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España y Estados Unidos no dejan de mirar a la Luna en la nueva era de exploración espacial

Panel de discusión sobre la colaboración aeroespacial entre España y Estados Unidos con cinco ponentes en el escenario.
Publicado:

18 de junio de 2026

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12 minutos

Una jornada impulsada por Fulbright Network Spain, en colaboración con la Embajada de EE. UU. y la Universidad Nebrija, reúne a astrónomos, ingenieros y docentes

Los programas Apolo y Artemis de la NASA (la agencia espacial estadounidense) deben una parte de su éxito a España. Si en el Apolo 11 (1969), la Estación de Seguimiento de Fresnedillas de la Oliva (Madrid) se convirtió en la primera instalación en el mundo que recibió la señal de aterrizaje del módulo Eagle de Neil Armstrong y Buzz Aldrin, en la misión Artemis II, del pasado abril, la empresa Airbus Crisa desarrolló la Unidad de Control Térmico, que controló la temperatura de la nave Orión. Los viajes espaciales a la Luna han dejado un poso de referentes españoles y han alimentado la nueva generación de sueños sobre Marte.

Sobre la colaboración aeroespacial entre Estados Unidos y España versó una jornada impulsada por Fulbright Network Spain, en colaboración con la Embajada de EE. UU. y la Universidad Nebrija, justo cuando la humanidad ha vuelto a orbitar nuestro satélite por primera vez en más de medio siglo. El encuentro estuvo enmarcado en la agenda América 250, el programa de celebración del 250º aniversario de la Declaración de Independencia de Estados Unidos.

En reconocimiento del papel español en la exploración lunar, con el Complejo de Comunicaciones del Espacio Profundo de Madrid, situado en Robledo de Chavela como “esencial para el éxito de estas misiones”, Kevin Mayner, agregado de Asuntos Culturales de la Embajada de EE. UU. en España, señaló que “cuando se vuela a 400.000 kilómetros sobre la Tierra, uno quiere saber que puede confiar en sus socios aquí”. La colaboración espacial entre Estados Unidos y España demuestra, en su opinión que, “cuando nuestras mentes más brillantes trabajan juntas, el impacto es extraordinario”.

Conocimiento compartido

Jesús García Aparicio abogado y asociado senior en Cuatrecasas, miembro fundador de Fulbright Network Spain y profesor de la Universidad Nebrija, consideró que esa cooperación va mucho más allá de antenas, señales o transmisiones de comunicación: cultiva “la convicción de que el conocimiento crece cuando se comparte y de que el progreso perdura cuando se construye junto a socios de confianza”.

“La historia nos recuerda que la confianza no es simplemente un valor abstracto; es el fundamento sobre el que se construyen las grandes aspiraciones. Cuando las personas y las naciones se unen en torno a un propósito que trasciende sus propios intereses, se amplía el horizonte de lo posible. Son capaces de poner a prueba los límites, superar fronteras y alcanzar cotas del potencial humano que antes parecían inalcanzables”, añadió.

Ingeniería del talento

Precisamente, Jesús García Aparicio moderó una mesa redonda en la que intervinieron Philip Baldwin, subadministrador adjunto del Programa de Comunicaciones Espaciales y Navegación de la NASA; Javier Rodríguez-Pacheco, catedrático de Astronomía y Astrofísica en la Universidad de Alcalá de Henares y responsable del Proyecto Energetic Particle Detector (EPD) de la misión espacial Solar Orbiter; José Manuel Grandela, ingeniero de la NASA en Madrid durante cuarenta años y testigo directo de la misión Apolo 11; e Inmaculada Serrano, directora general de StratXpace y asesora estratégica destacada en los sectores aeroespacial, telecomunicaciones y alta tecnología.

Admitiendo que la NASA “sigue ocupando un lugar muy especial en la imaginación de las personas y sigue representando ese sueño que todos compartimos”, Inmaculada Serrano defendió la “enorme” capacidad técnica y de innovación de la ingeniería española en las misiones. Estos profesionales y las propias empresas españolas participan activamente por ejemplo en el suministro de determinados sensores a SpaceX. “Puede parecer una participación diminuta, de apenas unos centímetros, pero detrás hay una tecnología extremadamente compleja”, reseñó.

La ingeniería, la investigación y el trabajo científico que hacen posible una misión espacial y que engloba el trabajo de referentes como los astronautas Sara García Alonso, Pablo Álvarez y Pedro Duque conforman el atractivo español en el sector aeroespacial: “Tengo un amigo que suele bromear diciendo que, al final, un astronauta es como Fernando Alonso: es quien conduce el vehículo, pero lo que realmente importa es el Ferrari, es todo el equipo y toda la tecnología que hay detrás. Exactamente igual ocurre en el espacio”.

Inmaculada Serrano precisó que lo “verdaderamente importante” de la conversión en astronautas es la “brillante” carrera científica de los mismos como Pablo Álvarez en la ingeniería y Sara García Alonso en la biología y la investigación biomédica. “Desde luego, si algún día vemos a Sara participando en una misión Artemis, eso supondrá un impulso extraordinario para inspirar a nuevas generaciones de niñas y jóvenes a estudiar ciencia, tecnología e ingeniería. Más allá del logro individual, tendría un enorme valor como referente y como mensaje para toda la sociedad”, opinó.

El valor de las comunicaciones 

En el coloquio, Philip Baldwin, verbalizó el agradecimiento de la NASA, concretamente del Programa de Comunicaciones y Navegación Espacial, a las estaciones de seguimiento, que permiten el contacto de todo tipo de misiones, y al esfuerzo en la puesta en marcha de las futuras bases permanentes en la Luna, que requerirán sistemas de navegación, comunicaciones inalámbricas y redes de comunicaciones locales. “España desempeña un papel fundamental en todo esto”, dijo.

La instalación de Robledo de Chavela, “probablemente la más utilizada” de toda la Red de Espacio Profundo de la NASA, es, para Baldwin, “un activo estratégico que resulta fundamental para nuestros lanzamientos, para nuestras operaciones científicas y para nuestras misiones tripuladas”. Durante la misión Artemis II, los astronautas mencionaron expresamente a España. “Ese reconocimiento demuestra hasta qué punto el trabajo que se realiza aquí es esencial para la exploración espacial de toda la humanidad”, afirmó.

El histórico José Manuel Grandela

El ingeniero José Manuel Grandela es un pionero del concurso español en las misiones de la NASA. Con 23 años fue testigo del alunizaje del módulo Eagle en el mar de la Tranquilidad desde su puesto en Fresnedillas de la Oliva: “Cuando la NASA me llamó y entré en el programa Apolo no podía creérmelo. Nunca había visto los enormes ordenadores que utilizábamos. Aquellas máquinas ocupaban salas enteras y estaban llenas de paneles, interruptores y luces que parecían sacadas de una película de ciencia ficción. Todo aquello era tan impresionante que parecía más propio de Star Trek que de la realidad”, rememoró.

Con una responsabilidad “enorme” en la misión Apolo 11, los ingenieros en la Tierra tenían que estar preparados para “cualquier eventualidad” como un error, un olvido o una situación inesperada. “Me siento profundamente agradecido por haber tenido la oportunidad de formar parte de aquella aventura extraordinaria, una aventura que en aquel tiempo muchos consideraban imposible y que terminó cambiando para siempre la historia de la humanidad”, confesó Grandela, que celebró el éxito de la misión con vino y jamón ibérico, entre otros manjares.

En la estación de Madrid, que mantenía el control y las comunicaciones durante aproximadamente ocho horas de la misión, se vivieron momento de tensión acrecentados cuando Neil Armstrong tuvo que tomar el control manual del Eagle con apenas un minuto de combustible para aterrizar en un lugar no previsto. En poco tiempo llegaron “las palabras que todos conocemos”: «Houston, aquí Base Tranquilidad. El Eagle ha aterrizado». En ese momento “todos queríamos saltar de alegría, pero no podíamos hacerlo todavía porque primero necesitábamos asegurarnos de que habíamos entendido correctamente el mensaje”.

Desde Houston respondieron que “volvían a respirar” y agradecieron a los astronautas su pericia. “Aquel mensaje de agradecimiento iba dirigido a los astronautas (Armstrong, Aldrin y Collins, en el Columbia, en la órbita lunar), pero también lo sentimos como nuestro. Porque ellos estaban allí arriba, pero nosotros estábamos aquí abajo formando parte del mismo equipo”, comentó.

La incertidumbre de los lanzamientos

El catedrático Javier Rodríguez-Pacheco frisaba los cinco años cuando Armstrong y Aldrin estamparon su huella en la Luna. Desde un pequeño pueblo de Salamanca, rodeado de vacas y caballos, conserva un recuerdo “difuso” de la imagen que trasmitía el televisor de blanco y negro de su casa. Esa borrosa visión derivó en una profesión con un recorrido de más de veinte años en misiones espaciales, especialmente relacionadas con el estudio del Sol. “En este trabajo aprendes rápido que nada sale exactamente como estaba previsto. Cada lanzamiento está lleno de incertidumbres, siempre existe la posibilidad de que algo falle y provoque retrasos”, manifestó.

El responsable del Proyecto Energetic Particle Detector (EPD) de la misión espacial Solar Orbiter narró su experiencia de un lanzamiento desde Cabo Cañaveral (Florida) en febrero de 2020: “Teníamos tres ventanas de lanzamiento disponibles y perdimos las dos primeras. Si no conseguíamos despegar en la tercera, habría que retrasar la misión más de un mes. Aquello habría sido un desastre. La emoción era enorme. Nos encontrábamos a unos ocho kilómetros de la plataforma de lanzamiento. Yo observaba con prismáticos cuando, de repente, el cohete encendió sus motores. El resplandor fue tan intenso que tuve que apartar la vista durante unos segundos. Los lanzamientos nocturnos son especialmente impresionantes. Es como si naciera un nuevo sol en el horizonte. Esa es la imagen que aún conservo. Pocos segundos después llegó la onda sonora, una vibración tremenda que te atraviesa el cuerpo entero. A partir de ese momento comenzaban los ocho minutos más críticos de la misión en los que pueden ocurrir muchas cosas. Y cuando llevas veinte años trabajando en un proyecto, sabes que todo tu esfuerzo está viajando dentro de ese cohete. Afortunadamente, aquella misión fue un éxito. La nave alcanzó el espacio y comenzó su viaje”.

Después de cada lanzamiento, la NASA transfiere gran parte del seguimiento de la misión al centro de operaciones de Darmstadt (Alemania). Al regresar a España de esa misión, Rodríguez-Pacheco empezó a ver personas con mascarillas. La pandemia de la covid-19 había estallado y de repente “nos encontramos con una situación inédita: una nave espacial viajando hacia el Sol y los equipos de control confinados en sus casas”. Como la misión no podía detenerse, el equipo empezó a operar desde sus hogares con videoconferencias y conexiones remotas.

Marte en el horizonte

En la segunda parte de la jornada celebrada en la Universidad Nebrija, Jesús García Aparicio provocó que todos viajaran de la Luna a Marte. ¿El planeta rojo esté en el objetivo inmediato de la NASA y de la exploración espacial mundial? Para Philip Baldwin, la cuestión relevante es la seguridad: “Ya hemos enviado vehículos exploradores y sondas y podríamos enviar una nave tripulada, pero ¿podemos traer a los astronautas de vuelta de forma segura? Ese viaje de regreso representa uno de los mayores desafíos tecnológicos que tenemos por delante”.

El “foco principal” de la NASA en estos momentos está en la Luna, donde “queremos construir una presencia sostenible allí”. Desde esa experiencia, la agencia espacial norteamericana quiere practicar todas las operaciones “que algún día serán necesarias para llegar a Marte” con comunicaciones, navegación y sincronización temporal y sistemas de monitorización y alerta. En este aspecto, son esenciales los sistemas de alerta relacionados con el clima espacial.

“Imaginemos a un astronauta trabajando en el exterior de una base lunar. Si se produce una tormenta solar peligrosa, necesitaría recibir una advertencia inmediata, algo equivalente a las alertas meteorológicas que recibimos hoy en nuestros teléfonos móviles. Para que eso sea posible necesitamos una infraestructura de comunicaciones robusta, fiable y capaz de responder en tiempo real. También necesitamos sistemas de observación del Sol que monitoricen continuamente la actividad solar y nos permitan anticipar esos riesgos”, explicó el subadministrador adjunto del Programa de Comunicaciones Espaciales y Navegación de la NASA.

Con la seguridad por bandera, Baldwin vaticinó que el calendario de exploración de Marte “probablemente se extenderá más de lo que muchos imaginan”. A su juicio, en la próxima década, o quizá en las dos próximas décadas, la humanidad “podrá construir las capacidades necesarias para dar el siguiente gran paso de la humanidad hacia Marte”.

Sin perder de vista el Sol

En atención a la seguridad, el catedrático Javier Rodríguez-Pacheco destacó la necesidad de estudiar mejor el Sol para comprender el clima espacial y proteger futras misiones tripuladas: “Cuando abandonamos la atmósfera terrestre y el campo magnético de la Tierra, perdemos gran parte de la protección natural frente a la radiación espacial. Por eso, si algún día queremos enviar seres humanos a Marte, necesitaremos sistemas capaces de predecir tormentas solares con la misma precisión con la que hoy predecimos tormentas meteorológicas en la Tierra”.

Las perspectivas más optimistas del asunto marciano apuntan a Elon Musk, el consejero delegado de SpaceX, con su deseo de establecer una colonia de un millón de personas en Marte en el año 2050. “Veremos, porque una vez que lo imaginamos, inmediatamente surgen muchas preguntas: ¿qué harán allí?, ¿dónde vivirán?, ¿de qué trabajarán?, ¿cómo se sostendrá una sociedad de esa magnitud? No se trata solo de ir, también hay que pensar en cómo regresar. Y, aunque algunas personas estén dispuestas a asumir el riesgo de viajar a Marte sin garantías de volver, convencer a un millón de personas en la Tierra para que hagan lo mismo es una cuestión completamente diferente”, aclaró Inmaculada Serrano mientras reiteraba que la colaboración internacional debe ser la norma en la exploración de Marte en “una visión compartida y un sueño colectivo”.

Aspiraciones lunáticas

En el último de los asuntos tratados, Javier Rodríguez-Pacheco, a pesar de que muchos estudiantes terminan sus carreras en el sector aeroespacial en otros países, estimó que “cada vez hay más conciencia de que el espacio representa una gran oportunidad estratégica y económica para que España siga avanzando en esa dirección y pueda crear más oportunidades para que el talento pueda desarrollarse aquí”.

En una jornada que también contó con las palabras de bienvenida y clausura de Álvaro Cremades, director del Máster en Seguridad y Defensa de la Universidad Nebrija, y de Alberto López San Miguel, director Ejecutivo de la Comisión Fulbright España, Javier Rodríguez Pacheco terminó las intervenciones con una nueva mirada a la Luna, que “no es solamente un paso intermedio hacia Marte, sino que también representa una oportunidad científica excepcional” por la instalación de observatorios astronómicos fuera de la distorsión de la atmósfera terrestre. “Hay una enorme cantidad de ciencia que podremos realizar desde la Luna. Y lo más emocionante es que esta nueva etapa ya ha comenzado. Mientras estamos aquí hablando, la exploración espacial sigue avanzando. La próxima generación de científicos, ingenieros y exploradores ya está preparándose para formar parte de ella”. 

Esta aspiración de lunáticos empedernidos nos sigue haciendo soñar con miradas renovadas hacia las exploraciones de otros mundos.

Texto: Javier Picos / Fotos: Zaida del Río

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