Renovarse o morir: la enseñanza universitaria en modalidades no presenciales en España

Autor: Juan Cayón

 

Estas breves reflexiones no aspiran a ser técnicas y, por tanto, obviaré el respaldo bibliográfico, legislativo o jurisprudencial para apoyar o ilustrar mi aportación. Por tanto, debe ésta enmarcarse más bien en la pura opinión sobre política universitaria que, si tiene algún valor para el lector, éste deriva del medio en el que se publican (el blog de Global Campus Nebrija) o de la ya dilatada experiencia de quien las escribe, presente y activo en puestos relevantes de distintas Universidades en los últimos treinta años de evolución de nuestras Universidades. Y como mera opinión bien puede rebatirse o disentir, como puede aceptarse y hacerse propia, total o parcialmente, siendo ese precisamente su objetivo principal, el de provocar en el lector un posicionamiento y, con suerte, una intervención en el blog que nos acoge.

 

La Universidad española no se ha caracterizado en los últimos años por una relevante capacidad de adaptación al cambio. Y es lógico, pues la Universidad, como categoría intelectual, tiene siempre puesta la mira en el largo plazo por lo que desconfía inicialmente de cualquier cambio que pueda entenderse como moda. Por ello, y por el eterno deseo de mantener un status quo inalterable que suele caracterizar a los universitarios de carrera, todo cambio (y ha habido muchos y muy profundos en los últimos decenios) es asumido a regañadientes, lentamente y casi siempre con polémica y crítica feroz, la misma crítica que permite a las Universidades cumplir con su misión institucional. En lo que toca a nuestro objeto de reflexión, la Universidad española ha visto multiplicarse el número de estudiantes y programas ofertados en fórmulas no presenciales o al menos no enteramente presenciales, incluso ha asumido la aparición de Universidades privadas enteramente orientadas a la enseñanza en estas modalidades. Pero todo ello lo ha hecho con prevención, con mucha prevención y en el fondo, aunque no se verbalice expresamente, con una actitud reacia hacia la enseñanza a distancia que siempre se prejuzga, quizás interesadamente, como de menor calidad o de alto riesgo de irregularidades. No se ve afectada por esta imagen degradada la ya clásica Universidad Nacional de Educación a Distancia, quizás por su asunción en el tiempo, quizás por su buen hacer, quizás por la tutela estatal que la ampara y que como toda Universidad pública la hace gozar de un salvoconducto hacia la ansiada calidad, por más que todos conocemos que las Universidades públicas, como las privadas, son buenas, malas y regulares, dependiendo de los programas, de los profesores que en ellas enseñan y de los gestores que las gobiernan. En realidad pienso que nuestro sector tiene miedo a lo desconocido y una inexplicable aversión a la innovación pedagógica que lleva a rechazar de entrada lo nuevo, para luego acabar aceptando aquello que realmente merece la pena. Ese retardo general, sin embargo, es, precisamente, la oportunidad que tenemos aquellas Universidades más innovadoras, con más capacidad de adaptación y sin las paralizantes ataduras que a veces acartonan la gobernanza universitaria.

 

Pero muy al contrario, la enseñanza a distancia, en mi humilde opinión, puede ser de excelente calidad y el único inconveniente que presenta, la ausencia de su inserción en una vida universitaria plena y por tanto integrada de amoríos, diversiones, experiencias en definitiva que sólo un campus universitario presencial puede proporcionar, es suplido con creces por las ventajas que aporta como una disponibilidad hoy ya universal, una necesidad de mayor disciplina y capacidad de autoaprendizaje y unas metodologías más adaptadas a la postmodernidad en la que vivimos y por tanto, más trabajadas y actuales. Por edad soy de una generación que ha visto la irrupción en la vida cotidiana de ordenadores personales, de software intuitivo, de aplicaciones y bases de datos electrónicas, de redes de comunicación rápidas y de instrumentos portables que permiten el acceso a todo ello desde prácticamente cualquier lugar y ocasión. En definitiva, he presenciado (y he intentado adaptarme) a esta sociedad donde el conocimiento es mucho más accesible para todos, por más que la sobreabundante información obliga más que nunca a permanecer atento a las fuentes y su fiabilidad. Sin embargo, una vez más, pareciera que el derecho y lo que es más grave, la política, evoluciona con retardo respecto de la sociedad, por lo que aún siguen campando a sus anchas en el ámbito universitario prácticas y normas incongruentes, como por ejemplo en el caso de España, las dificultades objetivas para establecer centros de tutorías para enseñanzas mixtas presencial/distancia en comunidades autónomas diferentes a la de establecimiento de la Universidad, la exigencia de que los exámenes sean siempre presenciales, cuando existen medios técnicos de sobra para garantizar la seriedad de los mismos a distancia, o la complejidad para la gestión de la atracción de estudiantes internacionales en nichos formativos concretos o provenientes de países con sistemas educativos esencialmente distintos al propio, máxime si optan por la modalidad a distancia, como sabemos por experiencia diaria en el trato con las agencias de calidad y los reguladores.

 

Y es que subyace sobre todo ello en el sistema español un prejuicio ideológico que lleva a mirar mal la actividad empresarial vinculada a la educación, como dicen, a ganar dinero en la educación. La cortedad de miras es tan asombrosa que, pasando por encima de la Constitución y las leyes, ese inane prejuicio sólidamente instalado, percibe que la enseñanza a distancia es un coladero plagado de irregularidades, de “pelotazos” académicos, sin caer en la cuenta de que muchas de las mejores Universidades del mundo son privadas o de iniciativa social y no estatal. Que el sector educativo es un sector más de la economía, que nuestras Universidades contribuyen de manera notoria al tejido social al que sirven y que la sociedad de hoy y previsiblemente del mañana, ha llegado a las tecnologías de la información con vocación de permanencia porque hacen nuestra vida más cómoda y productiva. La irreversible globalización y el sentido común acabarán imponiéndose sin duda, pero hasta entonces, el camino será arduo como bien sabemos quienes trabajamos en Universidades privadas.

 

Por ello, la importancia de rebatir la ideología con los hechos, la necesidad de que la enseñanza a distancia sea realmente abierta y de calidad equiparable si no superior a la presencial. Y con mucho orgullo puedo afirmar para terminar que Nebrija ha sido ejemplar, también, en la inclusión en su oferta académica de programas a distancia, en el desarrollo de una metodología a distancia propia y en el cumplimiento de los mayores y más exigentes estándares de calidad en su enseñanza a distancia o mixta. No solo al optar por alta tecnología y plataformas sólidas, sino especialmente, por haber creado una unidad específica, equiparable a una Facultad, dotada de excelentes profesionales, cuya motivación y trabajo en equipo solventa cualquier reto, tal y  como acreditan los numerosos premios recibidos y el reconocimiento de la comunidad educativa dentro y fuera de Nebrija. Nuestra Universidad llegó a la enseñanza a distancia para quedarse porque somos una Universidad en contacto directo con la sociedad, y ello solo era posible si nuestra manera de entender la Universidad se trasladaba también a esta novedosa metodología. Estamos convencidos de que el crecimiento de nuestra Universidad en los próximos años hasta alcanzar las cifras de estudiantes e ingresos previstos en nuestro plan estratégico, en buena medida, vendrá de la mano de Global Campus Nebrija. Hemos decidido y es un acierto, que nuestra enseñanza a distancia sea reconocible y diferencial para los estudiantes y sus empleadores, como reconocible y diferencial es la experiencia académica en nuestros campus presenciales. Y con ello, estamos logrando posicionarnos respecto de otras instituciones con las que competimos en un entorno tan exigente como el actual, pues son pocas las Universidades que comparten ambos ámbitos de manera tan natural y complementaria. De hecho, son ya varias las que nos piden exponer nuestras buenas prácticas para aprender de Nebrija, lo que como imaginarán es un auténtico placer pues como institución universitaria, creemos firmemente en la cooperación entre pares para lograr un sistema mejor.

 

Juan Cayón Peña

Rector de la Universidad Nebrija

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