Creemos que sabemos el abecedario, pero nuestro cerebro demuestra lo contrario

Memorizar el abecedario

Un estudio del Centro de Investigación Nebrija en Cognición demuestra que pensar en letras concretas tiene un coste cognitivo medible y no es el mismo para todas.

Durante años hemos repetido el abecedario hasta automatizarlo. A, B, C, D… Una secuencia tan integrada que damos por hecho que la dominamos por completo. Pero cuando dejamos de recitarlo y tenemos que usarlo, nuestro cerebro no responde tan bien como pensamos.

Un estudio reciente desarrollado por el Centro de Investigación Nebrija en Cognición (CINC) de la Universidad Nebrija así lo ha demostrado. El estudio se ha basado en una tarea breve a modo de juego que puede completarse desde cualquier dispositivo con conexión a Internet en https://consonantevocal.com y que ha mostrado algo inesperado: pensar en letras concretas del abecedario tiene un coste cognitivo medible, y ese coste no es el mismo para todas.

La tarea es breve y, aparentemente, muy simple. Durante apenas tres minutos, la tarea consiste en indicar qué letra está una o dos posiciones antes o después de otra letra en el abecedario. Por ejemplo, ante la pregunta “C+1” habría que responder qué letra está una posición después en el abecedario; es decir, la letra D. A priori, parece trivial. Pero cuando se hace bajo la presión del tiempo, aparece un patrón claro que demuestra que no accedemos igual de rápido a todas las letras.

De hecho, situarse mentalmente en una letra concreta y sus vecinas implica un coste adicional de alrededor de 50 milisegundos que crece a medida que la letra está más adelante en el abecedario. Por ejemplo, llegar mentalmente a la C puede llevar alrededor de 2 segundos y medio, mientras que llegar a la S puede costarnos casi 4 segundos. “La gente cree que acceder a cualquier letra del abecedario es inmediato, pero no es así”, explica Jon Andoni Duñabeitia, catedrático en Psicología en la Universidad Nebrija y director del estudio. “El acceso depende de cómo está estructurado ese conocimiento en nuestra mente”.

Cuestión de memorizar

El origen de este fenómeno parece estar en algo tan básico como la forma en la que nos enseñaron el abecedario. El aprendizaje tradicional es completamente secuencial. Se memoriza una cadena fija que repetimos una y otra vez, y este estudio demuestra que eso deja una huella trazable en nuestro sistema cognitivo. Cuando en la edad adulta necesitamos encontrar una letra, muchas veces no accedemos directamente a ella, y la localizamos recorriendo mentalmente el abecedario. “En lugar de acceder directamente a una letra, muchas personas hacen un recorrido mental desde el inicio o desde un punto conocido”, señala Duñabeitia. “Es una estrategia muy eficiente para aprender, pero no necesariamente para usar ese conocimiento de forma flexible”.

La tarea utilizada en este estudio ha tenido una acogida sorprendente. Varios centenares de personas de distintas edades y de toda España ya la han completado. Los resultados son consistentes: fallamos más de lo que esperamos, tardamos más de lo que creemos, y dependemos de estrategias secuenciales incluso en algo tan básico como movernos por el abecedario. “Lo interesante es que es una tarea muy sencilla, pero pone en evidencia limitaciones que normalmente no percibimos”, explica Duñabeitia. “Ahí es donde la gente se sorprende, y por eso engancha tanto”.

Estos resultados abren una cuestión incómoda. El sistema educativo ha priorizado históricamente el aprendizaje secuencial del abecedario. Y funciona, hasta cierto punto. Pero también puede estar generando una representación rígida que no nos permite manejamos con flexibilidad. El abecedario es solo un ejemplo.

Realidad inesperada

Lo que revela este estudio es algo más profundo. Muchos conocimientos que creemos automatizados siguen dependiendo de estructuras rígidas aprendidas en la infancia, muchas veces en formas de listados ordenados. Quizá por eso esta tarea está funcionando tan bien, porque enfrenta una intuición (“esto es facilísimo”) con una realidad inesperada. Y porque demuestra que incluso lo más básico puede esconder una complejidad que no vemos. 

Con más de 400 personas que han completado ya la tarea en sus primeros días, los datos empiezan a ser claros. La media de respuestas correctas en tres minutos se sitúa en 41. Cualquier persona puede poner a prueba gratuitamente sus propias capacidades accediendo a https://consonantevocal.com y contribuir al mismo tiempo a este estudio colectivo sobre cómo pensamos en algo tan aparentemente simple como el abecedario.

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