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La inclusión social y la oportunidad económica: los otros ejes de la transición energética en España
La cátedra compartida entre ENGIE y la Universidad Nebrija presenta un libro coordinado por los investigadores Elena Bulmer, Cristina del Prado y Carlos Gumiel, y fomenta un debate sobre los retos y oportunidades para un futuro sostenible.
La transformación de un modelo energético basado en combustibles fósiles a otro descarbonizado y limpio implica no solo cuestiones medioambientales. En España, desde el plano político y académico, cada vez se hace más hincapié en que el sistema emergente no deje atrás la calidad de vida de los ciudadanos ni el crecimiento económico de las empresas. Esta es la esencia del libro Transición energética justa en España: retos y oportunidades para un futuro sostenible (Tirant Humanidades), coordinado por los investigadores Elena Bulmer, Cristina del Prado y Carlos Gumiel, y escrito por quince investigadores.
El ensayo práctico, presentado en el campus de la Politécnica y Ciencias Sociales en Madrid-Princesa de la Universidad Nebrija, surge de la colaboración de la Cátedra ENGIE-Nebrija de Energía y Transición Justa con ENGIE España. La celebración de un nuevo libro, sembrado al calor de la colaboración público-privada, planteó dos debates en torno a un modelo energético más sostenible y competitivo, sin obviar claves como la innovación, la tecnología, la formación y el talento, el impacto social, las políticas públicas y la colaboración entre los distintos agentes del ecosistema.
Palanca de crecimiento
De la visión estratégica hacia una España competitiva, habló Loreto Ordóñez, CEO de ENGIE España. En sus palabras, una transición energética que apueste por la sostenibilidad y la competitividad “tiene sentido como palanca de crecimiento”. En esa fórmula no puede faltar el apoyo al binomio industria-energía, donde “sigue habiendo una serie de barreras”, aunque España está “en una posición más favorable” que otros países de la Unión Europea para trabajar en esta dirección.
Sin olvidar la base de la lucha contra el cambio climático, el modelo español, a su juicio, está en un “círculo virtuoso” alrededor de la energía renovable, el talento y el ecosistema industrial, pero apuntó tres aspectos para afianzar los objetivos: un marco regulatorio “estable”, una “asequibilidad” en los precios y en los impuestos y unas infraestructuras que superen el problema de las redes, del propio sistema y del almacenamiento”
En una mesa redonda moderada por el periodista Rubén Esteller, director adjunto de elEconomista, Loreto Ordóñez opinó que la movilización de capital orientada a la transición energética plena debe estar acompañada por una aceptación social: “No podemos acometerla a espaldas de la población, que debe percibir el impacto positivo”.
Un triple pragmatismo en el equilibrio entre capital y energía renovable, entre el dinero invertido y la tecnología “conocida y la no conocida” y entre el grado de descarbonización de las industrias y sus tiempos y soluciones fue otra de las ideas que defendió la CEO de ENGIE España.
Liderar el cambio
Al coloquio se sumó Blanca Losada, presidenta de FORTIA Energía, la primera comercializadora independiente del mercado ibérico, que compartió el diagnóstico de Ordóñez y las conclusiones del Informe Draghi presentado en la Unión Europea para “convertir la transición energética en una oportunidad industrial”, entre otros objetivos.
Además de paciencia “a la hora de dimensionar las metas intermedias”, justicia “a la hora de cuidar y recompensar las iniciativas y los riesgos”, resistencia “ante ostentaciones populistas y partidistas” y templanza “a la hora de manejar la caja de herramientas regulatoria”, Losada instó a los poderes públicos a tomar las decisiones con mucha conciencia para capturar “esa oportunidad que tenemos al alcance de la mano” para liderar el cambio energético.
En su opinión, el “guiso” de la transición energética debe incluir ocho ingredientes: cuatro materiales: tecnología (separada de dogmas y soflamas políticas), industria (sus “resilientes” empresas), materias primas y energía; y cuatro intangibles: el talento y la capacidad de innovación (“para retener el talento y permitir que florezca”), demanda social (“no se nos puede imponer un movimiento de arriba abajo”), dinero y solidez institucional (“que las reglas de juego se desarrollen con una regulación buena y poca”).
Beneficios sociales
La segunda mesa redonda del encuentro en la Universidad Nebrija, moderada por Cristina del Prado Higuera, profesora de la Universidad Rey Juan Carlos y coeditora del libro Transición energética justa en España: retos y oportunidades para un futuro sostenible, analizó “cómo puede traducirse la transición energética en un verdadero proyecto compartido y qué condiciones deben darse para que sus beneficios alcancen al conjunto de la sociedad.”
Irma Villar, directora de proyectos y sostenibilidad de APPA Renovables, la asociación, constituida en 1987, que acompaña la transición energética con ocho tecnologías y más de 500 empresas, abogó por seguir aprendiendo de la labor de las renovables con, por ejemplo, las “maravillosas” plantas de biomasa, que ayudan a minimizar el riesgo de incendios, con el gas metano, resultado de residuos urbanos y ganaderos, y con los fertilizantes ecológicos.
Mientras Manuel Merchán, profesor de la Universidad Alfonso X El Sabio y director de la Asociación Chelonia, consideró que las medidas técnicas y científicas deben ir de la mano de todos los sectores sociales y de las instituciones, Concha Maza, directora de Huella Social y Empresa, sumó al debate conceptos como el de “buena vecindad” con las industrias y el respeto a los territorios y a sus gentes.
Francisco Gabriel Tovar, subdirector general del Instituto para la Transición Justa, recogió todas las ideas porque “desde la administración debemos tener los oídos y los ojos bien abiertos”. “Estamos todos de acuerdo en que es necesaria esta transición ecológica para luchar contra el cambio climático; también hay motivos económicos para abaratar el coste de la energía y motivos estratégicos para fomentar nuestra autonomía, pero eso no puede conllevar que personas y territorios se queden atrás”, precisó.
Reto “esperanzador”
Juan Carlos Arroyo, director de la Politécnica Nebrija, que elogió la “atención focalizada” de la lectura y los “motores del progreso” que cumplen con la sostenibilidad, dio paso a Carlos Gumiel, vicedecano de la Politécnica Nebrija, coeditor del libro Transición energética justa en España: retos y oportunidades para un futuro sostenible, que sostuvo que las emisiones de dióxido de carbono “están descontroladas y tenemos que tomar cartas en el asunto, aunque el reto sea esperanzador”.
Precisamente Gumiel, junto con las otras editoras, Elena Bulmer y Cristina del Prado Higuera, escribe en el prólogo: “Este libro aborda de manera fundamentada y con rigor científico que la transición energética tiene un potencial transformador enorme si se ejecuta con inteligencia estratégica y sensibilidad social”. Los coordinadores de la obra confían en que la lectura de sus páginas “inspire nuevas investigaciones, impulse la colaboración entre agentes y, sobre todo, contribuyan a que la transición energética en España sea un motor de prosperidad sostenible y equitativa”.
Texto: Javier Picos / Fotos: Zaida del Río
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