Estamos ante un diario con aspiraciones a novela que refleja la ficción de Telmo, un joven canario residente en Madrid. En sus notas, de mayo a julio, aparecen su pareja Carlota, su gata Frida, su cachorro Sambra, sus imperfecciones, su empatía, sus dudas y su intención de ir a yoga y al taller literario. En Algunos días (Plasson e Bartleboom), Acoidán Méndez le quita hierro a la vida para dar importancia al presente.
“Escribir un diario te desactiva la solemnidad, es difícil colar al lector una subordinada grandilocuente. El formato te da mucho juego, incluso puedes meter tachaduras y un poema”, cuenta el investigador y profesor en la tercera sesión del Nebrija Book Festival, el ciclo literario que organiza la Facultad de Comunicación y Artes.

Sin embargo, el componente metaliterario está presente porque Telmo “como personaje no es consciente de escribir esta novela”. La pregunta está en el aire cuando el lector bucea por las páginas: ¿qué es lo literario?, ¿se puede dar por válida una novela que es un diario? Nos encontramos con un engranaje sencillo, pero la complejidad de los asuntos que rodean las razones y las emociones de los seres humanos están ahí latiendo. Lorena Palomino, directora del grado en Bellas Artes de la Universidad Nebrija, que desata las preguntas, da con la clave: “El libro es una colección de retales donde se muestran sus costuras. Tal vez Algunos días nos recuerda que la vida no es un gran acontecimiento, sino una acumulación de pequeñas decisiones”.

De paseos y escritura en horas de siesta
“Una novela no tiene que ver con tenerlo claro, sino que hay que bancarte, lo difícil es ponerte y ponerte”, añade Acoidán Méndez, guionista, cinéfilo, escritor, lector empedernido y director del Máster en Dirección y Realización de Series de Ficción – Pokeepsie Films. De hecho, muchas de sus entrañas salieron de paseos por el parque y de escribir a la hora de la siesta de los fines de semana en su buhardilla de Legazpi, debajo de una ventana velux. En esos momentos campa a sus anchas el compromiso, “que te quita las excusas para dedicar tiempo y sentarte y navegar en el miedo que da estar escribiendo algo y saber que puede ir a ninguna parte”.
Ese ejercicio de compromiso aparece en Telmo, un ser trenzado de dudas, pero que al final asume que tiene que ir al taller literario si quiere crecer. El propio Acoidán es un gran defensor de estos encuentros donde “pruebas tu material y empiezas a entender las miradas de los otros y a ubicarte”. Los talleres literarios, para él, son “espacios muy claros de comunidad, de vulnerabilidad compartida, aunque pasas mucha vergüenza”. Precisamente, Algunos días nace de un deseo de escribir y de mantener las sinapsis creativas en forma asistiendo a “estos gimnasios literarios”.
Entre personaje y autor
En la obra se intuye un juego de espejos deformantes entre Telmo y su creador, Acoidán Méndez: los dos canarios, los dos vienen jóvenes a Madrid, alimentan las mismas obsesiones… “Ese personaje tiene que ver conmigo, pero no tengo la sensación de estar exponiéndome, no hay una sensación del yo, sino que me he sentido libre en todo momento. Soy un neurótico increíble y que aparezca el humor es reconfortante, que no sea esa persona oscura que estoy pensando que soy… Hay una línea difusa, no me reconozco en el personaje, pero he experimentado muchas de sus vivencias. El humor me da un trecho entre la realidad y el papel”, aclara.

Su abuela respira por Algunos días. Acoidán Méndez (Las Palmas de Gran Canaria, 1989) reconoce emocionado cómo ella hizo multiplicar la sensibilidad de un escritor en ciernes al que no le gustaba el fútbol sino leer en un “pueblo chico” que a veces se convertía en un “infierno grande”. “Estamos bastante solos y en las ciudades aún más —opina—, en el fondo hay una herida que tiene que ver con el afecto; uno quiere que lo quieran como cuando haces un dibujo a tu madre para que lo mire y te quiera”.
La realidad y la ficción
Con ecos de Jonás Trueba, Federico Falco, Alejandro Zambra, Mercedes Halfon o Pedro Mairal y con un acento y una mirada puesta en Latinoamérica, Acoidán Méndez reconoce la complejidad de separar realidad y ficción: “No lo entiendo ni yo. Defiendo Algunos días como una novela, no es un diario porque no atiende a un registro real. Todo lo que aparece en el libro está ahí porque me conmueve y me genera algo, pero no hay que tomarlo al pie de la letra. Cuando tenga sesenta o setenta años pasará a la posteridad como cosas reales que me pasaron a mí”, señala con temor contenido.

Los bares, las parroquias de los bares, Madrid y los personajes secundarios “que ponen de manifiesto la soledad de Telmo y dan una nota de color” también se asoman por el libro y son objeto de un debate en el que no falta el vacío de la página en blanco. Concretamente en el domingo 5 de junio de Algunos días se muestra impoluta, vacía de palabras. El lunes 6 Telmo resuelve (o no) la incógnita: “Cuando una página quedó en blanco, ¿pasó algo? […] Y en ese caso, ¿vivimos para descifrar la experiencia o la escribimos para después encarnarla?”.
Texto: Javier Picos / Fotos: Zaida del Río
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Muy recomendable la entrevista de María Gil a Acoidán Méndez en la revista Nuestra de marzo de 2025. Enlace.
