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Linazasoro y su peregrinaje por el camino “sutil” entre lo clásico y lo moderno
El arquitecto donostiarra, conocido por el Centro Universitario de las Escuelas Pías, abre oficialmente el curso del máster en Arquitectura
Con materiales como la madera laminada o el ladrillo y con una mochila cargada de oficio, José Ignacio Linazasoro, Medalla de Oro de la Arquitectura 2026, resuelve construcciones sin olvidar el paisaje, afronta paradojas con el diálogo entre el pasado y el presente y revive palimpsestos en un ejercicio de erudición y respeto a las capas de la historia. En palabras propias: “Hay que ser cuidadoso porque muchos arquitectos utilizan una idea de contraste que no funciona entre lo moderno y lo antiguo; también puede llegar a funcionar la continuidad, pero yo creo en el camino intermedio, sutil más problemático, más difícil”.
El arquitecto donostiarra, “que escribe y reflexiona en torno a su obra”, imparte la conferencia de apertura del máster en Arquitectura de la Universidad Nebrija. De la mano de sus libros La arquitectura del contexto (2022) y La memoria del orden (2013), unas “síntesis practica y teórica”, respectivamente, de su obra, su discurso transita por sus construcciones y remodelaciones más emblemáticas.
Su idea de contexto alejada del concepto de urbanismo más clásico lo agarra desde su proyecto de fin de carrera sobre unas viviendas en el caso histórico de Pamplona en 1972. La inserción de la arquitectura moderna en la parte más antigua y la “materialidad de la construcción por encima de la tipología” de un trabajo de análisis urbano en Laguardia (Rioja Alavesa) marcan sus primeros pasos
La ikastola de Fuenterrabía
En paralelo a investigaciones y escritos sobre el neoclasicismo en el País Vasco y la modernidad y colaboraciones con el antropólogo e historiador Julio Caro Baroja, erige la ikastola de Fuenterrabía (1974-1978), “un edificio autónomo y surrealista en un paisaje idílico”.
Tras la construcción de unas viviendas en Mendigorría, José Ignacio Linazasoro emprende la reconstrucción “crítica y alternativa” de la iglesia renacentista de Santa Cruz (Medina de Rioseco, Valladolid) tras hundirse su nave central. “Pensé que había que recuperar la fachada lateral, darle mayor presencia, porque esta se veía desde lejos, desde el paisaje”, señala ante la atenta mirada de los estudiantes. En esta intervención, usa madera laminada —uno de sus materiales fetiche— que encarga a carpinteros franceses para apuntalar la bóveda.
La biblioteca ( 1989-1994) es uno de los tres edificios que construye para la UNED en Ciudad Universitaria. “Esta especie de torre albarrana de monumentalidad moderada” y levantada en ladrillo se ubica al lado de la ruidosa M-30. Para conservar el silencio, las plantas de las salas de lecturas (con sus libros accesibles y no parapetados en una inexpugnable zona de préstamo —esta práctica no estaba extendida en España—) son “introvertidas”, mientras el último piso es “extrovertido”, con un mirador “magnífico”.
El diálogo en la iglesia de Valdemaqueda
Tras conocer la obra del arquitecto sueco Sigurd Lewerentz, acomete la reforma de la iglesia de San Lorenzo en la localidad madrileña de Valdemaqueda (1997-2001). Aquí hay un palimpsesto que convierte en un “diálogo paradójico entre lo nuevo y lo antiguo que no se somete ni imita lo antiguo, sino que lo asimila desde una posición diferente”. Crea un monstruo de “dos cabezas que dialoga desde la armonía y desde la contradicción”.
Las Escuelas Pías (1996-2004), enclavadas en el barrio de Lavapiés, es su obra más reconocida. En este “encuentro con la ruina” provocada por la guerra civil española, José Ignacio Linazasoro incorpora una biblioteca y un aulario para la UNED. Acomete un proyecto nuevo con estructura de madera laminada “en una reconstrucción libre y discontinua”. Como Piranesi, “que había hecho de la ruina un valor en sí misma”, el arquitecto vasco “ocupa” las Escuelas Pías para hacerlas útiles porque “la propia memoria está contenida en la ruina de forma imperfecta”.
Con la ruptura de la simetría y de la frontalidad de la plaza de la catedral de Reims (2008), con la “armonía y el contraste” del Centro de Congreso de Troyes (2014) con las casas antiguas de la ciudad y con la reciente reordenación de la plaza de la Puerta del Sol termina su viaje expositivo en las aulas de Nebrija José Ignacio Linazasoro.
Ciprés de sombra alargada
Es buen momento para recuperar la metáfora inicial de Fernando del Moral, director de la Escuela de Arquitectura y Construcción de la Universidad Nebrija, dedicada a la influencia de Linazasoro, Premio COAM, Premio Moreno Mansilla, Premio COACYLE, Premio Gutiérrez Soto y académico de Arquitectura de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando: “Hablar de él es hablar de una especie de sombra ligada a un ciprés en el buen sentido del término”.
Al amparo de esa sombra desde sus inicios de estudiante, Moral admira la labor de su colega donostiarra por “su sentido de lo construido, lo presentado y lo proyectado” y por “la nueva dimensión de contexto inmediato y cultura expandida” que otorga a sus trabajos.
Texto: Javier Picos. Fotos: Pablo Martínez Dorado
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