Juan Enrique Soto, creador del método VERA, defiende la relevancia de la psicología criminalista

Juan Enrique Soto, creador del método VERA, defiende la relevancia de la psicología criminalista

De elaborar los psicotécnicos para el carné de conducir a crear la Sección de Análisis de Conducta en la Policía Nacional y el Método VERA de perfilación psicológica de agresores desconocidos hay una trayectoria vital de trabajo duro, vocación de servicio público y de amor y respeto a la psicología. Juan Enrique Soto, autor del libro Vivir en el asombro: memorias de un psicólogo criminalista (Tecnos), habló con Nicolás Marchal, director del Departamento de Seguridad y Defensa de la Universidad Nebrija, sobre sus pesquisas en casos que se convirtieron en mediáticos y sobre otros lances psicológicos.

Antes de llegar a esos sucesos, Soto se refirió a sus primeros años en el Grupo de Homicidios de Las Palmas de Gran Canaria donde tuvo sus primeros rifirrafes con la prensa cuando un medio publicó su nota interna sobre su investigación de la hospitalización de la supermodelo Naomi Campbell por sobredosis de barbitúricos tras una discusión con su pareja, el bailarín Joaquín Cortés.

Otro ejemplo fue cuando un periodista, a pesar de pedirle Soto que no lo hiciera, publicó información sobre el dispositivo policial para apresar al llamado `violador del monte´ que había agredido a mujeres todos los días de la semana. No pudo detenerlo. El analista de la conducta criminal usó este caso para explicar el “enigma” de cómo funciona la memoria porque diez años después una de las mujeres “vio” a su agresor en el autobús y otra de las agredidas lo reconoció en una foto policial. “Luego el ADN demostró que no era él. ¿Qué elementos tenía ese hombre en su fisonomía que despertaron el recuerdo de dos personas que lo señalaban sin lugar a dudas como culpable? El éxito policial se convirtió en fracaso policial”, contó.

Juan Enrique Soto y Nicolás Marchal

Placa número 78840

En su etapa canaria hubo 114 detenidos y 794 casos esclarecidos. Su cabeza ya estaba creando el método VERA, aunque él todavía no era consciente de ello. Orgulloso de su placa policial número 78840, “un pequeño artificio metálico dorado con un poder y una responsabilidad enormes”, hubo sucesos que lo marcaron como el de la chica que murió por una agresión sexual cuando había ingerido medicamentos con intención de suicidarse y estaba inconsciente en un parque.

De los 26 años en la Policía Nacional, Juan Enrique Soto ejerció 23 de psicólogo. Sigue “viviendo en el asombro” y demostrando que nuestra complejidad como seres humanos depende de la mochila genética y del desarrollo personal, dos elementos “indivisibles”. Sin dejar de lado su respeto por otros oficios, afirmó, durante su coloquio en la Universidad Nebrija, que profesiones como la de policía, bombero o médico trabajan “con el sufrimiento ajeno y eso genera un coste” que “no todo el mundo” puede asumir.

“Yo no tenía vocación de policía, pero desde el primer día el trabajo te genera una vocación de servicio público que tiene una intensidad enorme”, dijo ante los estudiantes de Criminología.

coloquio con Juan Enrique Soto

Diez años de tesis doctoral

El caso del ‘violador del búho’ da cuerpo al método VERA que reúne todo tipo de conocimientos científicos que ayudan en la elaboración de los perfiles psicológicos de delincuentes violentos desconocidos. Juan Enrique Soto lo desarrolla después de darle vueltas diez años con una tesis doctoral. Los cuatro pilares de este camino responden al acrónimo: V de víctima, E de escena del delito, R de reconstrucción del delito y A de autor del mismo. Las fases de recopilación de datos, de realización de interferencias, y de la elaboración de hipótesis conducen a los perfiles psicológicos de agresores.

“La investigación tradicional descansa en los indicios físicos, son los únicos que pueden probar unos hechos, eso no puede cambiar, pero no siempre se resuelven los casos, hace falta ese algo más que puede proporcionar la psicología. Lo físico consigue las condenas y lo psicológico intenta comprender qué ha pasado e incluso te da la oportunidad para buscar nuevos indicios”, comentó durante el coloquio con Nicolás Marchal.

Caso José Bretón

El caso José Bretón se convirtió en otro de los sucesos de alta tensión mediática y social. Juan Enrique Soto comentó la llamada que efectuó Bretón a la policía denunciando la desaparición de sus hijos Ruth y José, de seis y dos años, en un parque. La Audiencia Provincial de Córdoba condenó el 22 de julio de 2013 a José Bretón a 40 años del delito de asesinato de los niños.

“No hay modo de decir en esos primeros segundos de la llamada si lo que dice es falso”, comentó. Hay ansiedad, emociones y miedo, pero luego este desaparece y surge el “cabreo” con el interlocutor que le pide datos. “Las emociones nos dan muchas pistas, la emoción puede ser esperada y expresada. Puede que la emoción no aparezca cuando sería coherente que lo hiciera y, si aparece la emoción que esperas, hay que analizar si es verdadera o no”, clarificó.

En este tipo de investigación, al final todo es una cuestión de “pericia” en la que cuenta el entrenamiento del análisis sobre los movimientos del cuerpo, la expresión facial, la longitud de las frases o el uso del vocabulario.

José Bretón no saldrá de la cárcel de Herrera de la Mancha hasta previsiblemente 2036. Para Soto, es complicado” que reincida porque no tendrá las motivaciones similares a cuando cometió el delito. Otro tipo son los agresores sexuales. El 20 % de los que salen de la cárcel “vuelven a cometer crímenes, tienen pulsiones que permanecen”. Otra forma de mirar esa realidad es que ocho de cada diez se reinsertan.

Reacciones del cerebro a un estímulo

Juan Enrique Soto y su equipo también procedieron a analizar la información y ordenarla del caso Marta del Castillo, la joven desaparecida en 2009, aunque entraron en escena cuando ya la investigación estaba cerrada. No obstante, explicó, “simplificando mucho”, cómo en una prueba que mide las ondas cerebrales pudo comprobar cómo el cerebro de Miguel Carcaño, el autor confeso del crimen, reaccionaba ante un estímulo concreto, la imagen del estercolero de Camas. Allí los investigadores creyeron que estaba el cuerpo, además el propio Carcaño lo confesó. El cuerpo de Marta del Castillo sigue en paradero desconocido. Para Soto, la fuente de información del asesino confeso está ya “rota”.

Soto y Marchal Nebrija

A la investigación de la Operación Candy para atrapar al pederasta de Ciudad Lineal, condenado en 2017, acudió el equipo de Juan Enrique Soto sin esperar a que los llamaran y “no fuimos bienvenidos”. En este caso elaboraron dos VERA dividiendo las agresiones. El segundo reforzó el primero. No obstante, los investigadores que lideraban el proyecto pidieron un perfil al FBI. “Nosotros hicimos el nuestro y eran clavados, para nosotros fue muy importante que encajaran y también supuso una demostración de que la psicología era capaz de plantear sugerencias a los investigadores”.

Juan Enrique Soto, coordinador del Máster Universitario en Investigación Criminal de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), criticó que el tratamiento mediático a estos asuntos “sigue apurando mucho los límites” para conseguir audiencia y captar la atención.

La intuición y su valor

A preguntas del público, el psicólogo policial habló de la intuición en la investigación de un crimen. “Le doy mucho valor, pero científicamente no sabemos lo que es. Sirve para ponerse en marcha, aunque luego la experiencia nos dirá si estábamos acertados”.

Libro `Vivir en el asombro´

Muchos temas se quedaron en el tintero y mucha tinta no corrió por los temas tratados, pero para eso está el libro Vivir en el asombro: memorias de un psicólogo criminalista.

Texto: Javier Picos. Fotos: Oliver Heras

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