El terrorismo yihadista en España se nutre cada vez más de jóvenes de entre 18 a 24 años y de nacionalidad española que se radicalizan en un entorno digital. Esta fue una de las conclusiones de los expertos académicos y representantes de la sociedad civil y de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado que se reunieron durante dos jornadas en el foro internacional “Actualidad del terrorismo yihadista: riesgos y amenazas”, organizado por la Universidad Nebrija y la Comunidad de Inteligencia y Seguridad Global (CISEG).
Javier de la Uz, profesor del Grado en Criminología y Ciencias Forenses de la Universidad Nebrija, explicó que, aunque la horquilla de edad es “amplia”, las más representativas señalan al tramo de 18 a 24 años. “Estamos viendo mayor presencia de ciudadanos españoles con independencia de su origen”, señaló. En un momento en el que “escuchamos discursos que relacionan migración irregular con yihadismo, nos tenemos que dar cuenta de que son ciudadanos de la Unión Europea los que se están radicalizando”.
“Estos perfiles jóvenes vulnerables presentan, en muchos casos, crisis de identidad y son permeables a todo tipo de idea radicales”, precisó De la Uz, que argumentó que los videojuegos y las redes sociales son dos canales que usan los captadores extremistas.
Acceso temprano a las redes sociales
A. —que requirió mantenerse en el anonimato en las jornadas—, representante del SEPBLAC (Servicio Ejecutivo de la Comisión de Prevención del Blanqueo de Capitales e Infracciones Monetarias), aludió al acceso temprano de los jóvenes a las redes sociales o a los juegos en línea “donde hay gente que está detrás” y a una “nueva financiación” que “cambia un paradigma de la radicalización” donde la familia “ya no es el factor primario”.
Por su parte, José Luis Castro, titular del Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria y Menores de la Audiencia Nacional, dio una serie de datos relacionados con los menores de edad encausados en actividades yihadistas en España. El 45,3 % son de nacionalidad española; un 41,1 %, de nacionalidad marroquí y un 13 % de otras nacionalidades. Por lo general, su conocimiento del Corán es “bastante escaso” y el 60 % pertenece a familias con ingresos familiares centrados en el sistema público de ayudas. El 40 % de los menores sufren abandono escolar y el 70% son hijos de unos padres que “no se enteran” de sus actividades delictivas. La tendencia “ascendente” queda reflejada en el número de menores implicados en procesos que tienen que ver con el terrorismo yihadista en España: 2 casos en 2013; 26, en 2023; y en 2025, 18 hasta el momento.
El papel de la reinserción
Durante el encuentro celebrado en la Universidad Nebrija y promovido por ACK3, consultoría estratégica de riesgos e inteligencia económica, Maite García, jefa de la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor (ARRMI), explicó las medidas que la Comunidad de Madrid adopta en este campo. Apoyándose en La Ley 4/2023, de 22 de marzo, de Derechos, Garantías y Protección Integral de la Infancia y la Adolescencia de la Comunidad de Madrid y en la evaluación profesional de todo el proceso, los profesionales de la Agencia trabajan “en la responsabilización para que reconozcan el daño causado a las víctimas, en el fortalecimiento de los factores personales, sociales y familiares; y en la aplicación de tratamientos que favorezcan la reinserción a través de programas”.
La radicalización, según García, se inicia online y puede tener en sus orígenes en aspectos que contribuyen a esa deriva como la sobreprotección parental o el acoso escolar, “una experiencia traumática que muchos chicos y chicas tienen en su mochila de vida”.
“Descentralizado, tecnológico y solitario”
En la misma mesa redonda, Patricia Pazos, oficial superior de Proyectos y Capacitación de Victim Support Europe, concretó que, desde la Unión Europea, el terrorismo yihadista responde a un fenómeno “más descentralizado, más tecnológico y más solitario” que en épocas pasadas.
Los cuatro problemas “más importantes” para luchar contra el terrorismo y la radicalización son, en su opinión: la inteligencia artificial y los vídeos ultrafalsos, “donde cada vez hay más menores implicados y que implica que los cuerpos y fuerzas de seguridad se pasen el 80 % de su tiempo ante las pantallas”; el número “creciente” de armas elaboradas en impresoras 3D que escapan de los controles; los drones y su futura capacidad para cometer atentados, y la financiación del terrorismo con criptomonedas, que se une a la “yihad barata” de uso de cuchillos y alquileres de furgonetas que arremeten contra objetivos como los mercadillos navideños, lo que hace “más difícil” la lucha contra el terrorismo.
Para minimizar el daño, Pazos instó a adoptar un enfoque integral contra el yihadismo que se centre en lo local, en la prevencion y la vigilancia, en la prioridad a los menores, que están cada vez más expuestos, en inculcar a los radicalizados y su círculo a salir del proceso, y en medir la efectividad de todas las iniciativas.
Policía comunitaria
Precisamente en el trabajo en el ámbito local se centró José Martínez Marín, criminólogo y subinspector de la Policía de Murcia. En defensa de una policía de barrio o comunitaria que esté cerca de la comunidad en una labor de “prevencion inteligente”, el subinspector recordó que “la seguridad nace de ese contacto humano, no de un informe, para actuar antes de que el delito se produzca”.
Conocer los indicadores “tempranos” que llevan a los procesos de radicalización tiene que ver, para él, con un conocimiento “profundo” de la comunidad en un “mano a mano entre el tejido social y policías de referencia”. Este modelo que ha dado sus frutos en Reino Unido o Países Bajos es el que está aplicándose en Murcia en conjunción con los proyectos europeos de seguridad.
Conocer desde dentro
Asimismo, el investigador y analista Eddine Boumnina considera que hay que estudiar el yihadismo, “con su columna espiritual” desde “muchos ángulos”, aunque para determinar el grado de radicalización de una persona “hay que conocerlo desde dentro no desde la observación”. El autor de Descifrando la mente del yihadista manifestó que “cualquier informe que no tenga el perfil doctrinal de la persona estaría incompleto”.
De la misma opinión es Jorge Quintana, director general de ACK3, para quien “desradicalizar el mundo empieza por comprenderlo”. Considerando que “la inteligencia también puede curar”, ahondó en los diferentes “vacíos” emocionales, educativos, informativos y de pérdida de confianza en las instituciones, elementos que pueden avivar el camino hacia el terrorismo. “Hoy el extremismo no necesita campos de entrenamiento, le basta con un algoritmo. El extremismo es igual a narrativa más emoción más conexión digital”, añadió.
De los procesos de radicalización (captación, propaganda, dinámicas de grupo y financiación), A., representante del SEPBLAC, explicó que, a pesar de la “complejidad” de los movimientos de dinero, una simple transacción puede ser “un indico evidente” de alguien radical. El SEPBLAC, asociado al GAFI (Grupo de Acción Financiera Internacional), con la intervención de agentes como los bancos, puede llevar a buen puerto una investigación que interprete un conjunto de indicadores como un excesivo gasto de una persona que está sin trabajo o alguien que viaje sin billete de vuelta.
Factores exógenos y endógenos
En todo caso, de acuerdo con Javier de la Uz, profesor de la Universidad Nebrija, hay que considerar el terrorismo yihadista como un fenómeno que se nutre de “complejos procesos de captación y radicalización” que comienzan en entornos digitales, pero, en algunas ocasiones, también en un contacto cara a cara.
El yihadismo, basado en la doctrina salafista, la Yihad como instrumento y la imposición de la Sharía, presenta, en su opinión factores “exógenos” de radicalización como la captación de personas en conflictos globales que afectan a la población musulmana en distintos puntos de planeta (como la guerra civil en Siria o la proclamación del califato en 2014 por parte de Daesh), la invasión de Ucrania, el conflicto Israel-palestina o un entorno sociopolítico determinado (“incluso en las sociedades democráticas donde están garantizados los derechos fundamentales”).
Como factores endógenos apuntó a elementos emocionales (rabia, fascinación de la violencia, deseos de aventura, etc.), elementos cognitivos (“percepción de que sucede algo injusto”), y deshumanización (“para justificar y facilitar el uso de la violencia, los adversarios son desposeídos de su cualidad humana mediante manipulación psicológica”). “Estos factores psicológicos son impulsados por la propaganda audiovisual que difunden las organizaciones terroristas”, completó.
Destrucción del patrimonio
Otro de los asuntos que trató el foro internacional fue la destrucción del patrimonio histórico y cultural en Irak, Afganistán y Siria provocada por el terrorismo yihadista o sus acciones de gobierno. Enrique Cuenca, teniente del Ejército de Tierra y delegado de CISEG, enumeró algunos atropellos como la desaparición de los budas de Bamiyan, dos monumentales estatuas a 230 kilómetros al noroeste de Kabul de los siglos V o VI, o la destrucción del Templo de Baal en la ciudad romana de Palmira.
El ámbito penal y penitenciario también tuvo cabida en las jornadas organizadas por la Universidad Nebrija y CISEG. Carlos Berbell, director de CONFILEGAL, moderó una mesa redonda que integró a Juan Moral de la Rosa, exfiscal de la Audiencia Nacional y profesor de la Universidad Nebrija; Francisco Javier Moreno, primer director del Centro Penitenciario Brians I de Barcelona, y José Luis Castro, titular del Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria y Menores de la Audiencia Nacional, que cifró en 3.000 los presos yihadistas adultos presos en España.
Homenaje al “héroe del monopatín”
La mesa redonda más emotiva de la jornada, moderada por Maite Muiña, profesora de la Universidad Nebrija, la protagonizaron las víctimas del terrorismo. Joaquín Echeverría, padre de Ignacio, el “héroe del monopatín”, asesinado en los atentados de Londres de 2017 glosó la figura de su hijo: “Era un hombre bueno, la sublimación del bien, tenía la ingenuidad del que no es capaz de envidiar sino de admirar. Fue un hombre muy próximo a cualquiera que hubiera sentido dolor. Fue una víctima fortuita porque vio un atentado y decidió intervenir. Espero que su muerte sea más útil que lo que hubiera sido su vida hasta los 80 años”.
La Universidad Nebrija y CISEG tributaron un homenaje a Ignacio Echeverría y le otorgaron una placa de reconocimiento de parte de todos los trabajadores de ambas entidades.
En el mismo coloquio, David Garriga, presidente de CISEG, hizo referencia a su libro Víctimas de la yihad negra de Dáesh, del que es coautor Ilham Majure, que recoge el testimonio en primera persona de dieciséis supervivientes del Daesh en Siria y en Irak.
Criminología humanista
Antes de la intervención de María Juan Díez, psicóloga de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), que instó a todos a “dar visibilidad a las víctimas en defensa de la verdad, la memoria, la dignidad y la justicia”, el psicólogo criminalista Juan Enrique Soto, director del Máster en Análisis de Conducta Criminal de la Universidad Internacional de la Rioja, defendió una criminología humanista “que trate de restituir la dignidad de las personas que el delito ha roto” y que sitúe en el centro a la víctima, “no como objeto de protección, sino como fuente moral de conocimiento”.
En su opinión, la criminología humanista “busca comprender el sufrimiento que los datos esconden, porque el dato sin compasión se convierte en rutina y la compasión sin rigor se disuelve en emoción “.
El peso de la investigación académica
En la inauguración del foro internacional “Actualidad del terrorismo yihadista: riesgos y amenazas”, Alfonso López de la Osa, decano de la Facultad de Derecho y de Relaciones Internacionales de la Universidad Nebrija recordó que el apoyo de la investigación científica y académica favorece el respeto entre las religiones y potencia las soluciones de paz.
En la misma línea, David Garriga, presidente de CISEG, hizo hincapié en la necesidad de estos encuentros para compartir esa investigación entre todos los agentes sociales, y Nicolás Marchal, director del departamento de Seguridad y Defensa de la Universidad Nebrija, alentó a los asistentes a “hacer visible el trabajo invisible de personas que arriesgan su vida y roban tiempo a sus familias en la lucha contra el terrorismo”.
El segundo día del encuentro estuvo orientado a las capacidades de anticipación y protección como la inteligencia estratégica, la seguridad y la cooperación público-privada.
“Signos de alerta”
José Manuel Ávalos, vocal de Relaciones Institucionales de CISEG, moderó un debate que reunió a Emilia José Peña, profesora de la Universidad Nebrija y oficial de la Armada Española; José María Blanco, director de Prosegur Research; Arnaud Besnier, asesor ejecutivo de las fuerzas del orden de materia de IA y Trasformación Digital de IDEMIA, e Iván Portillo, profesor de la Universidad Nebrija y especialista en Inteligencia y Specialist Cybersecurity en Vodafone España.
Los “signos de alerta” ante los procesos de radicalización, según José María Blanco, pasan por tres niveles que van de lo macro a lo micro: desde las políticas migratorias y las operaciones militares hasta los cambios en la forma de vestir o los comentarios que comparte un individuo por las redes sociales pasando por la observación de grupos sospechosos. Este análisis “no debe olvidar causas estructurales como la zona geográfica y las coyunturales como las operaciones policiales o la identificación de entornos históricos ante un potencial atentado”.
Aunque las radicalizaciones son diferentes dependiendo de la región, Emilia José Peña observa unos vectores generales como la violencia en la segunda y tercera generación de un migrante, como ocurre en Francia, y como la búsqueda de respuestas de los jóvenes en el entorno ciber y en la “zona gris”, que son “muy difíciles de monotorizar e identificar”.
Innovación y tecnología
Ivan Portillo concretó cómo diferentes aproximaciones como la participación en determinados videojuegos o el intento de borrado de la huella digital identifican estos actores en edades jóvenes. Ante esta amenaza global, Arnaud Besnier, que detalló el programa Spectra de “transformación de datos complejos en información clara desde una sola plataforma”, apostó por la innovación y la tecnología como herramientas de prevención.
Todos los componentes de esta mesa redonda consideraron que los automatismos de la inteligencia artificial ayudan en las investigaciones, pero reivindicaron el papel de los analistas humanos en la interpretación de la ingente cantidad de datos que se generan en cada caso.
Consenso Victoria
El Consenso Victoria, “una herramienta en la gestión sanitaria de incidentes intencionados con múltiples víctimas”, acaparó la atención de los últimos momentos de la jornada organizada por la Universidad Nebrija y la Comunidad de Inteligencia y Seguridad Global (CISEG). Ricardo González Ruiz y Pablo Pérez Varela, director y director técnico del Campus para la Seguridad y Defensa de la Cátedra EDUKA, respectivamente, José Antonio Crespo, director de la Cátedra EDUKA, y Luis Martín Ibáñez, coautor del estudio científico Consenso Victoria, explicaron la génesis de una iniciativa pionera en España.
El Consenso Victoria define los roles y los procedimientos en los primeros minutos críticos de un atentado, el triaje, la logística y la continuidad asistencial; describe la coordinación entre emergencias, seguridad y hospitales, junto con pautas de comunicación; y propone formación y simulacros.
Texto: Javier Picos / Fotos: Zaida del Río.










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