Elísabet Benavent

“Estamos más solos que nunca porque vivimos hacia fuera; hacia dentro, los cimientos son más sólidos”

Con sonrisas desbocadas en risas como tarjeta de visita, con confesiones literarias varias y con una tormenta de asuntos que dan la vida y a veces te la quitan, Elísabet Benavent acude al encuentro de los lectores en la primera sesión del Nebrija Book Festival de la Facultad de Comunicación y Artes. Su novela Un cuento perfecto es la excusa para avivar  la complicidad con unos lectores fieles. Sus veinticinco títulos publicados, sus cinco millones de ejemplares vendidos y sus gatos la avalan. Sin contexto, dejamos ya el titular aquí: “Estamos más solos que nunca porque vivimos hacia fuera; hacia dentro, los cimientos son más sólidos”.

La primera, en la frente. El contexto alude a nuestra relación con las redes sociales, con plasmar nuestras vidas en el móvil para que todo el mundo lo vea. “El problema es que hacemos las cosas para colgarlas en Instagram o en TikTok, las tenemos tan integradas en nuestra vida que si no has dejado patente que has ido a un concierto o has disfrutado de unas vacaciones parece que no han existido”, completa.

Siendo consciente de “los tiempos complicados” que viven los jóvenes, Benavent escribe porque necesita “masticar la realidad” y lee porque así alimenta “el único mecanismo como motor de aprendizaje: la curiosidad”. Con un lector que decide lo que lee “como soberano de su tiempo, la lectura siempre es suficiente”.

Elísabet Benavent. Nebrija Book Festival.

Las segundas oportunidades y la tiranía de la perfección

Va dejando regueros de palabras que provoca su interlocutor, el también escritor Fernando Bonete, director del grado en Comunicación Estratégica, Protocolo y Organización de Eventos de la Universidad Nebrija, que arroja sin intención de destripar la trama –espóiler: no lo consigue- algunos de los temas presentes en Un cuento perfecto: la identidad, el amor, la libertad, las segundas oportunidades, la tiranía de la perfección, la diferencia de clases, el síndrome de la impostora, el miedo al amor cuando has sido herido, la libertad como acto de valentía, la posibilidad de reescribir la propia historia…

Todos estos satélites giran en torno a Margot, el personaje que aglutina los deseos y las acciones de un relato “sobre la presión por hacer las cosas bien a los ojos de los demás, sobre el síndrome de la niña buena, sobre esperar algo más sobre una vida construida solo con decir sí a los demás”. Y la ruptura de una vida que estalla. Margot “quiere desprenderse de todo lo que tenía porque le generaba ruido”. A Margot puede pasarle lo que la propia Elísabet Benavent sufrió en carne propia al irse de una empresa con una “asfixiante” cultura corporativa para dedicarse a la escritura a tiempo completo. “Odiaba a mis jefes con toda mi alma y se me caía el pelo, estaba en Mordor —el país de los malos de El señor de los anillos—“.

Elísabet Benavent y Fernando Bonete

“La sociedad no lo pone fácil”

Encadena dos ideas y sus argumentos. Dentro entrecomillados: “Es necesario parar un segundo e intentar desprendernos de todo lo que hacemos, de las decisiones de tu vida por los demás; la sociedad no lo pone fácil y queremos complacer. Necesitamos parar, romper con todo y no ser complacientes”.

Sigue: “Pensamos que tenemos que ser perfectos, pero tenemos que ser felices… Ser perfectos es imposible, yo dejo de seguir en redes sociales a todos los perfiles que proyectan una imagen idílica de la realidad”.

En su encuentro con la comunidad universitaria, admite que “nuestras vulnerabilidades nos hacen más fuertes”. Un ejemplo es la propia publicación de Un cuento perfecto: el 20 de febrero de 2020, cuando faltaba menos de un mes para el confinamiento por la crisis de la covid. “No pasa nada, este libro ha muerto, pero subestimamos el poder de la ficción porque los libros nos hacen libres y necesitamos escapar”, recuerda mientras se pregunta por qué la “imperfecta” Margot engancha a la gente desde los 14 hasta los 60 años.

Ojos tristes que buscan otros ojos tristes

Benavent compra por Wallapop máquinas de escribir antiguas. Esto rompe el hilo de la crónica, pero revela mucho de una autora que quiebra tiempos y lugares en una novela sobre dos personas de “ojos tristes que necesitan la compañía del otro para decirse lo que ya saben”.

Ante la insistencia de los jóvenes que antes de empezar el coloquio ya tenían la firma de la autora estampada en sus libros, la novelista valenciana deja algunas recomendaciones para escritores hechos y por hacer: ser empático, “robar muchas historias de tus amigas”, alimentarse de las propias emociones, “a veces rascarse las heridas”, “estar un poco mal de la cabeza” (en sentido literario, no literal) y convivir con los personajes —“siempre tienen la razón”— cuando sean verosímiles.

¿Benavent es de brújula o de mapa cuando empieza una historia? “Yo voy donde me lleva el viento, el mapa no sé leerlo y la brújula la perdí por el camino”, responde con su risa de serie. No obstante, “en la ficción puedes dar un sentido a todo, no como en la vida, donde existe el azar”.

La soledad frente al ordenador

Con las adaptaciones audiovisuales —esta palabra está obsoleta— ha tenido una relación de amor-odio, pero ha terminado aceptando que tienen vida propia a medida que ha asumido más responsabilidad en ellas. En ese momento del encuentro baja al paisaje de la soledad frente al ordenador donde reescribe contantemente y donde supera los principios de las novelas, lo que “más me cuesta”. Y ante el bloqueo, escribir, aunque solo sea la fecha, porque eso también ejercita los músculos y deriva en un torrente creativo. También parar y, como le aconseja su editora, “salir a la calle y vivir, porque si no vives, no puedes escribir”.

La escritora de comedias románticas, que abraza el humor por donde pasa y que se ha hecho inseparable de una pizarra que emborrona cuando se enfrasca en una nueva novela, sigue dando a diestro y siniestro: “La única manera de escribir es romperte la mano, leer y soñar”.

Elísabet Benavent y Fernando Bonete.

Más de un final

Como en Un cuento perfecto —el destripe no tiene fin—, la charla guarda varios finales, unos públicos y otros privados. Entre los primeros, extraemos esta reflexión en voz alta por la cuenta que nos trae: “Los años universitarios no se pueden sustituir por nada, yo no hubiera sido la misma sin mis cinco años de universidad”. De los últimos daremos fe de la experiencia de dos lectoras. La primera leería de Benavent “hasta la lista de su compra”; la segunda le agradece sus libros porque gracias a ellos pudo hacer frente a los dolores de espalda y a una operación peliaguda.

Casi que la crónica podría terminar aquí, con estos dos testimonios, pero sería injusto no explicar un poco más el Nebrija Book Festival, un encuentro, según las palabras de Fernando Bonete, “con la literatura viva que conecta los temas con las personas, como decía Rosa Chace, una comunicad intelectual unida para dialogar y debatir”. Por delante, cinco citas más ya para el año que viene. Bonete elogia la iniciativa liderada por Myriam Borrachero y Marta Saavedra, coordinadora de Actividades de Extensión Universitaria y vicedecana de la Facultad de Comunicación y Artes, respectivamente.

Por cierto, Elísabet Benavent se ha estrenado este curso como profesora universitaria en el grado en Comunicación Estratégica, Protocolo y Organización de Eventos de la Universidad Nebrija con la asignatura Escritura y Argumentación. Que lo cortés no quite lo docente.

E. Benavent. Portada

Extracto del primer capítulo de Un cuento perfecto que leyó Benavent en el Nebrija Book Festival

Érase una vez…

Has roto con tu pareja. Quizá incluso odias tu trabajo. Es posible que te pases los días suspirando por cosas que jamás podrás pagar. ¿Los kilos de más del verano se han juntado con los de Navidad? No te preocupes. Y tampoco si no llenas el sujetador. Si las sillas de las terrazas te aprietan las caderas. Si tu madre nunca aprueba lo que haces… y lo que no haces, por supuesto. Si le diste tu corazón a ese idiota. Si sientes que te has casado de por vida con la hipoteca. Si tu jefe es un maldito psicópata. Si sospechas que te engañan, que te van a despedir, que has metido la pata.

¡¡No pasa nada!! De verdad. Te lo prometo, no pasa nada. Y aún te diré más: si te frustras y hasta te amargas viendo en la televisión, las revistas y las redes sociales lo maravillosa y fácil que es la vida de algunos, te diré un secreto: no lo es. Lo que pasa es que las cosas resultan siempre más complejas cuanto más de cerca las miras. Yo, por ejemplo, que lo tenía todo y lo eché a perder por lo que puede parecer el sencillo hecho de calzarme unas zapatillas de deporte y salir por patas… ni lo tenía todo ni lo eché a perder. Hazme caso. Te lo digo desde el corazón. Ni nada es tan grave ni la vida se acaba. Solo… se abren nuevas posibilidades.

Elísabet Benavent. Un cuento perfecto

Algunos fragmentos selectos de Un cuento perfecto para abrir boca

“No hay destinos, hay momentos”.

“La gente que está triste necesita gente que aún lo esté más para entenderse”.

Candela a Margot: “Los que te hacen reír son los que no se olvidan nunca”.

Margot a David: “El amor no va de crear dependencias, sino de hacer crecer las alas. Y a ti aún te están saliendo las plumitas, pollito”.

David a Margot: “No te acabes nunca”

“A veces, en el mismo instante en el que vives algo sabes que pasarás años deseando vivir perdida en ese recuerdo”.

“No sé por qué alguien nos hizo creer que el amor lo arregla todo. No es así. Somos mucho más que pulpa de dos medias naranjas… El amor es sencillo, es fácil, es divertido, pero la vida no siempre lo es”.

“Supongo que no hay nada que le guste más al amor que las historias imposibles”.

“Entender que nuestro peor enemigo somos nosotros a veces nos lleva una vida entera”.

Texto: Javier Picos / Fotos: Zaida del Río y Pablo Martínez Dorado

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