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Casi 900 estudiantes internacionales se sumergen en el ambiente de Nebrija y de la ciudad de Madrid
La OMI organiza la jornada de bienvenida en el campus de Lenguas, Educación y Psicología en Madrid-Arturo Soria
Más de 860 alumnos procedentes de más de 25 países de los cinco continentes acuden este curso a las aulas de la Universidad Nebrija. La Oficina de Movilidad Internacional (OMI) les dio la bienvenida en una jornada de encuentro e intercambio donde la información académica del día a día estuvo complementada por las oportunidades culturales y de ocio de Madrid capital.
Los estudiantes internacionales de intercambio, que se incorporan a la comunidad universitaria durante el semestre de otoño, buscan ahondar en la cultura española y aprender las destrezas necesarias que desplegarán en su etapa profesional.
Para María Ulargui, directora de la OMI, tener un bagaje internacional significa, por un lado, “ser una persona que se ocupa de su futuro” y por otro, ser consciente de “formar parte de un colectivo que sabe ponerse en la piel de otras personas cultivando una mente abierta”.
Con más de un 40 % de alumnos internacionales, los profesores de la Universidad Nebrija ya están acostumbrados a trabajar “en grupos pequeños con alumnos de distintas culturas y procedencia”. Y los alumnos sufren una transformación. Ulargui define esa mutación: “Ese movimiento muy bonito se traduce en que todos aprenden de todos. Todos empiezan a entender cómo hacen las cosas los demás con sus diferentes puntos de vista, y eso hace que el alumno esponje, pueda sacar lo mejor de sí y pueda aportar valor tanto a la Universidad como a sus compañeros. Al final, acaba siendo una persona mucho más completa, con una formación más sólida y potente”.
Tres ejemplos
Sep Noortman viene de los Países Bajos para profundizar en sus estudios en Relaciones Internacionales. “Espero conocer a mucha gente nueva y, con suerte, aprender también algo de español durante el proceso y conocer de primera mano la auténtica cultura española”, reconoce. Sin perder de vista el delicado momento geopolítico actual, quiere adquirir “nuevos y cuidadosos” enfoques sobre las tendencias del poder.
Con el deseo de enamorarse de Madrid, la mexicana Lorenza Rodríguez, aprendiz de arquitecta, quiere conocer más sobre el urbanismo europeo para complementarlo con el diseño mexicano. De Nebrija le atrae “su ambiente internacional”, con el que puede enriquecer su visión de la parte más artística de su disciplina.
Madita Link, alemana de veintiún años, no dudó en recalar en España por su potencial turístico. En la formación en este sector quiere ver las dinámicas de varias universidades para posteriormente viajar y trabajar en diferentes lugares del mundo. Madrid ha ampliado su pasión por ampliar su experiencia internacional: “Me he enamorado de esta ciudad de tanta vida. Todo el mundo te habla y se acerca a ti, y eso es realmente agradable”.
En su horizonte profesional, apuesta por trabajar en hoteles, restaurantes y talleres gastronómicos, aunque sin dejar de cultivar la formación continua en competencias interculturales, habilidades comunicativas y trabajo en grupo.
Los secretos de la integración
Durante la jornada de inauguración del curso celebrado en el campus de Lenguas, Educación y Psicología en Madrid-Arturo Soria, diferentes trabajadores de la Universidad Nebrija explicaron servicios fundamentales como las herramientas digitales, el apoyo psicopedagógico, las residencias, la biblioteca, el Centro de Escritura, los clubes, el engranaje deportivo o el programa Buddy, que conecta a estudiantes internacionales con nacionales para facilitar la integración en Madrid de los primeros.
En las charlas, también salió a colación el choque cultural. Durante una estancia internacional pueden sucederse una fase inicial de entusiasmo, un punto bajo, la aceptación y posteriormente un posible choque al regresar. Para atajar esta cuesta en el camino hay soluciones: mantenerse activo, conectado y curioso; practicar el idioma; relacionarse con estudiantes locales, y participar en actividades extracurriculares.
Texto: Javier Picos / Fotos: Sebastián Ávila
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