El canto a la libertad del `Nabucco´ del Teatro Real concede protagonismo al vestuario

El bis del coro titular del Teatro Real en el estreno de Nabucco, de Giuseppe Verdi, fue uno de los momentos más emocionantes de los últimos años en el templo musical madrileño. Más de cinco minutos de aplausos certificaron la excelencia del célebre Va pensiero, en el tercer acto de la ópera. Es el primer bis al coro desde la reapertura del Teatro Real en 1997.

El coro titular del Teatro Real, dirigido por Andrés Máspero, entonó el célebre Coro de los esclavos dando voz a los oprimidos, bajo la dirección musical de Nicola Luisotti, que está dirigiendo su séptimo título verdiano.

Escuchando estas voces comenzó la conferencia de María Redondo, profesora de Historia del Traje y Sociología de la Moda del Grado en Diseño de Moda de la Universidad Nebrija. Este “canto a la libertad” de la pieza y “esta capacidad de los textos de poder cuadrar el argumento a una época diferente, pero sin perder el sentido” se refleja a la perfección en la propuesta del director de escena Andreas Homoki, que traslada el conflicto entre judíos y babilonios del siglo VI a.C. a la Italia del siglo XIX, en pleno Risorgimento. Representa así el enfrentamiento entre el viejo orden europeo y la nueva burguesía en las luchas fratricidas en la familia de Nabucco, que ha vuelto a triunfar en el Teatro Real, 151 años después de la última función en su escenario, en 1871. Hasta el 22 de julio se podrá ver esta coproducción del Teatro Real y la Ópera de Zúrich.

Verdi compuso esta genial obra en un momento “muy difícil de su vida” por la muerte de su esposa y sus dos hijos pequeños. No obstante, gracias a la insistencia del empresario Giovanni Merelli retoma su oficio y musica el libreto del poeta Temistocle Solera. El estreno del 9 de marzo de 1842 convierte a Verdi, según María Redondo, en un héroe nacional en la lucha por la unificación de Italia y contra el dominio austrohúngaro. A partir de entonces hay muchos italianos que se convierten en grafiteros al plasmar en las paredes de Milán “Viva VERDI”, que escondía en el apellido un “¡Viva Vittorio Emmanuele Re D’Italia!».

Escenografía “minimalista y austera”

Nabucco plasma un drama familiar en el trasfondo político. María Redondo explicó que Nabucco es un tirano que enloquece y Abigail, una de las hijas, se encarga de coger la corona mientras su padre retoma la lucidez y se arrepiente acercándose al pueblo hebreo. “Abigail sufre por todos lo lados” y muere envenenada.

La producción, que se puede ver en el Teatro Real, muestra una escenografía “minimalista y austera” con un monolítico bloque de malaquita, “lo que provoca que nos centremos en el vestuario”. La figurinista Susana Mendoza y el escenógrafo Wolfgang Gussmann recrean un estilo que ya cultivó Piero Tosi en la película de El Gatopardo, donde el traje es una extensión del personaje y “que cuenta tanto como la interpretación del actor”.

La ópera comienza con la muerte de la mujer de Nabuconodosor. Es un momento caracterizado por vestidos típicos del Romanticismo con la cintura estrecha y el gran volumen de la falda, pero “el conjunto es austero” porque no hay accesorios como las joyas o el abanico. El corsé y la crinolina han de alejarse de su rango más “estricto” para que no dificulte el canto. La variedad en ellas, para Redondo, está concentrada en los peinados de las mujeres de la corte con estilos como los de jirafa o de orejas de perro.

Gabanes y sombreros de copa

Los burgueses enriquecidos, por su parte, llevan el traje típico romántico: levita, chaleco, gabán y sombrero de copa. “El hombre renuncia al color”, pero hay otro vestuario, como el del rey Nabuconodosor, que a simple vista parece un uniforme militar. No vemos sus símbolos, es un uniforme de la corte, formado por un pantalón negro con galón dorado lateral sin condecoraciones: “Parece un hombre de Estado, que al final se transforma, y un padre vulnerable”. Cuando se pone la corona refleja su poder.

El coro presenta una “uniformidad política”, el nuevo orden frente al antiguo régimen. “Si nos detenemos en cada uno de los personajes, vemos una indumentaria moderna” con una contraposición de tonalidades claras. “Estas prendas, con sus gorras, se identifican con el pueblo”, adujo la profesora de la Universidad Nebrija.

El vestuario traduce, a pesar de la uniformidad de los grupos, el carácter, la personalidad y los sentimientos de cada personaje. La figura contraria al poder político es Zacarías, “un sacerdote enérgico representado como un intelectual, con un traje amarillento, corbata, gabán, gorra y anteojos”.

Abigail y Fenena

Las hijas del rey, Abigail y Fenena, van creciendo y toman dos caminos contrapuestos. Fenena se enamora de Ismaele y abraza “esta nueva idea democrática” y toma una indumentaria de la década de los 30 del siglo XX, que caracteriza al coro. Su pelo también se suelta. Sin embargo, Abigail no cambia y lleva el vestido romántico: “Este personaje es cruel, vengativo, que trata de defender a toda costa los valores tradicionales; llega a condenar a los hebreos/italianos, pero se ve su fragilidad y es humillada por todos los lados”. Ella también ama a Ismaele pero no es correspondida. Además, descubre que no corre sangre real por sus venas. Abigail se desmorona y tiene un trágico final. Pide perdón, da su bendición y muere en paz.

Como conclusión, Redondo insistió “en los códigos del vestuario para poder leer todo lo que hay detrás de cada prenda y de cada peinado”.

Antes de la conferencia, Sonia Lazaro, coordinadora del Grado en Diseño de Moda en la Universidad Nebrija, recordó que el proyecto motivador, en colaboración con el Teatro Real, del ciclo de conferencias Hilvanes de ópera pone de relieve “la inevitable vinculación” entre el diseño de moda y el vestuario escénico.

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Fotógrafo: © Javier del Real | Teatro Real

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