Noticias
Nebrija Escena triunfa con una adaptación lorquiana y una obra sobre la presión por encajar en una sociedad modelada por las redes
Doña Rosita, la nuestra y Murmuración culminan en los Teatros Luchana el aprendizaje de la carrera teatral de los aprendices de las tablas de la Universidad
Nebrija Escena, el proyecto del grado en Artes Escénicas de la Universidad Nebrija que sirve de puente al mundo profesional, vivió una de sus temporadas más dulces. Dos obras y cuatro funciones en los Teatros Luchana certificaron el buen estado de las tablas universitarias con Doña Rosita, la nuestra, una versión libre de la obra de Federico García Lorca Doña Rosita la soltera con dramaturgia de Alberto Basas, y Murmuración, escrita y dirigida por Jorge Yumar, que acaba de recibir la Mención Especial a la dimensión social en los Premios Buero Vallejo de Teatro Joven de Madrid “en reconocimiento a su aguda mirada sobre las dinámicas contemporáneas de presión social y exclusión”.
El compromiso con la creación del presente y con la reflexión crítica, que genera diálogo sobre las cuestiones más candentes de la sociedad, tiene su eco en Murmuración, una propuesta sobre el miedo a quedar fuera en un espacio definido por la influencia de las redes sociales y los entornos digitales.
Como “un espejo incómodo pero necesario”, la pieza muestra “un universo en el que todos parecen mirar en la misma dirección, pero donde, paradójicamente, son pocos los que realmente deciden ver”. La inquietante puesta en escena, el espacio vacío con solo seis mesas de aula al servicio de los actores, los movimientos corporales cercanos a la danza contemporánea, la omnipresencia de los móviles y los roles bien definidos marcan una obra que empieza con Antonio Sierra, responsable de Nebrija Escena, entre otros cometidos de este hombre orquesta, pasando lista a unos estudiantes de segundo de Bachillerato que campan a sus anchas por el patio de butacas.
El silencio cómplice
La desaparición de un compañero de clase desata la tensión y emerge el silencio cómplice, las grabaciones y la dictadura de la imagen y de los fuertes. Al débil, al que todo el grupo señala, sufre siblicidio, una estratagema biológica que permite al polluelo más fuerte del nido matar al hermano para asegurarse su propia supervivencia. Esta referencia y otras más están en los parlamentos de los personajes de Murmuración.
La interpelación —móvil con linterna encendida en mano— a los espectadores para ver cómo se hubieran comportado en una situación que degenera en carne de contenido para las redes sociales es otra de las cimas de una obra que, según Jorge Yumar, “nace de una inquietud concreta: la facilidad con la que podemos presenciar el daño ajeno sin sentir un ápice de responsabilidad”.
“Explorar todos los recovecos”
A través del “compromiso, la honestidad y las ganas de disfrutar”, el director y creador de esta sacudida escénica pidió a los jóvenes actores que contaran algo que les “pillase muy cerca” y que pudiesen “explorar todos los recovecos”.
¿Se puede resumir en una frase anzuelo la esencia de la propuesta? Afirmativo: “Cuando el ruido crece, la verdad se vuelve inaudible. Nadie vio nada. Nadie hizo nada. Y, aun así, todo quedó grabado”.
El elenco de Murmuración está compuesto por Irai Bosque, Guillermo Miciano, Alba Galán, Rocío González Peña, Valentina Vargas, Andrea Merino, Ana Rivas, Day Dal Pont, Vilu Velasco, Lorena Zordo, y la colaboración especial de Nana Míguez. Además de Jorge Yumar el proyecto ha sido viable gracias a Eva Aguilera (ayudante de dirección), Alba Contreras y Daniel Barvo (ayudantes de producción), criss.huesca (iluminación), Tania Basen (vestuario y escenografía) y Eloy Noguera Atienza (maquillaje).
Doña Rosita, la nuestra
La segunda propuesta de Nebrija Escena en el curso actual tributa un merecido homenaje a Federico García Lorca, 91 años después de escribir Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores. La versión libre jaleada por Alberto Basas con el concurso de los actores es “una reflexión sobre la educación sentimental y el peso de la tradición en nuestra sociedad”.
El consultorio radiofónico de Elena Francis (“la señora que nunca existió, pero opinaba de todo”), los testimonios de mujeres reales y la propia espera de Rosita conviven con “nuestras contradicciones, nuestros privilegios, los mandatos sociales de la culpa femenina, el miedo al juicio o las corazas que el patriarcado impone a los hombres de ayer y de hoy”.
Doña Rosita, la nuestra rocía al público desde que se levanta el telón con frases como: “soy todos los tipos de mujeres”, “me da miedo el olvido”, “siempre nos perdemos lo que no elegimos” o “en el reflejo de sus ojos vi toda mi vida”. La presencia de tres Rositas, una por acto, y la vigencia de los monólogos en los que los personajes descansan para dar voz a las actrices y los actores sobre asuntos como la carestía de la vivienda, la desigualdad social, los delitos de odio, la homofobia o las redes sociales forman parte de la columna vertebral de una pieza que reivindica, y no es baladí, el respeto por los derechos humanos.
Vivencias en el teatro documental
“Lorca es un grande al que hay que acudir siempre para atacar problemáticas como la espera, la responsabilidad afectiva o el compromiso. Todo esto resuena en los jóvenes de hoy en día. Este es un proyecto de teatro documental en el que el elenco ha volcado sus vivencias y por otro lado hemos preguntado a mujeres mayores que han esperado para cumplir sus sueños”, destaca Alberto Basas, que ha tejido una dramaturgia con espacio y tiempo para la creación de los jóvenes.
Y añade: “Han entrado muy bien en el juego teatral, no estamos representando solo una obra, sino que hemos construido una creación colectiva, nos lo hemos pasado muy bien, nos hemos emocionado mucho, nos hemos conocido a través del hecho teatral. Me atrevo a decir que, con esta obra, ellos se han hecho un poco más mayores, más adultos”.
Los intérpretes de Doña Rosita, la nuestra son: Eva Aguilera, Daniel Bravo, Luciana Broggi, Alba Contreras, Almudena de la Fuente Ovalles, Daniel Greif, Inés Martínez Araque, Regina Muñoz, Axel Noé, Alba Piorno y Jimena Ponce. Lorena Zorzo (ayudante de dirección) Vilu Velasco (ayudante de producción), Cristina Huesca (iluminación), Tania Basen (vestuario y escenografía) y Eloy Noguera Atienza (maquillaje) completan el equipo.
Sueños de futuro
Entre bambalinas o antes de que un mar de espectadores avive los nervios del estreno, los protagonistas de Nebrija Escena se sinceran en el presente e imaginan su futuro sobre las tablas.
Daniel Greif, el tío de Rosita, rescata la belleza de estos meses, el esfuerzo por verbalizar problemas presentes, la investigación, el crecimiento y el juego a perder el miedo. “Siento que en toda la carrera nos han dado muchas herramientas para poder ir creciendo poco a poco. Toda la vida voy a seguir aprendiendo interpretación, pero me siento preparado para dar los primeros pasos en el mundo profesional. Estoy con algo de pena, pero me siento feliz”, afirma.
Su compañera de reparto y sobrina en la ficción, Alba Piorno, reivindica a Lorca como “escritor universal y poético” y loa el grado en Artes Escénicas porque le ha surtido de pasión, enseñanza, “mucha felicidad” e “ilusión y fuerza para seguir adelante”.
Rocío González Peña, actriz en Murmuración, califica de “muy reconfortante” el fruto de cuatro años de esfuerzo. De hecho, Nebrija Escena ha sido una meta y una casilla de salida “en la que exponerse ante el público”.
La todoterreno Eva Aguilera, actriz en Rosita, la nuestra y ayudante de dirección en Murmuración se siente orgullosa de haber disfrutado del camino junto a sus compañeros. Además, con su privilegiada posición, ha podido comprobar cómo cambian las cosas desde el escenario y desde el patio de butacas. Desde ambas atalayas los nervios siempre permanecen.
Las palabras de Sierra
Antonio Sierra, director de Nebrija Escena y del grado en Artes Escénicas, completa el turno de declaraciones. Ha visto crecer a los alumnos y ha participado con ellos del abismo de los estrenos y de las catarsis colectivas de felicidad. “Nebrija Escena es un espacio de encuentro entre el aprendizaje, la emoción y la reflexión de quienes crean y de los que acompañan el proceso”, subraya.
Desde “la prueba de fuego” de los estrenos, los actores “empiezan a caminar solos, y entonces los animamos a que sigan adelante, a que este proceso lo cojan con mucho cariño, con ese cariño que han sentido durante cuatro años”.
Telón.
Texto: Javier Picos / Fotos: Zaida del Río
- Alumnos
- Artes Escénicas
- Facultad de Comunicación y Artes