El actual escenario internacional atraviesa un proceso de fragmentación que Jean-François Gaudreault-DesBiens, vicerrector de la Universidad de Montreal define como un “nuevo desorden global”. el experto sostiene que países comprometidos con la democracia, como Canadá y España, tienen que “asegurar la soberanía digital e invertir en ello”.
El titular de la Canada Research Chair en Identidades Jurídicas y Culturales Norteamericanas y Comparadas advirtió de que la sostenibilidad de las democracias constitucionales depende hoy de la capacidad de los Estados para generar bases de datos domésticas e internet en lenguas distintas al inglés, contrarrestando el monopolio de las plataformas de información y redes sociales.
“El mundo no debe estar controlado por Elon Musk o por Zuckerberg; es la gente, en España o en Lituania, quien debe tener control sobre su destino y sobre la información que comparte”, aseveró, denunciando que estas corporaciones actúan como “actores increíbles de desinformación”.
El iliberalismo frente a los países democráticos
El académico pronunció una conferencia en la Universidad Nebrija, titulada Fundamental rights and the new global order, organizada por la Facultad de Derecho y de Relaciones Internacionales, Gaudreault-DesBiens analizó el retroceso de las libertades fundamentales, citando el discurso del primer ministro canadiense, Mark Carney, en el Foro Económico Mundial de Davos el pasado enero, sobre la erosión del multilateralismo ante el ascenso de potencias como China, Rusia y el papel actual de EE. UU.
Para Gaudreault-DesBiens, el derecho internacional atraviesa una fase de asimetría crítica: “Funciona cuando les interesa a los Estados respetarlo”, remachó, y llamó a defender los derechos humanos “en un marco de constitucionalismo iliberal”, con consecuencias que deben ser tenidas en cuenta mediante el refuerzo de las instituciones democráticas.
Uno de los puntos más alarmantes que señaló fue el retroceso en los derechos de las mujeres, no solo en regímenes islámicos, sino en democracias occidentales. En su análisis, decisiones como la reversión del derecho al aborto en EE. UU. representan un “primer paso para que las mujeres vuelvan a su rol tradicional en la familia y la casa”. Este fenómeno, advirtió, se ve reforzado por una “masculinidad agresiva” y una “instrumentalización de otros derechos, como el de religión, frente a los derechos de las mujeres”.
Falsedades con intereses maliciosos
La desinformación se alza como la principal amenaza para las instituciones, aseguró Gaudreault-DesBiens, e instó a las democracias a recuperar el valor de los hechos como base del discurso racional.
Denunció que ciertos políticos difundan falsedades con “intereses maliciosos”, como los bulos de Donald Trump sobre inmigrantes en Ohio que comían mascotas. En este sentido, criticó la deriva de figuras como Robert F. Kennedy Jr. respecto a la vacunación: “Es innegable que se menoscaban derechos humanos y soluciones ineficientes porque, cada vez más, quienes toman decisiones ignoran la ciencia”.
Burbujas algorítmicas
Ante el avance del “constitucionalismo iliberal” -ejemplificado en los ataques a universidades en Turquía, Polonia o Hungría-, el profesor hizo un llamamiento a la responsabilidad de los académicos y los ciudadanos. Defendió la necesidad de “lanzar un movimiento de resiliencia democrática” basado en la independencia de las instituciones de conocimiento y en la regulación de las fake news para romper las “burbujas algorítmicas”.
Finalmente, el vicerrector de la Universidad de Montreal reconoció la dificultad de actuar de forma aislada -recordó que el 80 % de la economía canadiense depende de EE. UU.-, pero insistió en que el refuerzo institucional debe ser realista y basarse en la evidencia. “La sostenibilidad de las democracias se basa en ciudadanos bien informados”, concluyó, y apeló a una cultura política que priorice el bien común sobre los intereses de los lobbies y el control tecnológico externo.
La conferencia estuvo presentada por el decano Alfonso López de la Osa, y moderada por la profesora e investigadora Gracia Abad.
Texto: Abigail Campos Díez / Fotos: Zaida del Río



