos trasladamos Leire Nuere y yo (Patricia Ibáñez) para exponer la comunicación y  publicación del artículo “Y tú, ¿qué sabes de Global Campus Nebrija?”. Esta presentación, al igual que todas las demás, duró 7 minutos por lo que dimos unas pinceladas generales del trabajo realizado, es decir, del proyecto educativo, tecnológico y colaborativo en e-Learning de la Universidad Nebrija y, además, el rol que desempeña como unidad transversal y de innovación, así como de formación a distancia y semipresencial.

Eductec 2016
Leire y Patricia en Edutec 2016. Fuente: GCN.

 

Sin embargo, para que lo conozcáis un poco más y de una forma más detallada, en la primera parte se expusieron los resultados de la investigación sobre modelos de organización de unidades encargadas de gestionar las tecnologías educativas, del nuevo perfil de aprendiz en la era digital, así como de tendencias en trabajo colaborativo. De la misma manera, se realizó una breve introducción de los inicios de la educación online de la Universidad para, seguidamente, centrarse en el nacimiento del departamento Global Campus Nebrija, así como sus principales hitos tales como la elaboración de la Guía Global Campus Nebrija, la metodología de los programas e-learning y b-learning y el profesorado que cimenta este tipo de enseñanza.

En la segunda parte, se explicaron los proyectos de innovación tecnológica que desarrollamos en colaboración con otros departamentos, como Methodology Integrative Review (encargado de investigar la mejor forma de aplicar la tecnología desde el punto de vista metodológico), Global Languages (enseñanza de idiomas accesible para toda la Comunidad Nebrija), Videotutoriales (para conocer el funcionamiento de algunas de las herramientas más utilizadas), Digitizing GCN (actualizar contenidos y que tengan un diseño atractivo, innovador y que favorezca la interacción del estudiante con la materia), Odysseus (búsqueda de recursos por parte de estudiantes y profesorado de cursos e-learning y b-learning), Procedures (registro de todos los procedimientos que afectan a la labor del departamento) Academic Branding (crear la Marca Académica de GCN con la elaboración de investigaciones), Pedagogical Engineering (Definir y diseñar la parte pedagógica de los nuevos programas b-learning), entre otros.

¡El congreso espectacular! Un cartel inmejorable. Expertos de reconocido prestigio a nivel nacional e internacional como Jordi Adell, Julio Cabero, Alejandro Piscitelli, Mercè Gisbert, Francesc Pedró, Floriana Falcinelli, entre otros, compartieron con los participantes sus conocimientos y experiencias e invitaron al público (más de 500 personas inscritas en la modalidad presencial y alrededor de 1000 en la modalidad virtual) a continuar trabajando para mejorar el futuro de la educación utilizando la tecnología.

Hubo paneles donde se debatía la definición de competencia digital, si el actual alumnado debía considerarse nativo digital o si al profesorado hay que enseñarles a ser competente digital o competente digital innovador. Los “rifirrafes” entre las personas expertas hicieron que estos debates puramente académicos fueran más amenos e interesantes. Mientras escuchabas lo que decían, reflexionabas y sacabas tus propias conclusiones y a la vez compartías por Twitter los comentarios pensabas: ¡quiero que no termine! Como os digo, ¡impresionante!

También hubo momentos más distendidos como las horas del café y las comidas donde podías charlar con colegas de otras universidades sobre diversos temas relacionados con la tecnología. Sin embargo, no debemos olvidar que nos encontrábamos en la tierra de la música (se dice “en cada valenciano hay un músico”) pues en el congreso no faltó la actuación musical de un cuarteto de cuerda en el ayuntamiento de San Vicent del Raspeig (donde se ubica la propia universidad) y la actuación de la escuela de danza la Nucía en el auditorio de esta misma localidad.

En definitiva, las tres jornadas de este congreso nos dejaron muy buen sabor de boca que esperamos repetir el año que viene, en la capital chilena. Como dice la canción:“Volando voy…”.

 

Patricia Ibáñez

Gestora de programas y responsable de Academic Branding en GCN

¿Habré conseguido ser una eTeacher?

Echo la vista atrás y recuerdo cómo me enfrenté al mes de septiembre. Siento una pesada carga en mis espaldas. Estoy en la recta final del curso eTeacher – Enseñanza elearning, organizado por Global Campus Nebrija, durante los meses de verano, y he de compaginarlo con la organización de mis clases presenciales para este primer cuatrimestre.

Tengo sensaciones encontradas. El curso eTeacher finaliza, ¡bien!, pues ha supuesto una carga grande de trabajo y pienso que, por fin, podré respirar, pero…, hay tanto que no he podido aprender…

Aunque no tenía una idea preconcebida del curso (solo sabía que avanzar en mi formación como docente online era lo que quería), su enfoque como un producto digital me ha sorprendido.

Se trataba de reflexionar desde un principio sobre el curso de nuestros sueños, o como algún compañero dijo en un foro, “El curso que nos ha quitado el sueño”. ¿Cuál es la persona estudiante interesada en él?, ¿cuál es nuestra propuesta de valor y qué metodologías de enseñanza online me permitirían aprovechar al máximo la tecnología existente?; pero, incluso, llegar más allá: ¿seremos nosotros el profesor más adecuado para impartir este curso?

Chef viajera_Gloria ZarzueloActividad user-persona realizada por Gloria Zarzuelo. Fuente: Gloria Zarzuelo.

 

Una vez fijadas estas premisas, tocaba remangarse y ponerse manos a la obra. Fue el momento más tecnológico, donde tocó “cacharrear” con diferentes herramientas (de generación de contenido y de colaboración), para saber a cuál sacar más partido en función de los objetivos de aprendizaje: desde realizar un storyboard del curso, hasta compartir documentos o hacer videocomentarios, videopíldoras y videodemostraciones.

Así llegamos a la novena semana del curso. Era momento de centrarse en cómo evaluar a los estudiantes y cómo retroalimentar sus aportaciones. Pusimos en práctica herramientas de evaluación como las rúbricas (integrada en Blackboard) y el análisis textual de mensajes en foros. Alucinante descubrir herramientas como Meaningcloud, que ofrecen la posibilidad de analizar un texto y procesarlo semánticamente, con el objetivo de extraer el significado de las conversaciones que importan.

Para poner la guinda al pastel, hemos trabajado con la opción de crear un portafolio, para incluir los trabajos académicos del estudiante, pero también para dejar volar su imaginación a modo de diario personal, como muy bien supo reflejar nuestra compañera Saida.

La parte final del curso, estuvo dedicada a las tendencias: inteligencia artificial, ludificación, curación o neurociencia, son solo algunos desafíos de la educación online.

¡Ha sido una experiencia increíble!, y me encuentro ahora dándole la vuelta a la tortilla, queriendo aplicar la cantidad de conocimientos que he absorbido durante estas semanas de formación en enseñanza elearning, a mis clases presenciales: flipped classroom, juegos en el aula, rúbricas para evaluación, etc., etc., etc.

No quiero despedir mi aportación bloguera sin dar las gracias a GCN por esta oportunidad de formación; a Justo Hidalgo, gran maestro que nos ha guiado a lo largo de este proceso con profesionalidad, generosidad, diversión y, suspense; a mis compañeros, cuyas intervenciones han permitido crear una comunidad pionera, que ha compartido descubrimientos y buenas prácticas para consumo masivo por todos nosotros.

 

Gloria Zarzuelo

Ingeniero Industrial 

Profesora de la Escuela Politécnica Superior

Ya estoy matriculad@, ¿y ahora qué?

Octubre no es un mes como los demás para Global Campus. Muchos de los programas de Nebrija que se imparten en modalidad online o semipresencial comienzan durante estos días. Los alumnos, después de haber buscado información por distintos canales y haber valorado diferentes opciones, se matriculan en su grado, máster o programa superior y… ¿Ahora qué?

Sabemos que para los estudiantes es un momento en el que se mezclan la ilusión, las ganas de aprender y la incertidumbre. Es normal que surjan las dudas: ¿Tendré buenos profesores? ¿Llegaré a entregar todas las actividades? ¿Aprobaré los exámenes? ¿Seré capaz de manejar la plataforma? Ya os adelantamos que la respuesta a todas esas preguntas es SÍ.

Todo el equipo de Global Campus se esfuerza para que el alumno se sienta como en casa desde el primer momento, pero lo cierto es que el primer contacto con las plataformas digitales puede generar cierta inseguridad. Aunque los estudiantes estén habituados a utilizar la tecnología y diferentes entornos digitales, es evidente que se requiere de una pequeña curva de aprendizaje para familiarizarse con Blackboard o el portal del alumno. ¿Es difícil? No. ¿Lo parece? Pues, lo cierto es que sí. Pero, ¿no sucede lo mismo cuando nos enfrentamos a algo nuevo?

Para salvar este pequeño gap inicial, el equipo de Global Campus tiene un rol muy activo desde el comienzo del programa:

  • Ya en la sesión de bienvenida, acompañamos a la dirección académica para explicar a los alumnos cuáles son las plataformas Nebrija, para qué sirven y cómo pueden interactuar con ellas.
  • En los módulos de coordinación habilitamos un curso de manejo de Blackboard que incluye:
    • Guía de plataformas
    • Netiqueta Nebrija
    • Actividad de prueba
    • Foro de prueba
    • Videoconferencia de prueba
  • Además, las gestoras resolvemos las dudas o incidencias que les van surgiendo a los alumnos de nuestros respectivos programas.

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Por lo tanto, en Global Campus trabajamos para que esa impresión inicial de “estar sol@ ante el peligro” no sea más que eso, una breve sensación. Algo parecido a vencer los nervios que nos atacan al esperar en la cola de la montaña rusa… “¿Quién me manda a mí meterme en esto?” Pero llega el momento, se pone en marcha y… Toca disfrutar.

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Si eres alumn@ de nueva incorporación, y aunque te hayas encontrado algún problema inicial, queremos decirte que no estás sol@. Siempre habrá alguien al otro lado de la pantalla para acompañarte en este viaje. Ya eres parte del equipo Global Campus: COMIENZA LA AVENTURA.

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María García

Gestora de programas y Responsable de Marketing Digital

Sobre narrativa digital o por qué se aburre nuestra audiencia

La nueva palabra sagrada es hoy la inglesa storytelling, que se ha unido a otras muchas que cumplen una función efímera pero altamente narcotizante: pareciera que, adoptando una jerga “profesional”, nos apropiásemos de un conocimiento prestigioso, de las llaves (por así decirlo) del mágico cofre de los iniciados. Los ejemplos son multitud y seguro que los conocen (spin doctors, networking, storyline, timing, blearning, framing…) y han llegado, me temo, para quedarse. Así que hablaremos aquí de storytelling, una palabra vetusta en realidad, pero que señala con cirujana precisión la naturaleza de cualquier mensaje, incluido el docente o académico, y más aún en las esferas concéntricas del elearning, otro afamado concepto de autoridad.

Si recurrimos a nuestro viejo castellano (español, le dicen ahora), todos sabemos que hablamos en realidad de una de las actividades más antiguas del mundo: narrar, contar cuentos, estremecer a una audiencia detenida entre la hoguera y las palabras del juglar. Y de eso se trata porque de eso se trató siempre: de contar una historia, y a ser posible una buena.

Las infinitas formas del relato

Si hacemos caso a los que saben, hábito harto recomendable, las infinitas formas del relato han estado presentes siempre, en todo lugar y compañía, aunque es ahora cuando, un poco pomposamente, se habla ya de una “era del relato”, incluso de un “nuevo orden narrativo” [1].  Sea cierto o no, este auge de la narratividad nos permite regresar a lecciones que no por viejas resultan menos aprovechables, y que se aúpan ahora por encima de nuestras cabezas impulsadas por lo digital, ese lugar imaginario donde se cumple, por fin, el Aleph borjiano, pues es en lo digital (en la Red) donde se concreta ese “lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos” [2].

La oportunidad aparece ahora bajo el poderoso mantra de la novedad, categoría que tiene al menos la virtud de atraer la atención y que debemos aprovechar para hacernos esas preguntas que zumban a menudo por debajo de los debates sobre enseñanza, pero que tardan en posarse. ¿Qué hacer, entonces, con el storytelling? ¿Cómo emplearlo para enseñar mejor? Y más aún: ¿cómo hacer que nuestros escritos, apuntes o clases cuenten de veras una buena historia?

El transmedia storytelling o la inevitable levedad de los formatos

Ya sabemos que las plataformas de enseñanza digitales hace tiempo que nos ofrecen posibilidades, si no infinitas, si lo suficientemente diversas como para zambullirnos con alborozo en su potencial didáctico. Pero quizá convenga recordar qué diablos significan esos conceptos que manoseamos todos sin ton ni son y que pretenden definir caminos nuevos y lozanos, por ejemplo transmedia storytelling. Desde que Henry Jenkins la utilizara allá por 1991 en una conferencia de la Universidad del Sur de California, la palabra “transmedia” ha servido para referirse a las novedosas experiencias narrativas que han venido a luchar, con notable éxito, contra la rutina de la narración y de nuestros usos de ocio, académicos o cotidianos, lo que implica por supuesto crear hábitos nuevos. Así que no hay, aquí, velo de Isis alguno, ni arcano misterio detrás de tan florida y sonora construcción: al hablar de transmedia storytelling, simplemente nos referimos al modo de contar una historia, o más exactamente a los diversos soportes y formatos que empleamos para ello en el océano de las nuevas tecnologías. Si lo traducimos al específico campo de la enseñanza electrónica, se trataría de crear contenidos docentes o educativos mediante el uso de herramientas que los alumnos emplean ya con profusión en su vida cotidiana.

Afortunadamente, este uso intensivo y compulsivo en los entornos digitales de los malllamados “nativos” nos ahorra la tarea de normalizar la experiencia de aprendizaje en el sistema hipertextual o multiformato de los entornos internéticos. Nuestra labor deberá, por el contrario, centrarse en entender los entresijos de la narración (de cualquier narración) para poder plantearles un verdadero trayecto narrativo, es decir, aportarles las claves de la historia que queremos que recorra y en la que él (y he aquí la clave) debe ser el héroe del recorrido o la aventura.

Surge aquí, por supuesto, un nuevo interrogante, pues son muchas las formas narrativas practicadas desde el albor de los tiempos: ¿cuál elegir? ¿Cómo narrar? Así que nuestro primer esfuerzo deberá estar en la puesta a punto, como lectores, de nuestros conocimientos y experiencias sobre la narración digital y del control (hasta donde sea posible) de los fascinantes entornos tecnológicos, de los que el bueno de Arthur C. Clark decía que eran “indistinguibles de la magia” [3].

De lo analógico a lo digital: ¿ruptura o continuidad?

En nuestro empeño por conocer las herramientas necesarias para una narrativa digital eficaz, los profesionales de lo digital, y más aún los profesores o docentes de entornos online, nos enfrentamos a una bonita paradoja: ¿es todo lo nuevo una ruptura? O, lo que es lo mismo: ¿implica lo digital una ruptura con las anteriores formas narrativas? En torno a esta pregunta de mayor complejidad de lo que aparenta, se han vertido ya ríos de tinta (digital, por supuesto), pero conviene quizá recordar que, al hablar de narrativa, son varias las cartas que el cuentista o tahúr puede poner sobre el tapete. Por un lado, parece obvio que la narración aristotélica, fundamentalmente lineal y tripartita, no es un camino que los entornos digitales puedan o deban transitar mediante el recurso de la pura emulación, pues son ya muchas las experiencias que transgreden o trascienden los conceptos de cohesión o linealidad narrativa, y ha sido precisamente el terreno digital el que, por medio de sus creaciones artísticas específicas (software art, media art, net art, digital art, etc.), ha conseguido abrir espacios que el mantra aristotélico no podía contener.

Superada hace tiempo la tensión entre texto e imagen por contextos de simultaneidad o multidisciplinariedad [4], los nuevos espacios digitales generan una aproximación diferente al conocimiento, una en la que la presencia de elementos visuales exige una doble interpretación, a la vez temporal y espacial. Pero no hay aquí, me temo, primicia o descubrimiento, pues los elementos de la narrativa digital o del transmedia storytelling son, de hecho, herederos de experiencias creativas bien longevas, que van desde la antiquísima combinación entre imagen, texto y número del I Ching hasta Rayuela, pasando por el Tristan Sandy de Sterne o incluso el Vonneguth de Matadero 5. En todas estas obras, así como en otras muchas, la escritura, el texto, presentan una naturaleza fragmentada y combinatoria donde la ruptura de la cronología rompe la tríada del relato clásico (introducción, nudo y desenlace) para abrirse a un abanico de posibilidades e interpretaciones infinito.

Lo interesante está en que los espacios digitales o, más puramente, informáticos, se ajustan con perfecta simetría a esta ruptura de los relatos clásicos de conocimiento, y se definen de hecho con aquellas categorías que encarnan las experiencias creativas de narración disonante ya mencionadas, junto a otras muchas: fragmentación, necesaria interacción con el sistema, disposición aparentemente aleatoria de la información… Hay pues, dos elementos destacables en las narrativas digitales: manipulación de la estructura temporal o secuencial y supeditación del relato al espacio de navegación.

¿Y la enseñanza? O de como por fin el Rey está desnudo

Como suele ocurrir, el secreto está en que… no hay secreto. O al menos nada que no se sepa y se haya dicho con anterioridad. Sí hay, creo, una verdad manifiesta: narrar de una manera diferente implica necesariamente apostar por otro tipo de mensaje, lo que nos lleva rápidamente a la siguiente y más relevante cuestión: ¿cuál puede o debe ser este mensaje?

Mi propuesta es heredera, necesariamente, del barthiano contexto de no autoría [5] trasladado al ecosistema educativo en general, y en especial al elearning o enseñanza digital. ¿Y qué implica exactamente? Fundamentalmente, desprenderse de dos instituciones o tics ampliamente extendidos entre la comunidad académica docente: la suposición a priori de la auctoritas y el afán de linealidad de cualquier programa académico.

A pesar de sus imperfecciones discursivas, vivimos ya en la era de la “democratización tecnológica” [6] donde, nos guste o no, la propia pragmática de la Red deshace poco a poco la antigua polaridad entre un centro emisor activo y la pasividad de los receptores. La Universidad es, de hecho, especialmente sensible a esta circunstancia, tanto desde la perspectiva del propio cuestionamiento de su función real como centro prestigioso de interpretación del mundo como desde el punto de vista de la propia actividad docente, que cada vez tiene más difícil justificarse a sí misma por los solos usos de la inercia académica. Mal que pese a muchos, en lo digital no existen tarimas desde las que hablar a una audiencia acongojada por su propia situación de inferioridad espacial, y la multiplicidad de espacios críticos de conocimientos expone nuestra labor docente (no hablo aquí de la investigadora) a un escrutinio múltiple y en realidad más severo y desenmascarador: por fin, y afortunadamente, existen las condiciones para que el Rey se contemple a sí mismo en su propia y desasosegante desnudez.

Al mismo tiempo, hemos de ver la tecnología como una oportunidad para cuestionarnos nuestra propia habilidad para establecer relatos didácticos eficaces, y abandonar las ridículas visiones pesimistas sobre nuestros alumnos. A pesar de los pesares, los datos (la experiencia) indican que la recurrente queja sobre la falta de compromiso de aquellos con su formación, así como sobre su pobre nivel educativo y discursivo, no son más que cantos de sirena de una clase, la de los profesores, vestida con hábitos polvorientos y que repite los dogmas de todos nuestros mayores. A nadie escapa que es propio de quien abandona la juventud quejarse de la generación que lo persigue y que inevitablemente acabará por arrebatarle “su sitio” a la derecha del Padre Redentor. En este sentido, hace mucho que la excelencia académica aparenta ser poco más que un baldío y narcisista ejercicio de autoencumbramiento.

Pero no es así, absortos en la contemplación de nuestro propio currículum académico, como convertiremos nuestros cursos o talleres en aquello que los alumnos demandan y necesitan. Será, en cambio, desde el abandono del dogma docente como lograremos implicar al alumno en su propio recorrido de aprendizaje. Para ello, para aprovechar en su extraordinaria potencialidad los espacios internéticos, debemos invertir tiempo y dinero en aumentar, profundizar o expandir nuestras competencias digitales, y entender y profundizar en el trayecto que las ideas, y la narración, han recorrido desde sus lejanos inicios en alguna cueva del Pleistoceno. Porque sólo narrando (ensayando cuentos, reportajes, artículos, piezas de narración audiovisual…) se aprende a narrar, y a nadie escapa que, al igual que no es lo mismo leer que aprender leyendo, no puede ser lo mismo escribir (o narrar), que enseñar escribiendo.

Los profesores tenemos también otra segunda tarea, mucho más difícil de acometer, pero sin duda provechosa: debemos entender que los currículum académicos, plagados de trayectos, bibliografías, requisitos y otras miserias, son solo un punto de partida, un marco en el que estructurar las distintas posibilidades del mucho más amplio recorrido del aprendizaje, un mínimo necesario pero nunca un máximo evaluativo que haga las veces de una suerte de techo de cristal que nos protege, sí, pero que traiciona el más honorable propósito de la enseñanza y de nuestra actividad como docentes, que aparece escondido en las sabias palabras de Benjamin Franklin con las que cierro este incómodo alegato: “Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo”. Porque narrar, señoras y señores, es involucrarse.

Rubén Sáez

Rubén Sáez Carrasco

Profesor de narrativa digital

[1] Salmon, C. (2008): “Storytelling. La máquina de fabricar historias y formatear las mentes”. Editorial Península. ISBN 9788483078358.
[2] Borjes, J. L. (2006): “Ficciones”. Alianza Editorial. ISBN 9788420666563.
[3] C. Clarke, Arthur (2000): “Profiles s of the Future: An Inquiry into the Limits of the Possible”. Phoenix (an Imprint of The Orion Publishing Group Ltd). ISBN: 9781898801214.
[4] Mitchell, W. J. T. (1995). “Picture Theory. Essays on Verbal and Visual Representation”. Chicago: U of Chicago P. ISBN: 9780226532325,
[5] Barthes, Roland (1987): “La muerte del autor”, Paidós, Barcelona.
[6] González Dïaz, Paloma (2013): “Prácticas artísticas digitales y tecnologías de control y vigilancia (2001-2010)”. Tesis doctoral. http://www.tdx.cat/handle/10803/130965

Más allá de la anécdota

Mi experiencia como profesor de programas online es muy positiva. Es un desafío poder utilizar toda la capacidad tecnológica de la plataforma BlackBoard para enseñar economía y que esto no solo facilite mis explicaciones sino que cree en el alumno una curiosidad especial por el tipo de metodología docente aplicada.

Un ejemplo muy concreto podría ser el que se da en mi asignatura de macroeconomía, donde además de utilizar las clásicas herramientas online de videoconferencias, foros, chats o wikis, se emplean datos económico-financieros en tiempo real mostrados directamente al alumno a través del escritorio del ordenador del profesor (compartir escritorio con Thomson Reuters Eikon). Esto permite explicar, por ejemplo, el concepto de hiperinflación mientras se muestran gráficos del IPC general y subyacente de Zimbabue en serie temporal. Es evidente que de esta manera los conocimientos se afianzan con mayor facilidad, pero además la herramienta tecnológica utilizada crea admiración en el alumno, quien termina por mostrar mayor interés por la asignatura.

Muchas veces cuando me preguntan si echo de menos la metodología docente de la modalidad presencial en mis sesiones virtuales, siempre digo lo mismo: echo en falta en mis clases presenciales la metodología online.

 

Carlos Poza

Profesor Director del Grado en ADE

Nuevas aportaciones en el terreno de la educación mediática

¿Cómo transformar el mundo a través de la educación?, ¿cuál es la educación y la escuela que quieres? La respuesta a estas preguntas lleva a Cristina Villalonga, directora de Organización, Metodología e Innovación Docente de Global Campus, de nuestra Universidad, junto a otros profesionales del ámbito educativo, Carlos Escaño, María Encarnación Alises y Marcos Gutiérrez, a elaborar un proyecto educativo colaborativo, basado en la creación artística audiovisual, cuyo título, Crea y Educolabora!, aparece recogido en el libro de reciente incorporación a nuestra Biblioteca, Los territorios de la educación mediática.

Esta interesante contribución, junto a la variedad de experiencias de otros autores recogidas a lo largo de los numerosos capítulos de esta obra, nos ayuda a tener una visión general del estado actual de la educación mediática en los diferentes niveles del sistema educativo español, a la vez que pone de relieve las inquietudes de los profesionales que trabajan en este ámbito -prioritario en el momento actual- y comparten el objetivo de formar a la ciudadanía para un uso crítico de los nuevos y clásicos medios de comunicación.

Las experiencias incorporadas con la participación de Cristina Villalonga ponen asimismo de manifiesto la importancia de la promoción del aprendizaje en grupo, mediante estrategias asociadas a las nuevas corrientes del conectivismo, del aprendizaje en red e invisible, entre otras, así como la conveniencia de situar en el centro de la metodología el desarrollo de los procesos de creación, planificación, producción, distribución y el aprendizaje colaborativo.

Esta obra actualiza las sinergias entre la comunicación y la educación, en cuyo campo se ha avanzado mucho pero también queda bastante por hacer. Nunca como ahora se ha percibido mejor la necesidad de que en las instituciones académicas, desde la educación infantil hasta la universitaria, se integre el aprendizaje de la educación mediática para lograr un sentido crítico y creativo, con el fin de analizar y producir mejor los mensajes en la sociedad actual.

Si estás interesado en explorar estos territorios en tu práctica del día a día, encontrarás en estas experiencias y estudios una gran variedad de propuestas, útiles, motivadoras y bien planteadas. Este libro está a tu disposición en la Biblioteca del Campus de la Dehesa de la Villa o localízalo a través del Catálogo-OPAC ~ Web Portal de la Red de Bibliotecas.

Cristina Palma

Servicio de Biblioteca

Formación online: ¿Quién hay detrás de la pantalla?

La formación online y semipresencial (también llamada blended) tiene importantes ventajas para alumnos y profesores: a través de una tecnología potente y de una sólida metodología, rompemos las barreras espacio-temporales y conseguimos una formación de calidad tanto a nivel teórico como práctico, una comunicación ágil y un eficaz soporte técnico, metodológico y de gestión.

Uno de los principales desafíos para Global Campus es conseguir que el alumno tenga presente en todo momento que detrás de este modelo en el que tanto creemos, hay personas. Siempre. Los profesores imparten sus materias, pero también hacen un seguimiento cercano del alumno y están a su disposición para resolver sus dudas y responder a sus comentarios. Los directores de programa (respaldados por los decanos de las facultades) velan por el rigor académico de las materias. Las gestoras de programa acompañan al alumno y resuelven incidencias técnicas y cualquier cuestión que le surja al alumno, o derivan a la persona indicada del departamento correspondiente: Secretaría General de Cursos (SGC), Sistemas, secretarías académicas… En definitiva, todo el engranaje de la universidad (tanto físico como digital), funciona cada día por y para el alumno.

¿Y cómo es el aterrizaje de un alumno en Global Campus?

Cuando el estudiante ha cerrado su matrícula, recibe un email de la gestora del programa con las instrucciones de acceso al campus virtual. Allí encontrará un curso de bienvenida en el que se explican de forma muy sencilla las herramientas y opciones de la plataforma. Así, el alumno comienza a interactuar con su entorno virtual y con el equipo que está (estamos) detrás de él.

Desde Global Campus conjugamos tres factores para lograr la calidad formativa que buscamos y que exige una universidad como Nebrija:

  • Trato personal: La cercanía es lo que da valor a lo demás. Un gran modelo de enseñanza-aprendizaje no es excelente si detrás de la pantalla no hay alguien que atienda al alumno con profesionalidad y una sonrisa.
  • Metodología: Global Campus ha desarrollado una metodología propia, sólida y exigente que fue avalada por Cátedra Unesco el pasado mes de julio.
  • Tecnología: Contamos con una plataforma virtual muy potente: Blackboard Learn. Prestigiosas universidades de todo el mundo la utilizan por su versatilidad y robustez.

El desafío es grande, pero nuestra ilusión es mayor…

 

Global Campus Nebrija