Art Madrid Nebrija

Espacio Nebrija alza la bandera de la inteligencia estética en la 21ª edición de la feria Art Madrid

Art Madrid, la feria de arte contemporáneo que acoge la Galería de Cristales del Palacio de Cibeles hasta el 8 de marzo, vuelve a apostar por el talento joven con Espacio Nebrija, donde siete estudiantes del grado en Bellas Artes de la Universidad Nebrija exponen sus propuestas sobre las nuevas relaciones entre arte, tecnología, pedagogía y mercado.

El proyecto Estancias transitorias (NotanIA SipedagogIE) reivindica la inteligencia estética (IE) como alternativa crítica a la automatización creativa y en un momento en el que la inteligencia artificial (IA) irrumpe con fuerza en la producción cultural. En su primera incursión en el circuito del arte contemporáneo madrileño, los artistas noveles cultivan, a través de diferentes materiales y técnicas, una mirada a la inteligencia estética, entendida como una forma de conocimiento que integra lo sensorial, lo afectivo, lo intuitivo y lo cultural.

El profesor Luis Gárciga, comisario de esta iniciativa, que cuenta con la colaboración de Liquitex, marca pionera en acrílico profesional y referente en innovación técnica, explica que Espacio Nebrija “tiene que ver con un saber vivido de primera mano con el tiempo”. En la inauguración, argumenta que no se dieron instrucciones ni normas a los artistas, aunque hubo una supervisión en todo el proceso. Cada obra, inspirada en un verso de un poema creado ad hoc por Gárciga, “conversa” con los espectadores “en un ejercicio coreográfico” al que se llega después de trabajar “en paralelo” con la parte conceptual y formal.

Apelar a la clave emocional

En la apuesta por estas “estancias transitorias” que apelan a lo emocional, Espacio Nebrija funciona como una obra coral y transitoria, inspirada en las Zonas SER de Madrid: “territorios de ocupación temporal que remiten a la presencia efímera y al tránsito”.

Lorena Palomino, comisaria de este lugar de encuentro y reivindicación en la 21ª edición de Art Madrid, destaca la culminación, por parte de los estudiantes, de un trabajo “intenso, exigente y enriquecedor” que convive con unos días de “encuentros, conversaciones y descubrimientos”. Esta filosofía de “aprender haciendo”, que lleva al extremo la Facultad de Comunicación y Artes de la Universidad Nebrija, tiene una de sus cimas en esta feria madrileña. Su decana, Marta Perlado, apuesta por conectar con la industria artística para que los estudiantes “tengan la oportunidad de trabajar en un ecosistema real en el que pueden hablar con los galeristas y otros artistas”.

En esta formación con mimbres de experiencia profesional, Pablo Álvarez de Toledo, director del Departamento de Artes de la Universidad Nebrija, añade el taller que los artistas han recibido sobre cómo abordar la propia venta se su obra, que, de hecho, se puede adquirir en Art Madrid. “Lo más difícil es atraer la atención del público y cuando se da la obra ya no es vuestra, sino de otros ojos”, comenta en el corte de cinta de Espacio Nebrija.

Protagonistas con voz propia

Laura Nogales, en representación del colectivo de estudiantes de la Universidad Nebrija que expone en Art Madrid, agradece la labor de los profesores que han impulsado su aprendizaje no solo en las clases sino en las conversaciones sobre cómo gestionar la confianza en sus propias obras. Junto a Nogales, Espacio Nebrija cuenta con el saber hacer de Álvaro Fernández, Blanca Lanaspa, Inés Sánchez, Marialex Arcaya, Pablo Padilla Sadurni y Verónica Bergua, con propuestas sobre cuestiones vinculadas a la memoria, la identidad, el territorio emocional, la feminidad, la ausencia y la arquitectura imposible.

Marialex Arcaya desarrolla La bodega, una reflexión sobre el objeto cotidiano como contenedor de memoria e identidad. Partiendo del verso “Y en el fondo del bolso de playa más querido hay arena, monedas oxidadas, y un recibo de helado que ya no existe. El verano puede conservarse en capas”, la artista explora las bodegas venezolanas como espacios de nostalgia y pertenencia. A través de una serie de pinturas acrílicas sobre lienzo que representan productos y envases, investiga cómo los objetos más mundanos pueden funcionar como repositorios de recuerdos y marcadores de identidad cultural. Su obra plantea preguntas sobre qué borramos y qué conservamos, sobre cómo el paso del tiempo transforma tanto a los objetos como a nosotros mismos, celebrando la capacidad de renacer y transformarse que caracteriza la experiencia humana.

Laura Nogales participa con Otra primavera, una instalación textil que explora la descomposición y deconstrucción del concepto de feminidad en un entorno transitorio: la ducha. Su obra, construida con retales, restos de ropa reciclados, medias y diversos tipos de rellenos, forma una masa abstracta que representa la feminidad descompuesta, en constante mutación. El desagüe funciona como elemento simbólico que todo lo traga, testigo de transformaciones íntimas. Nogales aborda cómo la feminidad como experiencia compartida sufre grandes altibajos en el contexto actual, donde el machismo retorna con fuerza en medios y redes sociales. Su propuesta textil genera ambigüedad emocional en el espectador, que puede sentirse atraído o repelido por la figura, reflejando las contradicciones inherentes a la experiencia de construir y defender la identidad femenina en un contexto adverso. Su trabajo ha tomado como referencia el fragmento del poema: “Por encima de la ducha, el vapor dibuja mapas que se desvanecen”.

Inés López presenta Sedentario, una obra inspirada en el verso “Allí las partículas de polvo son un archivo en suspensión”. El proyecto reflexiona sobre la capacidad de los espacios domésticos para conservar aquello que el cuerpo olvida cuando dejan de ser habitados. La serie fotográfica se sitúa en el interior de una vivienda en construcción, en estancias suspendidas entre el uso y el abandono, donde la ausencia se manifiesta como acumulación silenciosa de materia, huellas y tiempo. Planos arquitectónicos y proyecciones en un edificio inacabado amplían la propuesta, estableciendo un diálogo entre el espacio proyectado y el espacio vivido, entre lo que ya fue habitado y lo que aún no ha comenzado a serlo. La obra plantea así una meditación sobre la transitoriedad del cuerpo frente a la persistencia silenciosa de la arquitectura.

Verónica Bergua presenta Cartografía del tío Pablo, un proyecto profundamente personal que explora la relación entre acumulación compulsiva, salud mental y territorio emocional. A través de una instalación videográfica que combina la fotografía minimalista de objetos extraídos de la habitación de su tío, diagnosticado con esquizofrenia, síndrome de Diógenes y cleptomanía, Bergua construye un mapa visual del caos mental materializado en el espacio físico. La secuencia de imágenes, presentada a velocidades variables, genera en el espectador una experiencia de ansiedad que refleja la naturaleza de la acumulación compulsiva. Su obra invita a reflexionar sobre nuestra propia relación con los objetos, sobre los límites entre necesidad y apego, y sobre cómo el territorio que habitamos puede convertirse en espejo de nuestro territorio mental. Su propuesta está inspirada en los versos “Debajo de la cama… se acumulan objetos que no recordamos haber perdido”. “Un museo sin textos ni etiquetas: el cajón de cables de los dispositivos rotos”. “La caja de medicamentos caducados guarda la historia de dolencias que ya no duelen”.

Blanca Lanaspa presenta Testigo 176,8, una obra que parte del verso “El perchero de la entrada sostiene lo que somos antes de entrar y después de salir. Un umbral vertical donde las transiciones cuelgan”. Su propuesta adopta la forma de un pegboard cerámico, un tablero de combinatoria con piezas extraíbles de diferentes superficies, esmaltes y texturas. Cada elemento funciona como un “accidente sensible”, resultado de procesos donde intervienen tanto la planificación estética como el azar material. Las piezas exploran estados de la materia: brotes, fugas, desbordamientos, erosiones, superficies craqueladas, contracciones y expansiones. El carácter táctil e interactivo de la obra invita al espectador a una relación corporal directa con ella. Acompañada de un tablero de inspiración que documenta el proceso de investigación cerámica, la pieza celebra la imprevisibilidad de los materiales y la belleza de lo no sistematizado.

Pablo Padilla participa con Sin título, una escultura arquitectónica inspirada en el verso “El calcetín desparejado no está perdido: habita un lugar que no existe”. Concebida como una analogía espacial de la búsqueda de plenitud, la pieza propone un arquetipo arquitectónico que remite al mundo de las ideas; un lugar imaginado, necesario y, sin embargo, inalcanzable. Construida en cartón fino, la obra adopta la forma de estructuras imposibles y laberínticas, habitadas por figuras a escala que recorren pasillos, escaleras y estancias sin salida. Estos espacios, simultáneamente tensos y contemplativos, combinan el romanticismo de la introspección con la frialdad inhóspita de lo brutalista. La obra crea un ambiente surrealista que oscila entre lo pacífico y lo tenso, invitando a una experiencia sensorial y emocional sobre la soledad compartida, el aislamiento y la búsqueda de refugios mentales que no existen en el mundo físico.

Álvaro Fernández presenta Recordar/Olvidar, una obra inspirada en el verso “En el espejo del ascensor, dos personas se reflejan sin tocarse. Lo que media entre ellas no es aire: es la posibilidad de no decir nada”. A través de obras híbridas que combinan transferencias manuales sobre tela con fotografías digitalmente intervenidas, Fernández explora el silencio, la presencia compartida y la coexistencia de mundos íntimos que no se tocan. Sus transferencias, realizadas mediante plancha de gel o aceite de lavanda, generan imágenes inestables y deterioradas, como memorias en proceso de desvanecimiento. La fragmentación y el desplazamiento de elementos fotográficos multiplican las escenas, creando capas de temporalidad superpuestas. Su trabajo materializa la fragilidad de los recuerdos y la potencia del silencio como espacio de intimidad no verbal.

Poema de Luis Gárciga:

Debajo de la cama, en el hueco entre el colchón y la pared

se acumulan objetos que no recordamos haber perdido.

Allí las partículas de polvo son un archivo en suspensión.

Pero en el congelador…

la escarcha avanza como una frontera silenciosa.

No hay belicosidad sino conquista.

El perchero de la entrada sostiene

lo que somos antes de entrar y después de salir.

Un umbral vertical donde las transiciones cuelgan.

Entre el fregadero y el suelo

hay un goteo que no cesa.

No es fuga: es insistencia.

El agua encuentra siempre su camino.

La caja de medicamentos caducados guarda

la historia de dolencias que ya no duelen.

El tiempo también vence a los remedios.

Por encima de la ducha,

el vapor dibuja mapas que se desvanecen.

El calcetín desparejado no está perdido:

habita un lugar que no existe.

Una dimensión sin simetría,

donde lo incompleto es norma.

El tendedero del edificio vecino flota.

No cuelga: levita.

La ropa mojada es una bandera seca sin nación.

En el espejo del ascensor,

dos personas se reflejan sin tocarse.

Lo que media entre ellas no es aire:

es la posibilidad de no decir nada.

El compost de mi enemigo

alimenta la tierra que compartimos.

Lo que prematuramente desprecio, florece.

Y en la carie del modelo que posa en mis clases de dibujo

hay una verdad anatómica del paisaje:

la belleza también es cueva donde el amanecer no cesa.

Y en el fondo del bolso de playa más querido

hay arena, monedas oxidadas,

y un recibo de helado que ya no existe.

El verano puede conservarse en capas.

Texto: Javier Picos y A.M. / Fotos: Zaida del Río

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