Los mentideros universitarios encumbran a Fernando Bonete y su novela sobre Marcela, la hija de Lope de Vega
El profesor de la Facultad de Comunicación y Artes cierra el Nebrija Book Festival, el ciclo de encuentros con escritores docentes
El convento no es el de las Trinitarias, sino donde se asienta la Facultad de Comunicación y Artes de la Universidad Nebrija. El siglo es el XXI y no el referido como Siglo de Oro. Los escritores ahora escriben a golpe de tecla y antes, a golpe de muñeca con pluma de ave y tintero. En el reinado de Felipe III y Felipe IV, la voz literaria de las mujeres permanecía oculta, mientras en el reinado de Felipe V hay un intento por rescatar figuras como la de sor Marcela de San Félix. Al lío: el profesor Fernando Bonete, con la novela La hija del Fénix, cierra el ciclo Nebrija Book Festival en pleno 2026. Los mentideros, el gran mercado de los chismes y la palabra del Barroco, tienen su parangón en las redes sociales, pero también en este encuentro con el autor presente donde las barreras caen y las preguntas vuelan.
La radiofónica Laura M. Otón, que en tantas batallas se mete, introduce a los presentes en la sesión con Fernando Bonete. Aparte de recordar el pasado de convento de la Facultad, algo que entronca con la propia Marcela, hija de Lope de Vega, que a los quince años decide enclaustrarse en las Trinitarias, Otón va acotando la figura de Marcela de San Félix (1605-1688), hija de Lope de Vega, el Fénix de los Ingenios, y de la actriz Micaela de Luján. La protagonista indiscutible de la novela, de la que poco a poco se empieza a recuperar su vida y obra, presenta, según Bonete, tres aspectos en contra para que su talento no trascienda: su condición de mujer de su época, su condición de ilegítima —Lope no la reconoce en el bautizo, pero sí a su hermano Lopito— y su ingreso en el convento, “la única salida a su talento”, una contradicción en sí misma: “el convento como un lugar de liberación, de auténtica libertad para mujeres con dotes artísticas, de silencio, alejadas del mundanal ruido”.
“El arte es una manera de sentir a los demás”
Como hacía antes, redactando cartas que luego el mujeriego duque de Sessa, valedor de Lope de Vega, utilizaba en sus conquistas, Marcela sigue escribiendo, ahora en su celda y de temas religiosos, aunque solo un cuaderno llega a nuestros días, los otros cuatro son pasto del fuego en un ejercicio de humildad y renuncia. Fernando Bonete se apoya en esa constancia sin pensar en glorias literaria para expresar su propio periplo como autor de esta novela histórica: “El escritor se afana por conquistar su tiempo, pero Marcela vive el anhelo y el placer de escribir para regalar esa escritura a los demás. Ahí nos recuerda lo importante: el arte es una manera de sentir a los demás, punto final”.
El autor de La hija del Fénix no solo pone el foco en Marcela, sino también en su padre, “el mejor dramaturgo, junto con Shakespeare, de todos los tiempos”, que en todas sus relaciones “antepone los conceptos a las personas, que se convierte en instrumentos para apoyar su carrera y sus propios intereses”. A Fernando Bonete le parece “sano diferenciar” el artista de la persona. Esta segunda dimensión, en el caso de Lope, “deja mucho que desear”.
Su ambición por tener relevancia en la corte y obtener la fama le hacen ordenarse sacerdote para continuar medrando “con todas las artimañas posibles sin cambiar de hábitos”. Precisamente, Marta de Nevares, Amarilis en su obra, se convierte en “el amor de su vida” cuando ya es religioso de hecho y derecho.
Esplendor cultural en tiempos convulsos
La novela refleja un tiempo “apasionante” donde el Barroco provoca claroscuros en las idas y venidas de los personajes. Fernando Bonete, uno de los divulgadores culturales más importantes de España —su cuenta de Instagram @en_bookle reúne a casi medio millón de seguidores— refleja ese país en crisis económica, política y social con un imperio que se hunde, pero con “un esplendor artístico” que convive con esos tiempos “convulsos”.
Sin perder el atractivo de Marcela, que con su nuevo nombre de monja y las representaciones teatrales que propone en el convento no deja de encontrar su lugar en el teatro del mundo, ni del prolífico Lope, la novela está plagada de personajes históricos que configuran una tupida red de relaciones como el duque de Sessa, Juana de Guardo (segunda esposa del dramaturgo), Micaela Luján o Lopito.
Aunque como lector reniega del género epistolar, Fernando Bonete introduce cartas, “con apariencia de realidad” para ofrecer datos históricos sin tener que recurrir a los diálogos, al mismo tiempo que apuesta, en determinados pasajes, por las frases largas al estilo barroco, algo que es diametralmente opuesto a lo que postula en sus clases en la Facultad de Comunicación y Artes.
El sustrato de la lectura
En su coloquio con Laura M. Otón, reconoce que no ha conocido a un gran escritor que no sea también un gran lector. “La lectura te nutre de un tono que es una mezcla de toda mi experiencia lectora”, confiesa. Cita a Marcel Proust, Thomas Bernhard, Javier Marías, Virginia Woolf, Arturo Pérez-Reverte y su capitán Alatriste (inspiración en los párrafos de acción de su última novela) y Margarite Yourcenar, entre otros. “Uno no se puede sustraer de las referencias que ha mamado desde que era joven y no tan joven”, reafirma.
Con un trabajo de documentación exhaustivo, Fernando Bonete, violinista y escritor, logra narrar la vida de Marcela en un empeño por “contar una historia en la Historia con mayúsculas” porque en historias como esta “hay tanto de lo que somos hoy…”. Al fin y al cabo, “aunque el ser humano se debe a su tiempo, hay constantes que no cambian a lo largo de los siglos”.
Conexión y deleite
El profesor de la Universidad Nebrija se siente cómodo hablando de libros, de cara a cara con los lectores y comparte algo que le recomendó su colega Julia Navarro: “No te obsesiones con el éxito de la novela, lo importante es que las personas conecten con ella”. Esa circunstancia y pasar un buen rato con la lectura sería la retroalimentación ideal, a su juicio, de una persona que lee La hija del Fénix.
Todavía quedan muchas preguntas en el aire en la sesión. ¿Aprovecha su condición de profesor universitario para incitar a sus alumnos a acercarse a los clásicos? Al máximo. Les habla de obras clásicas con pocas páginas como La sumisa (Dostoievski), Apuesta al amanecer (Arthur Schnitzler) y algunas de Julio Verne o Asimov para luego adentrase en otras más voluminosas. “Son siempre un incentivo, siempre encuentras a un clásico que habla de un tema que les preocupa. Es necesario hablar a los jóvenes de lectura y libros”, señala.
El cantante Bad Bunny como otro Lope de Vega en su condición de conexión con el público, Instagram como el mentidero actual más amable en la divulgación cultural… las referencias al siglo XXI son constantes, pero los guiños al Barroco las tiñen de claroscuros; de hecho, en el diálogo, a los lectores les surgen dudas sobre si están en una u otra etapa de la historia. Del tiempo aprovechado en estas tertulias, de eso, solo hay certidumbre.
Fin a la primera edición del Nebrija Book Festival
Con Fernando Bonete, autor también de Cultura de la cancelación; No hables, no preguntes, no pienses; La guerra imaginaria; Desmontando el mito de la inteligencia artificial con Asimov; Malas lenguas. 100 anécdotas de escritores de (casi) todos los tiempos y Un libro para cada año de tu vida, concluye el ciclo Nebrija Book Festival, que ha coordinado Myriam Borrachero. Casualmente, el profesor y periodista moderó la primera jornada con Elísabet Benavent. Juan Gómez Jurado, Acoidán Méndez y Nando López también desvelaron sus secretos literarios en este abanico de encuentros.
Como fiel asistente a todas las sesiones, Teresa Antón se lleva un lote de libros firmados por los autores participantes. Quien lee (y escucha a los que escriben) tiene un tesoro.
Texto: Javier Picos / Fotos: Zaida del Río