MGEA, Universidad Nebrija, Fundación Lafer

MGEA constata que «la empresa agroalimentaria española está en plena transformación debido a un consumidor cada vez más cambiante»

• La desconfianza del consumidor en las grandes marcas y el proceso de digitalización, entre otras, han sido objeto de debate durante la conferencia magistral que ha venido a clausurar la novena edición del Máster en Gestión de Empresas Agroalimentarias (MGEA), organizado por la Fundación Lafer con la colaboración académica de la Universidad Nebrija.

Madrid, 19 de septiembre de 2019.- Jonathan Stordy, CEO del Grupo Cervecero Agora, ha puesto de manifiesto durante la clausura de la novena edición del Máster en Gestión de Empresas Agroalimentarias que “en alimentación y bebidas vivimos en tiempos de enorme transformación”, destacando por ello el afán transformador de las empresas que, cada vez más, “han de adaptarse a un consumidor más cambiante”. Stordy ha querido repasar algunas de las claves que revelan la importancia de esta misma transformación que, ahora, acontece en el ámbito de muchas empresas agroalimentarias españolas. Así, ha identificado como principales causas: la desconfianza del consumidor en las grandes marcas, la digitalización que ha devuelto mayor poder a los consumidores y la necesidad de anticiparse a sus mismas demandas, entre otras.

El CEO del Grupo Agora, compañía que cuenta con más de 160 años de experiencia cervecera y aglutina a una corporación de empresas totalmente independiente y 100% familiar; a su vez, ha querido también compartir su propia experiencia y profundizar sobre la gestión transformadora empresarial que atraviesa aún su Grupo. Un gran valor que ha resultado de gran interés al ofrecer su particular punto de vista sobre la misma, desvelando así factores característicos tales como las raíces e historia de la compañía, la apuesta por el talento y la innovación disruptiva, la búsqueda constante de la rentabilidad y el ofrecimiento de un gran legado para las generaciones futuras.

Es de destacar que la participación de Jonathan Stordy en este programa de posgrado, que está a punto de arrancar su décima edición, manifiesta el interés de la Fundación Lafer y de la propia Universidad Nebrija por erigirse también como foro de debate en el cual se ha convertido en tradición que participen directivos de primer nivel del sector que comparten sus experiencias con los profesionales que deciden formarse y ampliar su capacitación.


Liderazgo transformador para una empresa agroalimentaria en transformación

MGEA, en su constante apego y cercanía con empresas referentes del sector, ha comprobado – y así lo pone de manifiesto- que la transformación que muchas de ellas atraviesan requiere ser gestionada y liderada por cuantos profesionales estén capacitados para asumir los retos y exigencias absolutamente cambiantes y disruptivas que acontecen en el panorama actual. Por ello, la adquisición y la práctica de un liderazgo transformador, desarrollando competencias orientadas a la gestión del cambio en cada uno de los eslabones de la cadena agroalimentaria, constituye uno de los objetivos estratégicos y materiales de cuantos se abordan en el aprendizaje de este mismo Máster.

Por otra parte, el rector de la Universidad Nebrija Juan Cayón, en clave de liderazgo, ha resaltado: “Mis orígenes familiares vienen del campo y por eso tengo un especial cariño a este sector que me recuerda a mi infancia, a mis ancestros y a mis orígenes. Los alumnos de este Máster van a sacar rendimiento a corto plazo”. Además, ha querido animar a los interesados en este sector a cursar la décima edición de este programa de posgrado, que ya se ha convertido en un referente en la Universidad Nebrija y para el propio sector.

No obstante, el presidente de la Fundación Lafer, Manuel Lamela se ha mostrado satisfecho aseverando que “este Máster es hoy una fábrica de talento y un trampolín para todos aquellos que deciden impulsar sus carreras en el sector agroalimentario español”. Además, ha aludido –como ya lo han recogido en otras informaciones algunos medios generalistas y del propio sector”- que: “saber que seis de cada diez participantes se han erigido en directivos y emprendedores es motivo de orgullo pero también, una enorme responsabilidad”.

Abierto plazo de matriculación

El Máster cumple ya diez años. Lo hará el próximo 18 de octubre con el arranque de la décima edición. Aún está abierto el plazo de matriculación y el programa cuenta con una cartera de becas y descuentos, junto con una serie de convenios vigentes firmados con empresas referentes del sector en materia de empleabilidad. Además, el participante obtiene una doble titulación –Máster en Gestión de Empresas Agroalimentarias por la Universidad Nebrija y Gestor de Normas y Protocolos de Calidad y Seguridad Alimentaria por AENOR-.

Finalmente, es de destacar que el Máster forma parte del Programa de Alta Formación para Gestores de Empresas de la Cadena Agroalimentaria del MAPA y ya lo han cursado más de 190 profesionales al término de esta edición que se acaba de clausurar.

Más información: www.masteragroalimentario.es y www.nebrija.com

E-PIENSO LA APUESTA POR LA SEGURIDAD ALIMENTARIA Y EL CONTROL DE MATERIAS PRIMAS EN ALIMENTACIÓN ANIMAL

Firma invitada con la colaboración de Jaime de Saja, director general de Cesfac y profesor de MGEA.

Soluciones sólidas que contribuyan a mejorar el sector

En España, desde hace años, han convivido varios sistemas de control de seguridad de las materias primas que se han desarrollado de forma independiente en diferentes CCAA:

1. Galicia y su sistema GMPGALIS
2. Cataluña y su sistema QUALIMAC
3. País Vasco y su sistema APLIKA
4. Castilla y León y su sistema SEGACYL
5. Murcia que ha lanzado PIENSA Q
6. Y más recientemente, el sistema desarrollado por AFACA en Andalucía, denominado SICALIA.

Aunque desarrollados de forma independiente, intentando responder a las necesidades de los fabricantes de piensos de las diferentes Comunidades Autónomas, la filosofía que tienen los sistemas de control es común. Ésta se basa en: establecer una rutina de análisis del conjunto de la materia prima, lo antes posible, que constituya un efecto disuasorio sobre los proveedores; instituir una base de datos de seguridad alimentaria, que permita realizar un análisis de peligros científico y veraz, así como individualizado por fábrica; y apuntalar un sistema de alerta rápido, que genere, en el momento en el que exista una mera sospecha sobre la calidad de un lote de producto, un aviso a todos los miembros del sistema. Quedando así la materia prima paralizada hasta su verificación.

Tras años de andadura en solitario, los sistemas coincidieron en la necesidad de fusionarse y comenzar a colaborar, para compartir el punto común más valioso que les une: la Información.

Es por ello que, el pasado año, nació y creció el Grupo Operativo E-PIENSO.

Con esta unión, era de esperar que las sinergias establecidas al crear el sistema conjunto de seguridad alimentaria con todos los fabricantes de piensos de cada región, tuvieran un reflejo a nivel global, al aunar a todos los fabricantes de España. Y, para poder explorar las posibles actuaciones conjuntas que generen sinergias entre los sistemas y beneficien a los usuarios finales -los fabricantes-, surgió la necesidad de desarrollar el G.O. E-Pienso.

Finalidad del Grupo Operativo

El Grupo tiene como objetivo generar estrategias que uniformicen los controles en los sistemas existentes para lograr reconocimiento mutuo. Lo que aumentaría la eficiencia y eficacia en dichos controles de las materias primas destinadas a la alimentación animal, desarrollando una gran base de datos analíticos conjunta. Un servicio tecnológicamente avanzado, con sistemas conjuntos de evaluación de proveedores y un sistema de alerta rápido unificado, que cuenta con la colaboración y coordinación de CESFAC, la Confederación Española de Fabricantes de Alimentos Compuestos para animales.

Además, pretende estudiar los peligros en la alimentación animal de manera conjunta, evaluando la seguridad alimentaria de cada área de estudio, comparando orígenes y proveedores.

También se espera un efecto disuasorio en los proveedores de materia prima que, al considerar España como una “zona segura”, y, ante la alta probabilidad de sufrir controles coordinados en nuestro territorio, aumentarán la calidad de la materia prima que llegue a España.
Asimismo, con la incorporación de CESFAC, se pretende que el Grupo Operativo produzca un efecto dinamizador para el resto de regiones españolas, que podrían integrarse o crear nuevos sistemas que les permitan constituirse en el programa que albergará los actuales.
Los conocimientos generados en el Grupo Operativo permitirán a nuestro sector dar otro salto cualitativo para seguir estando entre los países vanguardistas en seguridad alimentaria. Y la creación de una BBDD conjunta, con una misma estructura, a disposición de los distintos sistemas, que dará una potencia elevadísima de análisis de los productos con los que las fábricas trabajan, accesible mediante usuarios registrados a diferentes niveles.

Igualmente, el hecho de disponer de los datos históricos de todos los sistemas, abarcando todas las materias primas, así como un elevado número de proveedores y países de origen, permitirá elaborar un análisis de riesgo mucho más certero y dirigir los controles de una manera más segura hacia peligros concretos.

Por otra parte, en la actualidad, cada sistema tiene su sistema de alerta rápida unificado (SARU) y si una materia prima es rechazada por un contaminante no legislado tiene la posibilidad de circular a otra área geográfica. Con la creación de un SARU común se identificarían: la partida de la materia prima, sus características y el proveedor; alertando al resto de sistemas del peligro, y evitando su uso en el resto de áreas geográficas.

Por último, la evaluación conjunta de los proveedores por un sistema único es un gran avance en tiempo, dinero y eficacia; ya que con solo una auditoría se validaría a un proveedor para todo un área. Esta evaluación, necesariamente más exhaustiva que la de un solo sistema, y mucho más que para una fábrica individual, compensaría a los proveedores, pues les abriría la puerta a vender a todas las fábricas de todos los sistemas de una sola vez.

El peso del sector agroalimentario en la región de Madrid y la importancia de contar en él con gestores de la cadena alimentaria plenamente capacitados y preparados

Firma invitada con la colaboración de Román Muñoz, gerente de ASEACAM (Asociación Empresarial de Industrias Alimentarias de la Comunidad de Madrid).

Sin duda, Madrid cuenta con una industria alimentaria cuyas principales características las podríamos definir como una gran desconocida y muy competitiva.

Esta no es una comunidad regionalista como sí pasa en otras comunidades de España, y nuestra producción alimentaria no está ligada al origen de las materias primas, y si al mercado final, un mercado muy exigente, lo que hace que la industria alimentaria madrileña es una gran desconocida ante la ciudadanía que no la reconoce en los lineales y gran desconocida ante los representantes políticos que deben legislar en numerosas materias que afectan a nuestro sector, nutrición, medio ambiente, promoción, etc. También desconocida ante los profesionales de la hostelería y en menos medida ante los profesionales de la distribución alimentaria, principalmente por dos razones anteriormente expuestas.

El ciudadano de nuestra región, al no ser regionalista y solo reconocer, apenas como productos madrileños, a algunos productos como Vinos de Madrid, aceitunas de Campo Real, Carne de la Sierra del Guadarrama, espárragos y fresas de Aranjuez, y pocos más, hace que en compra de alimentos solo valore el producto que más se ajusta a su cesta de la compra en cuanto a relación calidad/precio.

Esto hace que en Madrid se compita por ser el mejor. Aquí no valen medias tintas.

Además tenemos el mejor mercado en cuanto a concentración de la demanda, por tanto, toda la industria agroalimentaria española normalmente dedica su desarrollo comercial a su región de origen y, generalmente, su deseo de expansión es en Madrid, lo que ocasiona que también sea el mejor mercado en cuanto a la concentración y variedad de la oferta.

En Madrid, por tanto, tenemos el mercado más concentrado, más exigente, más competitivo, menos regionalista, más abierto, más innovador y ahí, es donde debemos saber competir e n todos los sectores y en especial, desde la Industria alimentaria.

Hasta ahora, el éxito de una empresa alimentación, normalmente venía del buen saber para la producción de un producto, normalmente realizado de forma artesana. Esta buena forma de hacer, se expande, crece y se moderniza para producir de forma industrial manteniendo la calidad, mejorando la seguridad alimentaria y reduciendo el precio.

Con el tiempo, si estos procesos se optimizan y se consigue una buena logística, se mantiene el crecimiento y se consigue ser una empresa líder de un sector o categoría de producto.

Hoy, estas variables no son tan claras como hace años y sobre todo como en los años 60 que fueron el origen de la industria alimentaria española. Hoy se necesitan otras variables para conseguir ganar en el mercado. Ya no vale con saber hacer muy bien un producto, ya no vale con saber hacer muy bien un buen queso, un buen embutido y con tener una buena relación con un comprador del canal de la distribución.

En este mundo competitivo, y más en Madrid, para competir solo nos queda ser los mejores en todo. Hoy es requisito imprescindible mejorar la competitividad de nuestras industrias y para esto, no hay nada mejor que tener a los mejores gerentes, directores de departamentos, especialistas formados en todas y cada una de las áreas de la empresa. Desde abastecimiento, a nutricionistas, desde una política de investigación de productos saludables, a una innovación en procesos. Avanzar en la digitalización de nuestra cadena, así como en el tratamiento de los datos.

Nuestros gerentes y directores tienen que estar alineados con todas las ramas de la empresa y en especial deberían alcanzar la mejor capacitación posible sobre los temas de costes, financieros, calidad, orientación al cliente, digitalización, protocolo familiar, etc… y todo esto, nos va a hacer tomar un camino diferente en el desarrollo empresarial, sobre el que tomaron nuestros mayores, aquellos que hicieron la empresa, tras sumar su conocimiento para realizar un gran producto y sus dotes comerciales.

En este nuevo entorno cambiante, necesitamos a las empresas más innovadoras, procesos digitalizados, productos más saludables, sistemas más responsables con el medio ambiente, por tanto, necesitamos a los directivos mejor formados. Si la dirección está comprometida con este camino, trasladará en cascada estos valores a su equipo y conseguirán ganar el futuro.

Para concluir, quiero hacer una reflexión sobre una frase muy adecuada que pronunció Benjamin Franklin sobre la formación: “Invertir en conocimientos produce siempre los mejores beneficios”. Hoy la cambiaría para decir que “invertir en conocimientos es la única de manera de mantenernos en el mercado”.

Román Muñoz Sánchez
Gerente de ASEACAM

Máster, formación, sector agroalimentario, industria agroalimentaria, gestión empresa, empresa agroalimentaria

Más del 60% de los participantes de MGEA han conseguido ser directivos y emprendedores

  • El perfil del participante en el Máster en Gestión de Empresas Agroalimentaria (MGEA), que organiza la Fundación Lafer en colaboración con la Universidad Nebrija, es el de un mando intermedio y/o especializado que aspira a desempeñarse como directivo en el sector, con una media de 34 años de edad y proveniente de diversos ámbitos de actividad, mayoritariamente del sector servicios (33%) y muy seguido de la industria alimentaria con el 32%.
  • El Máster encara su décima edición que arrancará el próximo mes de octubre. Cuenta con el apoyo de numerosas empresas líderes y organizaciones destacadas.
  • Este programa de posgrado se ha consolidado por impulsar las carreras de los gestores de empresas de la cadena agroalimentaria.

Madrid, 19 de junio de 2019.- El Máster en Gestión de Empresas Agroalimentarias (MGEA) se ha consolidado como referente nacional para los gestores de empresas de la cadena agroalimentaria. En torno a más de la mitad, de los 180 participantes que han pasado por sus aulas, han visto mejorada su posición profesional. Un 54% de los mismos han pasado a desempeñarse como directivos en pymes así como en organizaciones profesionales de referencia, sin desdeñar otro 10% más que ha apostado por el emprendimiento con iniciativas empresariales que han constituido auténticos casos de éxito.

Manuel Lamela, presidente de la Fundación LAFER ha querido poner de relevancia tales datos, destacando que: “MGEA ha cumplido con creces el objetivo inicial que nos proponíamos hace nueve años, desde su puesta en marcha en 2010, y que pasaba por cubrir una necesidad de formación que ha resultado ser exigente y de calidad, constatando por tanto, ser una herramienta útil para todos aquellos que apuestan por liderar las empresas agroalimentarias”.

Por su parte, el director de MGEA, Jorge Jordana ha manifestado sentirse “plenamente satisfecho y orgulloso de que este Máster sea un verdadero impulsor de talento para el propio sector agroalimentario al proveerle de grandes profesionales, absolutamente preparados y capacitados a los cuales, haber cursado este posgrado, les ha cambiado la vida”.

Radiografía del participante MGEA

El participante del Máster es de un perfil ampliamente diverso y heterogéneo tal y como se expone, a continuación. Hasta la novena edición, son más de 180 profesionales los que han formado parte de esta amplia comunidad, con una media aproximada de unos 20 participantes por curso académico.

Ocupaciones y sectores de actividad

Entre las ocupaciones destacan mayoritariamente los mandos intermedios -a quienes se dirige prioritariamente este Máster- con un 45%, seguido de los que desempeñan tareas gerenciales y/o de dirección con un 30%, frente a los que disponen de un perfil más técnico y especializado 20% y el 5% restante han sido desocupados, por lo que se registra un escaso índice de participantes parados, manteniendo un perfil activo y diverso en términos de ocupación y desempeño profesional.

Respecto a los sectores de actividad cabe reseñar los participantes provenientes del sector servicios (33%), muy seguido por la propia industria alimentaria (32%) para dar paso, a continuación, a los de explotaciones agrarias (26%), desempleo (5%) y con otro 5% de otros ámbitos de actividad como la distribución, funcionariado e investigación.

Titulaciones y formación

El perfil del participante MGEA es mayoritariamente ingeniero agrónomo con un 31%, al cual le siguen, indistintamente, tantos los ingenieros técnicos agrícolas como los veterinarios con un 15%, ambos respectivamente. Muy seguidos, con el 14%, se encuentran los titulados en empresariales, derecho y ADE. Así, los tecnólogos de los alimentos han representado, hasta el momento, el 12% junto a otras ingenierías –como industriales, etc.- que han conformado el 9%. El 5% restante han sido biólogos, farmacéuticos, periodistas, entre otros. Regiones de procedencia

Regiones de procedencia

La procedencia de los participantes en las nueve ediciones de MGEA, de entre las diversas y diferentes comunidades autónomas, es también amplia y plural. La Comunidad de Madrid encabeza tal representación con un 39% de participantes. Le siguen Castilla y León con el 16%  y, a continuación, Andalucía y Castilla-La Mancha ambas con el 11%. Han participado también miembros de Extremadura (9%), Comunidad Valenciana y Murcia  (6%) y de otras regiones como Cataluña, Aragón, Cantabria, Islas Baleares, Navarra que, conjuntamente, suman el 9%. A estos, también se suman participantes extranjeros, principalmente de Latinoamérica.

Nuevos perfiles

También, es de destacar que, en las últimas ediciones, han venido proliferado nuevos perfiles tales como: emprendedores (8%) –que ven en la formación un aliado necesario para poner en marcha sus respectivas iniciativas empresariales-, junto con otros profesionales pertenecientes a empresas y/o explotaciones familiares(6%) así como de fuera del sector agroalimenario (2%) que, conocedores de su enorme potencial, desean reorientar sus carreras profesionales con el interés de desempeñar nuevas responsabilidades en el ámbito de la empresa agroalimentaria.

4 competencias clave en la empresa agroalimentaria

¡Ya estamos por aquí otra vez! En el post de este mes queremos hablaros de las competencias clave en la empresa agroalimentaria (en su momento, hablamos de las competencias clave de las personas, si te interesa pincha aquí) y que, de manera genérica, son transversales con independencia del tipo de actividad que ésta desempeñe. Pero, antes de proponeros las que consideramos más relevantes, ¿qué son las competencias clave?…

El término fue acuñado por vez primera en la década de los noventa por Prahalad y Hamel –por cierto, dos grandes revolucionarios en el mundo de la estrategia empresarial– y se refieren, como tal, al conjunto de características que definen a una compañía y que consiguen aumentar su competitividad en el mercado.

Básicamente, son los puntos fuertes a través de los cuales una compañía es reconocida por su ámbito y capacidad de influencia, por sus acreditados valores empresariales –tangibles e intangibles- que desencadenan y prueban su mismo prestigio y solvencia. Saber manejarlos es fundamental para los que están llamados a gestionar y/o dirigir la empresa agroalimentaria. Por ello, conozcamos esas competencias claves y sus implicaciones en cualquier realidad empresarial…

1.La inteligencia colectiva

Se trata de una competencia clave fundamental. La misma bien gestionada y orientada, como parte del ADN innovador de la empresa agroalimentaria, es precursora y generadora de talento.

La inteligencia colectiva persigue generar soluciones y propuestas a partir del pensamiento colectivo y colaborativo, para lo que es fundamental que cada uno de los eslabones de la empresa se encuentren ensamblados –en cuanto a la consecución de logros y objetivos- y funcionen a la perfección. Por tanto, es necesario el reconocimiento de cada uno de los integrantes que hacen posible cada realidad empresarial. Así, su principal activo será la generación de valor. Y ello, hay que gestionarlo cada día.

2. La influencia

Una empresa agroalimentaria que no es capaz de influir en su entorno más inmediato o que no tenga suficiente capacidad como para provocar respuestas deja de ser competitiva y por tanto, atrayente. Dicho en lenguaje popular: “hay que situarse en el meollo de la cuestión” para contar y ser tenido en cuenta. Al menos, como referentes…

Cada vez más nos movemos en un mundo donde las percepciones e influjos juegan un papel determinante. Influir en nuestro entorno empresarial es una competencia clave y ello, pasa sin duda por ejercer un liderazgo transformador y eficaz en aquél entorno competitivo en el que nos situemos y no sólo implica hacerlo en aquellos aspectos operativos y/o estratégicos sino también en los que tienen una impronta social. De ahí, por ejemplo, que la responsabilidad social corporativa de la empresa sea un foco de especial atención en términos de su gestión.

3. La innovación

Actualmente, la innovación es capital fundamental para el desarrollo de toda empresa agroalimentaria. Es imposible avanzar en una compañía si se prescinde de esta misma competencia clave. Fundamentalmente, porque los cambios acelerados que vivimos son constantes y acontecen rápidamente. Ello, conlleva una permanente adaptación; entendiéndose por tanto, la innovación como un proceso lógico y natural de nuestros tiempos que implica saber anticiparse a los avances y desarrollos futuros pero, con un sentido gestor. Cuestión que, fundamentalmente, pasa por crear e implementar una cultura innovadora que tendría que ser transversal para el desarrollo de la propia empresa agroalimentaria.

La innovación ha de ser competencia material y estratégica para el funcionamiento operativo de la organización. Tratando de favorecer esa cultura de la innovación que ha de ser apreciada y resuelta en todo proceso, operación e incluso, en los equipos que la integran.  

4. La competitividad

La competitividad es otra competencia clave que requiere ser gestionada. No sólo se es competitivo para asegurar el beneficio y el éxito en la empresa agroalimentaria, sino también para mantener el ritmo y el equilibrio en una carrera que, normalmente, suele ser “de fondo”.

Como competencia clave, resulta ser un eje transversal que ha estar presente –y ser consciente- en todas y cada una de las áreas de la empresa, particularmente, porque también está orientada a generar valor. Al respecto, innovación y competitividad son competencias clave que han de gestionarse a la par de manera deliberada.

La gestión de la competencia empresarial pasa, sin duda alguna, por modelos organizativos mucho menos jerarquizados, más inclusivos por supuesto, plenamente transversales. Disponer de equipos altamente competitivos es, sin lugar a dudas, un aliado para la obtención del beneficio empresarial y por ende, de gran valor. 

Estas son las competencias clave en el ámbito de la empresa agroalimentaria. ¿Echas en falta alguna?…

4 razones para decidir cursar un Máster agroalimentario

Que las decisiones importantes, bien meditadas y sopesadas, pueden ser determinantes para emprender un futuro profesional de éxito no tenemos la menor duda. Existen de hecho, claros ejemplos en nuestro máster agroalimentario de alumnos que, apostando por nuestra iniciativa formativa, han visto cómo emergen sus carreras profesionales, dándose a ellos mismos oportunidades que nos recuerdan que aquí es posible el talento capaz de hacer florecer el desarrollo profesional. Nos basta mirar de cerca ambos indicadores (talento y desarrollo) para tomar el pulso a la hora de decidir querer ser más competitivos en entornos como el agroalimentario que, sin duda alguna, lo es por esencia y naturaleza.   

Si estás en ese momento vital profesional en el que apuestas por emplearte a fondo en lograr cambios, avances, oportunidades, nuevos desafíos, déjanos felicitarte por ello, porque estás en el mejor camino…Nada debería impedirte hacerlo. Si de verdad interiorizas que los cambios profesionales están llamando a tu puerta, queremos facilitarte la decisión con estos 4 consejos para decidir cursar un máster agroalimentario

Idoneidad

¿Es idónea la decisión? Cursar un máster agroalimentario es más que idóneo. No lo decimos nosotros, hablan por sí solos los datos de un sector que, incluso en momentos de crisis y de recesión económica, no es que haya mantenido el tipo sino que lo ha sabido hacer de manera firme y próspera. El sector agroalimentario es clave, siendo motor e impulsor decisivo de la economía española al representar más del 11% del PIB. Además,  es incuestionable la fuerza de nuestra competencia exportadora, siendo el cuarto país exportador de la Unión Europea.

Por tanto, basta acercase a un sector agroalimentario competitivo que se mueve, a su vez, en entornos cada vez más globales y dinámicos y que, actualmente, vive una intensa y profunda transformación, determinada por un ecosistema digital que está obligando a repensar los procesos desde todos los puntos de vista: el agromarketing, el desarrollo de marca, la comunicación interna, proveedores, investigación de mercados, los procesos de internacionalización e innovación y un largo etcétera. Los profesionales que están inmersos y sostienen el sector tienen el desafío  de adaptarse y prepararse para una nueva realidad.

Todo requiere su tiempo, si bien es cierto que se necesita acelerar y que el proceso adaptativo sea diligente, con convencimiento y rápido para poder ser competitivo.

Aplicabilidad

Un programa de formación ha de ser práctico y útil. Un máster agroalimentario como MGEA lo es sin ninguna duda. Estos son dos razones concretas si buscas convicciones tangibles que hagan más fácil tu decisión de apostar por una formación como ésta en el sector agroalimentario. ¡Toma nota porque el programa importa!

El contenido y la metodología que sustanciarán el máster es un aspecto clave que has de estudiar en profundidad

  • Los contenidos han de ser novedosos y por supuesto, estar perfectamente actualizados. En un sector agroalimentario donde todo avanza y se mueve muy rápido, conviene que un máster agroalimentario haga viable una oferta rica en contenidos, puesta a punto en sus temas transversales y capaz de dar respuesta a los necesidades formativas que reclama la industria ya que, mediante enfoques actualizados y de máxima utilidad, el aprovechamiento es tal que podrán verse beneficiados la empresa que decida contratarte (porque lo aprendido lo harás efectivo en la práctica profesional) y por tanto, tu mismo desarrollo profesional en cualquier carrera que decidas emprender dentro de este mismo sector.
  • La metodología ha de ser innovadora, favorecedora de un aprendizaje creativo y dinámico, alentadora en la capacidad crítica y reflexiva para resolver planteamientos y posibilitadora de asentar los mejores conocimientos que nos permitan obtener una visión amplia y global de la cadena agroalimentaria. De ahí que, en un máster como el nuestro el aula se transforma en un espacio de debate y análisis de problemas reales, siendo la forma de aprendizaje colaborativa y participativa entre los participantes que conforman cada edición.  

Reputación y prestigio

Una buena reputación hace ganarse la confianza del producto. El Máster en Gestión de Empresas Agroalimentarias (MGEA), en sus ya nueve ediciones, ha obtenido la confianza de los más de 180 participantes, que nos eligieron indagando sobre la reputación y el prestigio del mismo. En su mayoría han aportado un enorme valor al sector, con el traslado hasta la propia empresa agroalimentaria de sus aprendizajes siendo transmisores de conocimientos del que se benefician hoy sus respectivas empresas.

En este sentido, hablamos de la reputación como factor clave para decidir cursar un máster agroalimentario, como el nuestro, cuyo alcance también se mide en la confianza de saberse rodeados y acompañados de los mejores. En este sentido, la calidad de los docentes es un aspecto capital a la hora de elegir un buen máster agroalimentario y una prueba de fuego para medir el prestigio de la institución. En nuestro caso, grandes profesionales que conforman un Claustro integrado por directivos de primer nivel y notables expertos en sus respectivas áreas de especialización que transfieren a los profesionales del mañana sus experiencias, conocimientos y habilidades.

Y esa confianza también se fortalece con una interesante red de contactos. Un máster agroalimentario como MGEA ha capitalizado la experiencia del networking  como herramienta generadora de oportunidades. Porque un máster agroalimentario ha de estar hecho a la medida de profesionales que han de buscarse entre ellos para incentivar el talento en un sector agroalimentario que lo está empezando a reclamar y a necesitar. Por suerte, la reputación ganada en MGEA a lo largo de trayectoria, nos lleva a decir que somos hoy en día un máster agroalimentario donde habita el talento. El mayor ejemplo: los más de 180 profesionales que ya han pasado a la acción y buscan estar en un contexto profesional que les permita desplegar sus mejores cualidades.  

Respaldo

Y por último, no cabe duda de que si decidimos cursar un máster agroalimentario, conviene saber quién lo apoya. Al respecto, nos sentimos privilegiados porque contamos con el respaldo académico de la Universidad Nebrija, de importantes empresas de referencia del sector como Unilever, Fertiberia, Calidad Pascual, AENOR así como con el apoyo e impulso de las principales organizaciones como Foro Interalimentario, Cooperativas Agro-alimentarias de España, FIAB, ASAJA, ASEDAS, Cesfac, Vitartis o la Cámara de Comercio de España, entre otras.

Tal y como podrás comprobar, el respaldo no podría ser mejor. Cursar un máster agroalimentario en el que estás “en las mejores manos” y que garantice tu desarrollo puede ser parte de la mejor decisión que tengas que tomar en tu vida profesional. Estas son nuestras 4 razones que esperamos te sirvan a la hora de decidir qué hacer. Si te decides por el nuestro: MGEA, déjanos decirte que no te arrepentirás…

Las exportaciones agroalimentarias frenan su crecimiento (+0,4%) en 2018, hasta los 47.405 millones de euros

Madrid, 23 de abril de 2019.- El sector agroalimentario sigue tirando de las exportaciones españolas, pero los últimos datos demuestran una significativa ralentización, al crecer un limitado 0,4% hasta los 47.405 millones de euros en 2018. Este moderado crecimiento contrasta con el incremento producido en el ejercicio anterior (+6,5%), así como con la media del decenio 2008-2018 (+5,5%), y pone de relieve un frenazo en las ventas al exterior de productos agroalimentarios.

Respecto a la balanza comercial se ha producido un descenso hasta los 11.042 millones de euros en 2018, frente a los 11.300 millones de euros del año pasado, según se desprende de un informe elaborado por expertos del Máster en Gestión de Empresas Agroalimentarias- Fundación LAFER, en base a los datos provisionales ofrecidos por DataComex (Secretaria de Estado de Comercio). Asimismo, destacar que por primera vez en los últimos años el conjunto de las exportaciones agroalimentarias españolas se comportaron peor que las de nuestros principales competidores en el marco de la UE: Italia (+1,3%) y Francia (+2,1%).

Entre los países que redujeron sus compras de productos agroalimentarios a España, conviene destacar el importante descenso producido por Italia (-8%), China (-7%), Bélgica (-5%) y México (-17%). En el caso de Italia esta bajada viene marcada por las ventas de aceite de oliva a granel, mientras que el descenso de las exportaciones al mercado chino, que en total representaron 1.118 millones de euros, supone una señal de alerta al producirse por segundo año consecutivo.

¿Brexit, what brexit?
Sorprenden positivamente los datos de exportaciones del Reino Unido que crecen por encima de la media (+2%) hasta los 3.953 millones de euros, así como los de EEUU, que en pleno contexto de guerra comercial, crecen un 1% hasta los 1.901 millones de euros. Asimismo, destacar el fuerte crecimiento de las exportaciones a tres países, en concreto a Corea del Sur (+28%), Canadá (+41%) y Filipinas (+75%). El principal mercado destino sigue siendo Francia, con unas exportaciones por valor de 7.724 millones de euros (+2%), seguido de Alemania con 5.593 millones de euros (+2%) e Italia con 4.847 millones de euros.

En un análisis más a medio y largo plazo, citar que los mercados de Extremo Oriente (Corea del Sur, China, Filipinas, Japón, Hong Kong y Taiwán) reflejan un gran tirón por los alimentos españoles, alcanzando un valor total por encima de los 3.000 millones de euros. Teniendo en cuenta los resultados de anteriores acuerdos comerciales por parte de la UE, por ejemplo el firmado con Corea del Sur en 2010, conviene estar atentos al potencial que podrían desplegar los futuros acuerdos con Canadá y Japón.

El vino mantiene el tipo en 2018
En cuanto a productos, la evolución de los datos es negativa en los principales sectores exportadores, como son la carne de cerdo (-3%), los cítricos (-5%) y el aceite de oliva (-18%). En cualquier caso, estos tres alimentos siguen encabezando las ventas en el exterior, con cifras todos ellos por encima de los 3.000 millones de euros.

La fuerte caída del aceite de oliva, en relación directa con las variaciones de producción y precio medio de exportación registradas en las cosechas afectadas, hacen que pierda el primer puesto como producto exportado, a favor de la carne de cerdo. Las exportaciones de vino crecen ligeramente (+2%) hasta los 2.957 millones de euros, aunque si se analiza desde una perspectiva más amplia, tomando por ejemplo los últimos cinco años, obtenemos un resultado totalmente distinto. Según este análisis los productos que más han crecido en este último quinquenio son el aceite de oliva (+9%) y la carne de cerdo (+8%), mientras que el vino (+2%) y los cítricos (+1%), reflejan un cierto estancamiento, al crecer por debajo de la media que se sitúa en el +5%.

Retos: la creación de valor y digitalización
En cuanto a los retos del sector en el ámbito de la exportación se mantiene invariablemente año tras año el de la creación de valor. El destacado incremento de las exportaciones agroalimentarias en los últimos 10 años claramente por encima de nuestros competidores, no se ha visto acompañada por aumentos en el valor medio de los productos exportados. Claro ejemplo de ello es el precio de las exportaciones vinícolas españolas, el más bajo de entre los principales productores a nivel mundial y más de cuatro veces y media inferior al de nuestros vecinos y competidores franceses.

“En el proceso de creación de valor cabe destacar también los casos de empresas que en los últimos años han demostrado su capacidad de forjarse una marca reconocida de alto valor añadido a nivel internacional”, recuerda Jaime Palafox, experto agroalimentario y uno de los impulsores del citado informe.

Por último respecto a las tendencias, resulta obvio que la digitalizacion no solo a través del e-commerce, es uno de los temas estrella del sector agroalimentario. Sin embargo, como indica Palafox,”hay que situarlo en su justa medida ya que aunque presenta fuertes crecimientos, actualmente solo representa un 1,5% del mercado de la alimentación en España y en países líderes, como China o Corea del Sur supone el 6,2% y el 19,7% respectivamente”. “No parece pues que el e-commerce vaya a acabar con el retail tradicional como algunos auguran sino que más bien que se va a producir un proceso mixto de operadores tradicionales entrando en el comercio online y operadores online entrando en el retail, como ya hemos visto con la compra de Whole Foods por parte de Amazon”, recuerda Palafox.

Sobre el Máster en Gestión de Empresas Agroalimentarias (MGEA)
La Fundación LAFER es la impulsora del Máster en Gestión de Empresas Agroalimentarias, y cuenta con la colaboración académica de la Universidad de Nebrija. Este curso de postgrado está incluido dentro de Programa de Alta Formación para Gestores de Empresas de la Cadena Agroalimentaria del MAPA, y en sus distintas ediciones ha conseguido aglutinar a destacados actores del ámbito agroalimentario.

La Fundación LAFER celebra el décimo aniversario del Máster en Gestión de Empresas Agroalimentarias

Cuenta con un programa de becas propio, gracias al apoyo de las principales organizaciones del sector   

  • Abre el plazo de matriculación, ofreciendo un 10% de descuento a los alumnos que se matriculen antes del 15 de junio.
  • Dirigido a jóvenes directivos y mandos intermedios, por este programa formativo han pasado ya más de 180 profesionales.

El Máster en Gestión de Empresas Agroalimentarias que impulsa la Fundación LAFER cumple este año su décima edición, tras haber pasado por sus aulas más de 180 profesionales, interesados en ofrecer respuestas a un entorno empresarial cada vez más dinámico y global. Desarrollado en colaboración con la Universidad de Nebrija, este programa de postgrado cuenta con un amplio respaldo institucional, así como de un nutrido grupo de empresas y organizaciones referentes en el sector. Manuel Lamela, presidente de la Fundación LAFER ha destacado lo acertado de esta iniciativa, surgida en 2009 en un contexto de incertidumbre y que ha sido muy bien acogida por la industria agroalimentaria. “MGEA ha sido un hito para la Fundación LAFER, permitiéndonos abrir una vía para otras iniciativas que lideramos en la actualidad en el sector, de carácter tanto formativo como informativo”, indica Lamela.

Respecto a las ediciones anteriores destacar que este curso lectivo, cuyo plazo de inscripción se abrió el 1 de abril, apuesta por un nuevo formato más equilibrado entre el e-learning y las clases presenciales. Con el reforzamiento de la formación online, se pretende hacerlo más accesible, así como compatible con la actividad profesional y personal, dado que la mayoría de los participantes provienen de fuera de Madrid. En todo caso, como recuerda Jorge Jordana, director de MGEA, “la presencialidad, con 180 horas lectivas, es uno de los ejes del éxito del programa, ya que nos permite invitar a líderes de opinión al aula a explicar su visión sobre las tendencias del sector, así como transmitir al alumno el know-how de destacados directivos de empresas”. Estas experiencias de aprendizaje del alumno se concretan en la participación vía clases magistrales, de representantes de los distintos eslabones de la cadena de valor. Precisamente en este contexto, se enmarca la reciente intervención de José Manuel González Serna, Presidente de Cerealto Siro Foods, bajo el título de “la aplicación de las nuevas tecnologías en las explotaciones agrarias ¿Por qué es importante para una empresa de consumo?”. Durante su intervención, el máximo directivo de Cerealto Siro Foods explicó a los alumnos los esfuerzos de la compañía de productos alimenticios derivados del cereal en el área de la tecnología de precisión en la producción de trigo, aportando, en paralelo, a su experiencia personal y profesional vinculada a la gestión de una empresa que factura 600 millones de euros. “Atraer al aula, a líderes empresariales como González Serna solo es posible gracias a su compromiso por la mejora del sector, y por decidida apuesta por estrechar lazos con sus stakeholders, en este caso futuros directivos”, ha destacado Jordana.

Precisamente una de las claves de MGEA es el crecimiento laboral que experimentan los alumnos tras su paso por el programa. En concreto en la pasada edición (2017-2018) un 47% ha mejorado su posición laboral y un 12% ha emprendido nuevos proyectos vinculados al desarrollo de alimentos.

La Fundación LAFER que recientemente ha abierto el plazo de matriculación de MGEA, buscar facilitar la participación de 20 profesionales llamados a liderar y ser la cantera de talentos de las empresas del sector agroalimentario. Entre las empresas que respaldan MGEA se encuentra Unilever, Fertiberia, Calidad Pascual, AENOR y respecto a las organizaciones destacar, Foro Interalimentario, Cooperativas Agro-alimentarias de España, FIAB, ASAJA, ASEDAS, Cesfac, entre otras.

La política española: otro ejemplo de improvisación permanente

Nos hacemos eco de una artículo de opinión escrito por Jorge Jordana, director del Máster en Gestión de Empresas Agroalimentarias (MGEA) en el medio online QCom.es.

Jorge Jordana, director del Máster en Gestión de Empresas Agroalimentarias (MGEA) 

23/11/18

Fuente: QCom.es

La vigilancia de la sanidad de los alimentos siempre había dependido de una subdirección, dentro de la Dirección General de Salud Pública. Hasta mediados de los ochenta era ella la única que intervenía en los problemas sanitarios de origen alimentario que podían aparecer. Algunos tan irrelevantes como el síndrome toxico: el mayor problema de origen alimentario ocurrido en el mundo. A los que nos “tocó” hacer lo que podíamos en aquel tiempo, una vez superado la fase aguda del problema, propusimos medidas tendentes a poder gestionar mejor la siguiente crisis cuando ocurriera y, así, iniciamos la creación de una red de alerta temprana de incidencias en salud de los alimentos e introdujimos en las empresas sistemas voluntarios de autocontrol, adelantándonos, en ambos casos, a la propia Unión Europea.

Cuando se fueron creando las Comunidades Autónomas y se fueron cediendo las competencias sobre los controles de la alimentación, pronto se vio, entonces desde la industria alimentaria, que las nuevas unidades administrativas trabajaban con una gran deslealtad, tanto con la Administración General del Estado, como entre ellas. No es que no se compartiera información, es que, incluso se negaba cuando se solicitaba expresamente. En la gestión de la Red de Alertas, en la que la industria alimentaria participaba directamente pues la idea inicial había partido de ella, pronto empezamos a observar la absoluta falta de procedimientos discutidos y armonizados. Ante una misma causa sospechosa una Comunidad hacia una cosa y otra, igualmente implicada, no hacía nada.

Este especial “clima” nos llevó a que, formalmente, la FIAB solicitara en 1993 y en escrito dirigido a la entonces Secretaria General de Alimentación, Dña. Regina Revilla, la creación de una Agencia, participada por las Comunidades Autónomas, para gestionar de forma conjunta, ordenada y eficaz esta problemática; petición que se reiteró ante la Ministra de Agricultura Dña. Loyola de Palacios en 1996. Y con ella sí que hubo respuesta creándose un mini grupo de trabajo entre la FIAB y el Ministerio que, a lo largo de año y medio, fuimos elaborando un esbozo de Agencia. Cuando la Ministra cesó para ocupar la Vicepresidencia de la Comisión Europea, el nuevo Ministro paralizó el progreso del diseño de la Agencia.

En el año 1999 un fantasma recorrió Europa: la crisis de las “Vacas Locas”. Todas las instituciones europeas van pensando en lo que necesitan para gestionar ese problema… y los venideros (el riesgo cero no existe) y se van produciendo diversas iniciativas simultáneas: la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), la Food Standards Agency en el Reino Unido, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESA) en España,…
El Congreso de los Diputados aprobó, en julio de 1999 y por unanimidad, una resolución instando a la pronta constitución de esa Agencia. Obviamente la elaboración del proyecto competía al Gobierno y su aprobación al Congreso, pero pronto apareció un problema, nada nuevo para los conocedores: la lucha por las competencias entre Sanidad y Agricultura. Ante el difícil avance del proyecto, ya en el 2000, fui involucrado desde el Gabinete del Presidente del Gobierno, dada mi participación en el diseño anteriormente trabajado. Se fue avanzando en el proyecto de Ley, se fue trabajando con los grupos parlamentarios y finalmente fue aprobado en julio de 2001, presentando cuatro singularidades.

– Fue la única Ley que se aprobó por unanimidad en el Parlamento en esa legislatura, con mayoría del Partido Popular.
– La Agencia se situó bajo la dependencia del Ministerio de Sanidad.
– En el Consejo de Dirección de la Agencia, no solo estaban representadas las administraciones competentes, incluidos los municipios, sino una representación de las organizaciones de consumidores y de las de los productores de alimentos (agricultura e industria alimentaria), lo que hoy se llama partenariado publico-privado.
– A la presidencia de la Agencia se le dio rango de subsecretaría para poder convocar a las direcciones generales de las comunidades autónomas y poder realizar una coordinación real con las administraciones competentes.

Y el inicio del funcionamiento de la AESA fue brillante. Pronto demostró su competencia en armonizar el funcionamiento de las alertas alimentarias (se producen anualmente más de mil), coordinar la elaboración de la legislación de la Unión Europea y su eficacia en la gestión de las nuevas incidencias, como la epidemia de obesidad alertada por la OMS al principio de los 2000. La instauración de la estrategia NAOS, diseñada entre la AESA y la FIAB y el autocontrol de la publicidad dirigida a menores de 12 años, elaborado por la FIAB y aceptado por la AESA (Código PAOS) fueron parte de las acciones iniciales. Por cierto, ambas premiadas por la OMS y por la FAO, respectivamente.

Que las autoridades políticas no sabían qué tenían entre las manos se empezó a manifestar pronto. A un ministro, aún ignoro por qué, se le ocurrió incorporar la palabra «nutrición» a la Agencia, como si acabara de descubrir que no era parte de la seguridad alimentaria. Yo ya critiqué la medida por no aportar nada e ir diluyendo la imagen de la alimentación. Recuerdo que dije que podíamos acabar con una denominación propia del camarote de los Hermanos Marx.

Y así acabamos. AESAN, después AECOSAN (los juguetes con la alimentación) y a continuación ir rebajando su nivel administrativo y, si como leo va a ser una subdirección, cerramos el círculo volviendo a los 80: el futuro de la seguridad alimentaria española está en su pasado y nuestro sector alimentario empezará a ver cómo se va erosionando la imagen de su seguridad alimentaria, conforme las alertas alimentarias se gestionen, o no, en las miles de instituciones administrativas con competencias en la materia, que estarán supervisadas…por un subdirector.

¡Ya volverá a tronar!