Noticias
Adela Medrano, pionera del cine industrial: “No me puedo quedar sin combustible”
La Cátedra Nebrija-EGEDA-Platino Educa en Cine, Mujer y Educación (CIMUED) acoge la presentación de un libro sobre la primera mujer doctora en Ciencias de la Información en España
Las investigadoras Amaia Zufiaur y María del Pilar García Herrador rescatan en un libro de Ediciones Complutense la trayectoria profesional de Adela Medrano (Barcelona, 1935), referente audiovisual y universitario, periodista, pionera del cine industrial y primera mujer doctora en Ciencias de la Información en España. Con emoción, compartiendo sus recuerdos, unos más precisos que otros, aunque todos preciosos, Medrano comparte tertulia con las autoras y el público de toda condición que acude a escucharla en un acto organizado por la Cátedra Nebrija-EGEDA-Platino Educa en Cine, Mujer y Educación (CIMUED) en la Facultad de Comunicación y Artes. “No me puedo quedar sin combustible”, advierte al final del acto en una muestra de generosidad, agradecimiento y pundonor por una vida plena.
“Todo implica algo grande, también el estar aquí y ahora con un libro muy bien hecho; doy las gracias a quien se haya dedicado a escucharme cuando a veces yo ni me escucho a mí misma. Me gustó lo que hice, he sido afortunada”, resume entre sonrisa y sonrisa ante su hijo, el productor Antonio Saura Medrano; Nicolás Grijalba, director del director del Departamento de Comunicación de la Facultad de Comunicación y Artes; Jesús Ponce, director de Ediciones Complutense; Amaia Zufiaur y María del Pilar García Herrador.
Precisamente, las autoras del libro Adela Medrano. Una vida brillando en el cine industrial y la academia, fruto de la investigación en la Universidad Autónoma de Madrid y la Filmoteca Española, elaboran “un ejercicio de recuperación histórica y reconocimiento que combina rigor académico y sensibilidad hacia el legado de las mujeres cineastas en España”. Mientras emprendieron esa búsqueda por los archivos, “en un proceso largo y bonito”, para cotejar lo que Adela les iba contando, conocieron a sus hijos y descubrieron “un mundo entero”.
Mediometrajes pioneros
La trayectoria profesional de Adela Medrano se vincula a la productora Cinecorto, fundada por Luis Enrique Torán, donde dirige mediometrajes como Las calidades de la vida (1974), sobre la Euskadiko Kutxa, y Esculturas para un paisaje (1975), sobre esculturas en la autopista del Mediterráneo.
María del Pilar García Herrador explica que el cine industrial se nutre de cortometrajes, películas pequeñas que encargaba una empresa y que el franquismo utiliza como una forma de dar a conocer “un país moderno e industrial de cara al extranjero”. García Herrador reconoce que “son películas que no te pones un sábado por la noche, son encargos más densos, pero Adela los hace más originales, interesantes, les aporta humor y su sello personal; un trabajo que fue reconocido con muchos premios”.
Cuando se personaba en los espacios convenidos para grabar con su equipo sufría el rechazo de los contratantes que esperan un hombre como Luis Enrique Torán, con quien habían gestionado todo, así ocurre por ejemplo con Cerro Colorado (1972). En todas las ocasiones, Adela Medrano no se achantaba y al final sacaba su trabajo adelante en un cine industrial “desafiante, donde no podía permitirme el lujo de hacer virguerías porque el cliente tenía que salir satisfecho, pero a mí también me tenía que satisfacer, necesitaba estar de acuerdo con lo que había hecho”.
La inevitable publicidad
Aunque el libro se centra en el cine documental, Medrano también creó anuncios como la famosa campaña publicitaria de Mirinda protagonizada por Miguel Bosé. Con el tarareo de la sintonía, confiesa que pasó mucho miedo bailando en dos grúas gigantes. “En esta publicidad cantadita no había desafío, pero necesitábamos comer”, precisa.
“En nuestro libro no hay nada de publicidad de Adela, esos spots no sabemos dónde están; a lo mejor hizo más publicidad que documental industrial, escribimos a Televisión Española, y a Iberia por si sonaba la flauta y no hubo manera, no hemos podido ver nada”, asumen Amaia Zufiaur y María del Pilar García Herrador.
Con una mirada cómplice a su madre, Antonio Saura Medrano admite que se pasó su infancia huyendo para no salir en esos anuncios, aunque a veces se beneficiara de esas incursiones como cuando Adela rodó un anuncio para Pastelerías Mallorca, “donde nos pusimos ciegos”. En sus recuerdos también está vivo el anuncio sobre la compra de artesanía en navidad con música de Bach.
Esculturas para un paisaje y Costas de Levante
Entre los ejemplos de cine documental, Antonio Saura Medrano nombra el metraje sobre la historia del café, Esculturas para un paisaje —“con un lenguaje cinematográfico muy avanzado”— y Costas de Levante (1971), donde Imanol Uribe ejerció de ayudante de dirección en sus primeras prácticas y el propio Antonio, de 13 años, hizo lo que pudo con la cámara a pesar de la otitis que sufrió.
El hijo de Adela Medrano y del director Carlos Saura agradece “el círculo de gente maravillosa y brillante que se pasaba por casa”. A pesar de que su madre se tiraba largas temporadas fuera rodando y luego “siempre venía obsesionada con lo que acaba de hacer y me daba la tabarra, mi vida con ella ha sido fascinante, llena de riqueza cultural, conocimiento, investigación y gastronomía; y yo salí mal, empresario”.
Antonio Saura Medrano, como las autoras del libro, destaca la “profundidad” que imprime Adela en sus trabajos: “Tenía pasión por los documentalistas ingleses, a los que dedicó su tesina, y estuvo en el centro del inicio experimental del cine industrial. Mi madre hizo lo que llamamos ahora branding cuarenta años antes”.
Tapar ventanas para ver cine
Sin dar nunca el paso a la ficción y sorteando la censura como pudo, Adela Medrano volcó toda su experiencia, en otra etapa fructífera de su vida, como docente de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense, un edificio que le dejó sorprendida, no por su estilo brutalista, sino por sus amplios ventanales que dejaba entra mucha luz que impedía la correcta visualización de proyecciones. “Entonces me pregunté como podíamos taparlos para ver cine”, recuerda. Por cierto, el aula 509 de la facultad, de 68 metros cuadrados, lleva su nombre.
Jesús Ponce, director de Ediciones Complutense, que se mantiene en un discreto segundo plano, interviene solo una vez en el debate: “Adela Medrano. Una vida brillando en el cine industrial y la academia, dentro de la colección Hemisferios de Igualdad, que pretende recuperar la figura de grandes pioneras con trayectorias sólidas y brillantes que han permanecido en silencio durante décadas, es una apuesta segura de un trabajo de investigación que se defiende por sí solo”.
En las postrimerías del acto, las autoras del libro anuncian que firmarán ejemplares en la próxima Feria del Libro de Madrid, concretamente en la Unión de Editoriales Universitarias Españolas (UNE). Adela Medrano asiente “con el pudor que me da mostrar mi mundo interior”, herencia de la educación de monjas que recibió. Nicolás Grijalba le recuerda que en una de sus entrevistas dijo que la profesión había que vivirla con amor y humor. “Pues es precioso, te agradezco que me lo hayas dicho”, bromea. Y con solemnidad cierra el encuentro-homenaje con un sonoro “No he dicho nada interesante”. Es el único mensaje que no cala entre los asistentes.
Texto: Javier Picos / Fotos: Zaida del Río
- Cátedras
- Periodismo
- Comunicación Audiovisual
- Publicidad
- Facultad de Comunicación y Artes