Inquietud, reto, satisfacción

08:55h. La clase está a punto de comenzar. Te diriges hacia el aula con paso firme, respiras profundamente, entras y das los buenos días. Por las horas que son los alumnos no están muy activos. Dos cuchichean, otro mira el móvil, la otra bosteza… y pasados 10 minutos del comienzo de la clase llega el rezagado, el que siempre llegar tarde y te interrumpe en el momento en el que intentas captar la atención del resto.

Esto es lo que sucede en una jornada habitual de un profesor. Aunque mi experiencia es completamente distinta.

18:45h. La clase está a punto de comenzar. Te acomodas en tu despacho, enciendes el ordenador, accedes a una web a la que llaman Campus Virtual, introduces tus claves de acceso, preparas cámara, auriculares y micrófono, respiras profundamente y… esperas a que en la pantalla aparezcan mensajes emergentes avisándote de que el alumno ha accedido a la sesión.

Así es el día a día de un profesor en modalidad online, como es mi caso. ¿Extraño? ¿Inquietante? Sí, sin duda. Después de tanto tiempo como estudiante en aulas, el hecho de impartir una clase por videoconferencia resulta incierto. Y para salir airoso te tienes que renovar e innovar en la docencia, porque nunca sabes si realmente los asistentes siguen atentos a la pantalla del ordenador pasados los 10 minutos de clase. Es costoso, requiere mucho tiempo, dedicación y esfuerzo. Y la clase por videoconferencia no lo es todo. La dinamización de la asignatura a través del Campus Virtual te hace completamente dependiente del ordenador, móvil o tablet. Recibes notificaciones de prácticas, mensajes en foros, dudas y correos electrónicos a horas intempestivas. ¡Resulta agotador! Las clases salen del aula y se cuelan hasta en tu vida personal. La clave para llevarlo bien está en reenfocar tu rol como docente y quizá eso no tenga precio, pero sí tiene un valor. El agradecimiento de los alumnos el día que los desvirtualizas, mantener su contacto personal y en redes sociales, saber que crecen por ellos mismos, que consiguen trabajo, que ascienden a puestos a los que ni tú misma te hubieses imaginado llegar… es una grata recompensa. Y sí, por supuesto que todo el tiempo y esfuerzo invertido en darles un poquito de ti, merece la pena. Después de todo, solo puedo estar agradecida.

Marta de Miguel

Marta de Miguel Zamora
Profesora de Diseño y Creatividad Digital
Máster de Marketing y Publicidad Digital

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