Carlos López-Otín: “La curiosidad es el mejor elixir de la longevidad”

Carlos López-Otín: “La curiosidad es el mejor elixir de la longevidad”

Con “la receta de la empatía y la curiosidad” frente al odio, la perversión, la violencia, la envidia, la desigualdad y la indiferencia humana, que él mismo ha sufrido, Carlos López-Otín despliega su discurso humanista y científico en el acto de Santo Tomás de Aquino celebrado en la Universidad Nebrija. El catedrático de Bioquímica y Biología Molecular reconoce en la regulación, la plasticidad y la diversidad los tres ejes que nos hacen diferentes. “No he encontrado el gen del alma, pero sí unas metaclaves vitales: el lenguaje, la educación, la cultura, la sensación de fragilidad, la solidaridad y la curiosidad, el mejor elixir de la longevidad”, comenta en su tono pausado.

En su tercer papel protagonista en la Universidad tras la distinción como doctor honoris causa y la presentación del libro La levedad de las libélulas, el científico asturiano, el español más citado en el campo de la biología molecular, confiesa que nunca ha tenido sueños de inmortalidad ni de perfección, que la vida y la enfermedad van juntas, que la salud es mucho más que la ausencia de enfermedad —que precisamente “tiene un gran futuro por las imperfecciones de la vida”—, y que “la última verdad está en aceptar la fragilidad humana y en la humana capacidad de responder  a la adversidad”.

“Caminando lentamente”

“Mientras unos hablan de que vamos a ser inmortales y otros cambian el mundo, las fronteras, los países y los deseos, otros más vamos caminando lentamente. Yo sigo escribiendo y estudiando casos de pacientes con una enfermedad concreta que ya no puede ayudar la medicina”, sostiene mientras transmite que la clave está en no olvidarse de la educación de las personas al mismo tiempo que seguimos enseñando a las máquinas. “No hay que confundir la información con el conocimiento, ni el instrumento con la música, ni el ruido con la verdad: esto es lo que traté y trato de enseñarle a mis miles de discípulos”. Sin duda este es otro de los pilares de su discurso titulado “Claves biológicas y sociales de salud y longevidad”.

Carlos López-Otín. Santo Tomás Nebrija

Ante los gurús que hace veinte años diagnosticaron que en 2045 íbamos a ser inmortales y las afirmaciones de Elon Musk, cofundador y director general de Tesla, sobre el “problema solucionable” del envejecimiento, López-Otín se queda atónito. Son afirmaciones que escapan de su trabajo, muchas veces fuera de los focos mediáticos. Recuerda que la salud, la vida y la longevidad son “dones, grandes regalos, pero muy sutiles y perecederos, provisionales y efímeros”. Su viaje, “de conocimiento molecular y personal”, se ha ido concentrando en “pocas y sencillas” cuestiones que desembocan en una reflexión en voz alta: “La entropía y la ignorancia son nuestras vulnerabilidades”.

Un alivio de ignorancia de cincuenta años

“Mi propio alivio de ignorancia cumplió cincuenta años de formación universitaria, donde he procurado entender las claves de la vida y extender el arco iris de la salud, de la vida y de las enfermedades de una manera romántica y sentimental, pero poniéndome a estudiar todos los días”, añade.

En defensa de una cultura médica, científica y humanista, López-Otín, “educado en los lenguajes de la vida” y “en los secretos del ADN, “el primer gran lenguaje biológico construido solo por cuatro letras”, explica que “la vida viene de la vida” y que “todos utilizamos este lenguaje con 3.000 millones de piezas en cada célula, que juntas componen un “libro muy grande” que provoca que “tengamos todas las posibilidades de ser diferentes en una misma especie”. Todo surge cuando las células aprendieron a dividirse y comenzaron a liberar un gas “tóxico” —el oxígeno— que unas “humildes” bacterias aprendieron a convertir en energía. Ahora producimos 10 millones de moléculas de energía por segundo y por célula.

Este origen bacteriano, que “posiblemente tenga relación con nuestro final” está relacionado con el primer “abrazo” entre dos células: la cohesión celular. Aparecen la cooperación, la diferenciación y la regulación, se inventa el altruismo y la muerte. “Me ofenden quienes dicen lo de ser inmortales, porque si no hubiera sido por el altruismo hoy no podríamos sobrevivir. Un millón de células mueren por segundo y lo hacen con discreción absoluta para que la vida siga siendo posible. Hubo que inventar la muerte y pudimos tirar para adelante”, argumenta.

Carlos López-Otín. Santo Tomás Nebrija

La salud, “el fruto de la armonía celular y social”

Teniendo en cuenta que la salud “es el fruto de la armonía celular y social” y que más de la mitad de las más de 60 billones de células que tenemos son de origen “inhumano”, a todos, según el biólogo molecular, “se nos debería rebajar la arrogancia”

Carlos López-Otín, con el bagaje de sus descubrimientos centrados en el cáncer, las enfermedades hereditarias y el envejecimiento, no rehúye las comparaciones culturales: “Vivimos en un realismo mágico. Todo el de la literatura es minúsculo comparado con el asombro de vivir cada día”.

Además del lenguaje de los genes y genomas que estudió con Margarita Salas y Severo Ochoa y del desciframiento del código genético, el científico asturiano comprobó que había más lenguajes: el epigenoma, con su red de compuestos químicos, y el metagenoma, conjunto de genes microbianos presentes en un entorno o ecosistema. Para ajustar este enjambre, rescata un verso del poeta norteamericano Walt Whitman: “Soy enorme: contengo multitudes”; también, el poemario Mi nombre es nosotros, de Amanda Gorman.

Pero falta algo en este conjunto nodal. López-Otín quiere integrar los lenguajes emocionales y culturales “en el contexto elitista y abstracto que es el genoma”, esa es su guía de trabajo en los últimos años donde reclama la atención el exposoma, el conjunto de factores ambientales que influye en nuestra salud. Ahí entra en concurso el “daño” que hace el cambio climático y otras condiciones. No obstante, piensa que el exposoma no puede ser solo malo, sino que debe haber un exposoma “amable y saludable como la naturaleza qie contemplo, los libros que leo, el altruismo que regalo, la amistad que disfruto o el amor que comparto” para compensar “el mundo cambiante y agresivo” y “el mal ambiente social”.

Carlos López-Otín y Manuel Villa-Cellino

17.000 males en el mundo

El Premio Europeo FEBS de Bioquímica, el Premio Nacional de Investigación Santiago Ramón y Cajal y el Premio Rey Jaime I de Investigación repite su mantra de “conocer para curar” —“esta vía de conocimiento interminable”— para combatir los “17.000 males que hay en el mundo, donde el cáncer —la enfermedad que nos hace sentir más vulnerables—solo es un elemento de esta lista que nos hace imperfectos”.

Insta a no tener miedo a la tecnología, sí a la ignorancia. Ha tenido que abrazar las últimas tecnologías en un camino investigador que le ha llevado a identificar 60 genes y ponerles nombres, crear ratones mutantes para comprender los genes y encontrar muchas claves de enfermedades como el síndrome de envejecimiento acelerado.

En su discurso ante las autoridades académicas, subraya ese excepcional progreso tecnológico que ha permitido la reprogramación de epigenética, “de volver atrás en el tiempo en la intimidad celular”. La edición génica es actuar directamente sobre el genoma, pero eso “está muy controlado, aunque cause impacto emocional en la población”. A su juicio es esencial “seguir adelante siempre que no hagamos promesas que no podamos cumplir. Queda muy bien exagerar o mentir porque regalas esperanza, pero luego viene el que se arregle quien pueda”.

Carlos López-Otín. Santo Tomás Nebrija

“El poema es más que la suma de sus versos”

López-Otín pondera el ejercicio y las dietas más austeras como “elixires de salud” ante una vida donde el todo es más que la suma de las partes, “igual que el poema es más que la suma de sus versos”. Ahí residen sus actuales esfuerzos: en crear modelos conceptuales y hacer aproximaciones globales, dos mundos que obligan a mirar los datos que genera la investigación.

Las terapias personalizadas, la genómica de la salud, el componente emocional y social y el aislamiento psicosocial, “una nueva clave de envejecimiento que colocamos en el centro”, están en la diana de una lucha científica que tiene nombres propios como Sammy (recientemente fallecido) y Guille, pacientes del científico asturiano.

El silencio, la sabiduría, el equilibrio y la armonía del cuerpo también están en el origen de ese pulso. “El futuro de la salud y la longevidad humana es brillante”, dice ante una apuesta que integra los lenguajes ómicos, el diagnóstico molecular, las terapias personalizadas, el diálogo ambiental, los lenguajes emocionales, el exposoma y la “nueva” discriminación social.

El método de Santo Tomás de Aquino

Antes de las palabras de López-Otín y de la presentación del científico por parte de Álvaro Bustinduy, vicerrector de la Universidad Nebrija, abrió el acto académico de Santo Tomás de Aquino la rectora, Montserrat Gomendio.

Montserrat Gomendio

Sobre la figura del filósofo y teólogo y sobre la proyección de su modelo escolástico en el presente y el futuro de la universidad giró su discurso: “Su vida y obra nos recuerdan que el fin último del conocimiento es llegar a la verdad, y que su búsqueda es una tarea compartida que se nutre del diálogo, del debate, de la razón y de la confianza en la inteligencia humana”.

En su opinión, este método, “que inspira nuestra vocación científica” para investigar “con rigor”, integrar diferentes áreas de conocimiento y vincular el conocimiento con el bien común, debe alimentar a la universidad del futuro ante una sociedad actual “marcada por la polarización, la dispersión de las fuentes de información y la sobreabundancia de opiniones”.

“Huir de los compartimentos estancos”

Gomendio, en su primer Santo Tomás de Aquino como rectora, remarcó que esta forma de pensamiento “exigente y profundo” y el enfoque interdisciplinar empujan a las universidades “a huir de los compartimentos estancos y a comprometerse a aportar soluciones a problemas complejos y globales”.

En este contexto, la Universidad Nebrija, como “institución abierta y exigente que entiende la calidad como cultura compartida, mira al futuro con confianza” a través de “una política sostenida de crecimiento y calidad que consolida titulaciones, fortalece la investigación, impulsa la internacionalización y cuida la experiencia de nuestros estudiantes”.

El solemne acto celebrado en el campus de la Politécnica y Ciencias Sociales de Nebrija también contó con la entrega de las distinciones a los miembros de la comunidad que se han hecho acreedores de ellas en este último año.

Texto: Javier Picos / Fotos: Zaida del Río.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *